octubre 25, 2020

Cochabamba en la guerra del Pacífico

El anuncio de la ocupación chilena a Antofagasta el 14 de febrero de 1879, llegó a Cochabamba la tarde del 2 de abril. El Departamento se reponía de una desastrosa combinación paludismo y hambruna que la azotó desde el año precedente. La sequía redujo las cosechas y elevó los precios de los alimentos. La gente, la más pobre moría por cientos en las calles. Se multiplicaron las protestas y los saqueos de cereales, al grito de “Pan barato” El miércoles 4 se reunió un comicio en la capital del Departamento. Concurrió la “clase decente” y algunos artesanos. Rechazó la invasión y proclamó:¡ A Las Armas! Los indígenas, situación propia de la sociedad oligárquica, no fueron convocados al acto pues se consideró que no pertenecían a la patria en peligro.

El Diario de Guerra de Manuel Claros García, abogado y hacendado oriundo de Aiquile, es una fuente descriptiva de primera mano para auscultar la presencia cochabambina en la conflagración. Permite establecer que en las provincias, a inicios de abril, se conformaron también grupos de Guardia Civil. No pasaban de un grupo de voluntarios, cada uno de los cuales debía contar con su propio caballo y arma. Una estructura en nada diferente a la milicia colonial y muy distante al fogueado y profesional Ejército del que disponía Chile.

El 23 de abril, partieron de Cochabamba tres batallones el “Aroma”, de vecinos de la capital, el “Viedma” de cliceños y punateños y el “Padilla” de Tarateños; además del Escuadrón “Junín” de tarateños, aiquileños y mizqueños. Más adelante se sumaría los oriundos de Valle Bajo y Tapacarí. La conformación por distritos y provincias da cuenta de la frágil unidad y la permanencia de fragmentaciones localistas que cruzaban las armas cochabambinas (y bolivianas) que impidieron la alineación de toda la tropa bajo un mando único.

Sufriendo hambre y sed la columna cochabambina arribó a Oruro el 28 de abril y el 3 de mayo nuevamente desprovistos de víveres y vestimenta adecuada se enrumbaron hacia la costa peruana. 27 días más tarde ingresaron a Tacna. La diferencias sociales entre el cuerpo militar afloraron al saciar la sed; mientras los soldados mestizos y los pocos indígenas abrevaban de una inmunda acequia que multiplicaba la disentería, los jóvenes de la oligarquía bebían agua dezstilada o un brebaje importado en botella de barro. Claros describe otra faceta escondida de la guerra: las rabonas indígenas y mestizas, mujeres de soldados que los acompañaban procurándoles cama y rancho.

Aún falta escribir una historia social de la Guerra.

*          El autor es historiador

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