octubre 23, 2020

Feminicidio: el poder cuestionado

por: Antonio Abal Oña

La propuesta de ley, que castiga el asesinato de mujeres (feminicidio) ha recibido diversos enfoques y críticas. Al respecto me permito realizar los siguientes apuntes:

La estructura colonial de nuestro Estado, tiene en sus bases de sustentación y reproducción la herencia patriarcal que en buen romance es el “Machismo” adjetivo popular y popularizado que esconde esta patriarcalidad que como todo sistema tiene los inputs que se encuentran en los dispositivos de la educación entendida como instrucción (escuela) y formación (hogar y sociedad). Mientras no logremos deconstruir los contenidos patriarcales transmitidos en el lenguaje la simbología y las actitudes en los centros educativos y en el entorno familiar y social, poco avanzaremos en detener esta estructura patriarcal.

Hablar del contexto social es hablar, sobre todo, de los procesos de comunicación, por el rol orientador y formador de opinión que debe caracterizarlos. Lamentablemente son pocos los aportes que se reciben, en materia deconstructiva, por parte de los medios de comunicación. He seguido con atención el tratamiento que se ha dado al asesinato de la periodista, que ha quedado como una noticia con un posterior seguimiento; no se la logrado (tal vez nunca hubo la intención) abrir un debate nacional que convoque a los diversos actores de la sociedad, para analizar este creciente fenómeno de salud pública. Como siempre han sido las organizaciones feministas y de mujeres quienes han tratado de agendar la temática como política de Estado más allá de la misma propuesta de Ley.

Entendiendo la política de Estado como una responsabilidad de la sociedad global, se deben estimular, desde todos los niveles de poder, acciones en la línea deconstructiva del patriarcalismo, comenzando por superar la mirada “conciliadora” de los actuales mecanismos de intervención en casos de violencia. Se ha naturalizado que las denuncias sean rechazadas por un sinfín de justificaciones que anulan la confianza en estos mecanismos creados, justamente, para frenar la violencia en razón de género. Superar este aspecto ya sería un gran paso, porque la denuncia misma es un proceso individual que supera los prejuicios y complejos por parte de la denunciante para ejercer su derecho a la protección estatal en caso de violencia.

El patriarcalilsmo y su forma más perversa: el feminicidio, entran a formar parte del espectro político, porque en el fondo estamos hablando del ejercicio del poder, esa fuerza inmaterial que recorre por todas las relaciones sociales y que entra en crisis en el momento de su ejercicio vertical y coercitivo es cuestionado. Desde este punto de vista podemos afirmar que nuestra vida cotidiana aún no es democrática.

En estos tiempos de cambio, cuando todas los nudos del poder demuestran su verdadero rostro y sus elementos que lo consolidan y reproducen es altamente revolucionario deconstruir el patriarcalismo y sus dispositivos, muchas veces invisibilizados.

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