octubre 15, 2021

Cuba, las secuelas de un bloqueo que perdura en el tiempo

por: José M. Rodríguez

Durante más de cinco décadas las diferentes administraciones estadounidenses pretendieron ahogar a la Revolución cubana. No les bastó la invasión mercenaria de Bahía de Cochinos, el intento de acabar con la vida de sus líderes, o los sabotajes a la economía. Quisieron someter a los cubanos por medio de la escasez, las necesidades y el hambre y para eso se inventaron un bloqueo al cual cada uno de los inquilinos de la Casa Blanca intentó agregar algo más, con la intención de conseguir la asfixia total.

Hasta diciembre del año anterior, según cálculos rigurosos y conservadores, el daño económico causado por el bloqueo ascendió a un billón 66 mil millones de dólares, tomando en consideración la depreciación del dólar frente al oro en el mercado internacional.

Esa cifra representa el sacrificio al que se ha visto sometido el pueblo cubano para sacar adelante su proyecto social, sin concesiones de principio, y con la necesidad de acudir a mercados muy distantes para satisfacer las más elementales necesidades.

Y aunque Cuba no ha estado sola en la cruzada por el levantamiento definitivo del bloqueo, Estados Unidos ha hecho caso omiso a los llamados de organizaciones internacionales, de destacadas personalidades de la política y el arte, incluso a resoluciones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.

Reiteradamente, el Movimiento de Países no Alineados, la Unión Africana, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, pidieron el fin del bloqueo, sin que encontraran eco en Washington.

Incluso, las administraciones estadounidenses pasaron por encima de sucesivas resoluciones de la Asamblea General de la ONU, la cual emitió su rechazo al bloqueo desde 1992, cada año con mayor cantidad de países opuestos al mismo, al extremo de que, en 2011, 186 naciones apoyaron el fin del bloqueo y solo Estados Unidos e Israel votaron en contra.

Y aunque Estados Unidos no ha conseguido su propósito de acabar con el proyecto revolucionario, en contra de las normas del derecho internacional y de la voluntad del pueblo cubano, el bloqueo ha dejado cuantiosos daños, algunos de ellos difíciles de recuperar, a la economía cubana.

Vale recordar, incluso, que el sueño estadounidense de apoderarse de Cuba no se remonta al triunfo de la Revolución, en 1959, cuando la gesta liderada por Fidel Castro expulsó del poder a Fulgencio Batista, satélite del gobierno yanqui.

Desde antes, desde muchos antes, Estados Unidos quiso anexarse a Cuba y Thomas Jefferson, James Madison y John Quincy Adams, entre muchos otros, consideraron que la vecina isla debería ser parte de la potencia emergente.

Con los años, Estados Unidos controló los principales renglones de la economía cubana, incluso se tomó la atribución de intervenir militarmente y de decidir sobre su gobierno. Todo eso hasta el triunfo revolucionario de 1959, cuando los ganadores de la contienda deciden la aplicación de medidas revolucionarias, radicales y de defensa de las clases más oprimidas.

Llegó entonces el bloqueo, el cual ha perdurado en el tiempo, para bochorno del poderoso, que no ha logrado someter al aparentemente débil, en el cual ha dejado secuelas.

Como consecuencia del bloqueo, no solo sufre la economía cubana y el país se ve imposibilitado de acceder a créditos internacionales, o a tecnología de punta para la industria, sino que sufre el sistema de salud, cuando muchas puertas se cierran ante la necesidad de adquirir equipos modernos o medicamentos, imprescindibles para salvar la vida de algún cubano.

Pese a todo, Cuba continúa su andar. Reclama el fin del bloqueo sin olvidar aquellas palabras del Héroe Nacional, José Martí: “Cuba no anda de pedigüeña por el mundo, anda de hermana y obra con la autoridad de tal”.

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