octubre 15, 2021

Costas, el catalán

Gabriela Montaño, senadora que fungió como presidenta interina del Estado en los últimos festejos cruceños, no tiene un pelo de tonta. Pero no hay que serlo para actuar ingenuamente. Montaño expresó, en tal oportunidad, que “el momento de tensión ya pasó”, haciendo votos por construir una buena relación con los políticos que gobiernan Santa Cruz. Pero Montaño se equivocó.

Dos días antes de coincidir Montaño y Rubén Costas en el acto protocolario del 24 de septiembre, el gobernador cruceño decía ante su asamblea legislativa, que “será muy valioso que en esta próxima gestión se pueda iniciar el proceso de adecuación” del estatuto regional a la Constitución vigente. Argumentaba que ello les permitirá “establecer la autonomía plena y legal en la región”. En lo dicho por Costas, se presienten más sus verdaderas intenciones que lo efectivamente señalado. Para empezar, Costas, por lo general tan rotundo en sus declaraciones (especialmente cuando imposta la voz para emitir un bronco vozarrón), dice ahora, como quien no quiere la cosa, que “será muy valioso” adecuar dichas normas, como si ello no fuera un imperativo legal, sino una buena idea que le nació mientras se rasuraba frente al espejo. Luego, al argumentar que ello permitirá “establecer la autonomía plena y legal en la región”, Costas comete, a pesar suyo, una confesión de parte: que “su” estatuto autonómico no es legal, que engaña a sus seguidores puesto que establece una autonomía que no es plena y demuestra, sin ayuda de nadie, que efectivamente él es culpable de haber malversado 10 millones de bolivianos en el referendo ilegal de 2008. Es, como se ve, una confesión de parte ante la cual, como señala el axioma jurídico, sólo resta el relevo de pruebas. De ello se desprende algo mucho más grave: que todas las acciones de la gobernación cruceña, efectuadas mediante ese estatuto apócrifo, son nulas de pleno derecho. Sería deseable, por otra parte, saber qué dice Juan del Granado al respecto, puesto que levantó similar imputación contra el presidente y el vicepresidente, a raíz de los viajes de estos últimos.

Entre los miembros del gobierno, sólo la ingenuidad de un entusiasmo desbordado, podría hacer suponer que Costas busca una tregua que evite su destitución por la falta señalada. Y así lo creeríamos todos, si Costas no hubiera demandado la urgencia de un “pacto fiscal” que incremente los recursos económicos para su departamento. Lo de Costas y su gente, parece más un modus operandi que un estilo. Me explico. En 2007, cuando los cínicos…, perdón, cuando los “cívicos” cruceños impulsaban la aprobación de ese estatuto chuto, se supo que no era sino un plagio del Estatuto de la Generalitat de Catalunya, en España. Y ahora mismo, en aquella región pirenaica, se está produciendo un acalorado debate entre los gobernantes catalanes y el gobierno central del Reino ¿en torno a qué? Precisamente, por un “pacto fiscal” que destine más recursos a esa región. Debate en el que, desde el primer momento, emergen los conceptos de autodeterminación e independencia. Al parecer, Costas se siente tan identificado con Catalunya, que copia sistemáticamente lo que allá sucede.

La oligarquía oriental se está preparando nuevamente para zarandear al país entero. Y con los mismos argumentos de ayer: sentirse robados y frenados por el “país arruinado que -según Costas- ha ahogado a los sectores productivos y es incapaz de generar competitividad y producir nuevos recursos” (ANF dixit).

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