enero 11, 2022

¿¡Por qué no te callas!?

Después de desear y pronosticar la muerte de su contrincante, de gastarse quién sabe cuánto en una campaña por todos los medios conocidos y por conocer, de ocultar sus verdaderas intenciones prometiendo cielo y tierra, de llevar la disputa más allá de sus propios electores y tener, como propagandistas, a buena parte de los grandes medios de información nacionales y extranjeros; después de crispar y seguir crispando negándose, hasta el último minuto, a aceptar los resultados y reconocer la independencia y seguridad del árbitro y sistema electoral… ahora les llegó, bíblicamente, “el lloro y crujir de dientes”.

Las elecciones venezolanas, una vez más, se leyeron en clave continental, para lo bueno y para lo malo. En consecuencia, continentalmente también se celebra la victoria de Chávez y la derrota de… ¿Capriles? ¿de la derecha venezolana? ¿del capital transnacional? ¿de los neoliberales? Sí, de todos ellos y muchos más, porque el frente opositor aglutinaba a muchos más actores que los solo venezolanos. Por eso se trata de una gran victoria y de una gran derrota; de “la batalla perfecta”, como la definió el propio presidente reelecto.

Sin embargo, quienes se aglutinan en el antichavismo, venezolanos o no, siguen en el mismo estado mental enajenado desde 1999. El mundo, ya no es su mundo. Siguen disociando la realidad para mantenerse en su deseo y su deseo, una y otra vez, se estrella y pulveriza contra la realidad. “Los hechos son tercos”, enseñaba Lenin, y ante ellos no cabe la negación o la autocomplacencia, a no ser que se quiera seguir fracasando. Einstein definía la locura como “hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. Tal sentido común parece estar fuera del alcance del “crujir de dientes” antichavista. Luego de su derrota, se atrincheran en asegurar que Venezuela está dividida. ¿Cómo puede estar dividido un país donde un candidato gana con mayoría absoluta (55,25%)? ¿por once puntos porcentuales? ¿por casi dos millones de electores? Bajo ese criterio no hay democracia posible, en ningún país del mundo. Si creyésemos en semejante argumento (llamarlo así ya es un favor), Alemania, Canadá, Chile, Colombia, España, Francia, Grecia, Japón, México, Portugal, Reino Unido y todavía un largo etcétera, ¡están en guerra civil! ¿Adónde iríamos a parar en semejante “análisis” si recordáramos, además, que varios de los países citados obtuvieron su gobierno en segundas vueltas, con pactos espurios o en elecciones dudosas (v.g. México)? ¿Y si tomáramos en cuenta el nivel de participación (80,67%)? Y qué tal si nos ponemos a hacer historia, de cuando Venezuela no estaba “dividida” ¿Cómo ganaron sus presidencias Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera? Algún distraído todavía tratará de aferrarse a su última esperanza (Estados Unidos), puesto que juzgan a Venezuela y Chávez, en tanto no son, como quisieran, Estados Unidos y sus presidentes. Pues bien, Obama ganó con 52.9%, a 7,2% de diferencia de su rival y con una participación de apenas 57,37%. ¿Dónde más buscarán refugio?

El domingo pasado, el pueblo venezolano habló fuerte y claro, para bien de su patria y de toda nuestra América. A quienes intentan tergiversar las cosas habría que aplicarles ahora aquel famoso “¿Por qué no te callas?” O, más bien, ahora que está absolutamente claro cómo piensan y sienten, a qué amo responden y en qué lengua reciben sus órdenes, se lo preguntaremos de manera que entiendan: “Why don’t you shut up?”

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