octubre 26, 2020

Crecimiento económico de Bolivia: ¿una respuesta a la teoría económica actual?

por: Rodrigo Rojas A.

En los últimos años, la situación económica del país ha presentado ciertas contradicciones con la teoría económica neoliberal que llaman la atención. Por un lado, los fundamentos teóricos con criterios neoliberales preveían una caída en la economía nacional, como consecuencia de las medidas adoptadas, en cuanto a la nacionalización de empresas estratégicas y el re-direccionamiento de las políticas económicas dirigidas a equilibrar las fallas naturales del mercado, al retomar el Estado el control del aparato productivo del país; y por el otro, el real desempeño de la economía.

La teoría económica neoliberal, ha intentado demostrar que la teoría Keynesiana ya no era referente en la coyuntura económica actual; y que por el contrario, de acuerdo al dinamismo de la economía mundial, era necesario dejar a la “mano invisible” de Adam Smith el manejo y digitación del crecimiento y desarrollo de los países. Sin embargo, ante las crecientes asimetrías y crisis sistémicas observadas en estos últimos años, la teoría económica neoliberal ha entrado en tela de juicio y en los hechos se ha visto que para el adecuado funcionamiento del mercado es necesario la intervención del Estado, que como ente supremo que representa los intereses de todos en una sociedad democrática, es el único llamado y facultado para corregir las imperfecciones del mercado, actuando como mediador entre los agentes económicos, los consumidores y los agentes ajenos al mercado, es decir, los que no participan ni se benefician directamente de los réditos del circuito económico y las actividades del mercado, por no contar con los recursos, oportunidades e instrucción necesaria para ser parte de él.

La participación del Estado en el aparato productivo no necesariamente es un impedimento para el crecimiento económico de los países, siempre y cuando las empresas estatales garanticen la eficiencia, mantengan un dinamismo competitivo y calidad de los productos y servicios que se producen y prestan.

Bolivia en estos últimos años ha sido un ejemplo de lo anteriormente mencionado, donde se observó un crecimiento promedio del Producto Interno Bruto (PIB) del 4.8%, entre el periodo 2006-2012, mientras que entre el periodo 1999-2005 el crecimiento promedio alcanzó el 2.6%.

El crecimiento económico alcanzado se explica principalmente por el crecimiento de las actividades económicas relacionadas con el gas, la construcción, el establecimiento de instituciones financieras, los servicios a las empresas, los servicios de la administración pública, la industria manufacturera y la agricultura.

Asimismo, las exportaciones al final del periodo 2006-2012 superaron los $us. 11.600 MM, en contraste con las alcanzadas al final del periodo 2002-2005, cuando se ubicaron en $us. 2.867 MM, registrando un incremento promedio de 32.2%, aspecto que permitió mantener una equilibrada Balanza Comercial que superó los $us. 3.500 MM, donde los principales sectores de exportación continuaron siendo los de hidrocarburos, minería, manufactura y agropecuario.

Estos resultados positivos permitieron el incremento del PIB per cápita en 176.0% en estos últimos diez años, el cual a la fecha alcanza aproximadamente a $us. 2.470, aspecto que fue reconocido por el Banco Mundial, al mejorar la calificación de Bolivia de un país pobre a un país de ingresos medios.

Las Reservas Internacionales reflejaron un incremento sostenido, alcanzando al final del periodo 2006-2012 los $us. 14.153 MM. Asimismo, las transferencias y regalías departamentales alcanzaron los $us. 3.323 MM. Cabe señalar, que solo se ejecutaron $us. 1.015 MM de dichos recursos, mientras que la Inversión Pública ejecutó alrededor de $us. 2.874 MM.

Acompañando estos indicadores positivos, el Sistema Financiero Nacional también reflejó una tendencia creciente, con un nivel de Depósitos del Público que alcanzaron los $us. 12.971 MM al cierre del 2012, presentando un incremento aproximado de 249.5% en relación al 2005, donde el nivel de Depósitos alcanzó los $us. 3.711 MM. Similarmente, la Cartera de Créditos al cierre del mismo periodo alcanzó los $us. 10.232 MM, muy superior al registrado en el 2005 donde la cartera alcanzaba los $us. 3.360 MM, presentando un incremento de aproximadamente el 204.5%, con niveles de mora mínimos que han alcanzado alrededor del 1.5% del total cartera, tal como se aprecia en las siguientes gráficas.

Asimismo, el proceso de bolivianización tuvo un fuerte impacto en la composición por moneda, tanto en los depósitos del público como en la cartera crediticia, donde ha existido una conversión progresiva de las operaciones del sistema financiero de dólares estadounidenses a bolivianos, encontrándose actualmente la composición por moneda de los depósitos del público en 72% en Moneda Nacional y 28% en Moneda Extranjera; y en la cartera de créditos registra operaciones de 81% en Moneda Nacional y 19% en Moneda Extranjera.

Este escenario económico ha permitido que Bolivia ingrese nuevamente al mercado internacional al emitir, después de casi 100 años, Bonos Soberanos por un valor de $us. 500.0 MM a una tasa de 4.875%, por un plazo de 10 años, existiendo una sobredemanda por dichos títulos, misma que alcanzó los $us. 4.217 MM, significando 8 veces lo ofertado por parte de 267 inversionistas. Esta emisión buscaba fundamentalmente tres objetivos: i) Posicionar a nivel mundial a Bolivia como una economía sólida y confiable; ii) Diversificar las fuentes de financiamiento con que cuenta el país; y iii) Servir de referencia para el acceso de empresas públicas y privadas locales a los mercados internacionales.

Sin embargo, si bien estamos viviendo una época de bonanza económica, es necesario realizar ciertas reflexiones al respecto.

Lo que nos debe interesar no es tanto cuánto se crece sino cómo se crece. El análisis cualitativo del crecimiento es indispensable para definir criterios respecto a su capacidad para asignar recursos que garanticen su sostenibilidad en el mediano y largo plazo, que es, a fin de cuentas, lo importante para el país. Una economía se fortalece ampliando su base productiva y la estructura productiva actual del país no ha cambiado en el curso de los últimos veinte años, ya que continúa sosteniéndose fundamentalmente en cuatro sectores: el de hidrocarburos, minerales, manufactura y agropecuario.

En la década de los noventa con la aparición de los productos agroindustriales, se pensó que la diversificación productiva había empezado, rompiendo así la caracterización de ser un país exportador de materias primas. Sin embargo, en los años sucesivos se perdió nuevamente la visión de transformar la matriz productiva, debido fundamental a dos razones, a saber:

La primera, la revolución del gas, al descubrirse grandes reservas de este hidrocarburo, lo cual permitió el ingreso de grandes inversiones internacionales, que llevaron a construir el gasoducto a Brasil, generando recursos que representaron la fuente principal del crecimiento de nuestros ingresos en la última década, al alcanzar cerca de la mitad del total de las exportaciones del país. La segunda, el alza de los precios internacionales de las materias primas a partir del año 2005, aspecto que permitió nuevamente el impulso de la exportación de los minerales que venían en caída desde la crisis del estaño en la década de los ochenta.

Entonces, una economía pequeña y abierta como la boliviana, que concentra sus exportaciones principalmente en gas y minería, cuyos envíos dependen de las fluctuaciones de sus precios internacionales, es altamente vulnerable a shocks en estos precios. Con esto no se intenta restar importancia al rol desempeñado por las exportaciones no tradicionales, en especial productos textiles y agropecuarios, sino dejar en claro al patrón económico subyacente del país.

En este sentido, los resultados económicos positivos registrados en estos últimos años, responden más a factores externos más que a políticas y estrategias de desarrollo dirigidas a ampliar y fortalecer el aparato productivo. Entendiéndose, que nuestro país no posee ningún nivel de injerencia en la configuración de los precios internacionales, ya que estos se determinan en el mercado mundial como producto de la interacción entre la oferta y la demanda. Por tanto, al existir una estrecha dependencia de nuestro crecimiento económico con la cotización de nuestros principales productos de exportación en los mercados internacionales, estamos sometidos al comportamiento de un mercado manejado por una “mano invisible”, que no considera el precio justo, ni la adecuada redistribución de la riqueza generada entre los países.

*    Rodrigo Rojas es economista Boliviano Con Maestría en Economía y en Banca Y Finanzas. Profesor Universitario.

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