octubre 28, 2020

Sobre hogares y patios

por: Verónica Rocha Fuentes

Parece cinismo diplomático, pero en el fondo es un acto de honestidad ideológica. Que John Kerry, el jefe de la diplomacia estadounidense, señale que “América Latina es nuestro patio trasero” en el fondo, no hace más que develar el verdadero espíritu de una considerable parte del establishment estadounidense y de la ideología bajo la cual durante varios años, Estados Unidos ha pretendido gobernar, cuando menos, el continente latinoamericano. 

Para hablar en justicia, es preciso que contextualicemos las declaraciones de Kerry; en realidad lo que él pretendía expresar era que, como Estado buscan “acercarse de manera vigorosa” a sus vecinos del sur; señalaba además que “trataremos de hacer lo posible para tratar de cambiar la actitud de un número de naciones, donde obviamente hemos tenido una especie de ruptura en los últimos años”. En realidad lo que Kerry anuncia no puede tomarse como una afrenta; es más, ni para provocación le alcanza. 

En los hechos, estas polémicas declaraciones están dando cuenta de una preocupación real de nuestros vecinos del norte (que, cabe recordar, históricamente han tratado de afuerearnos de la casa y dejarnos en el patio), al verse ahora simplemente tan distantes de los espacios de reunión en la casa continental, al verse pues, ellos mismos bordeando el patio, que queda al margen de la integración regional de esta casa/patria grande. Sobre esa “especie de ruptura en los últimos años”, ellos saben cómo, por qué y cuándo se ha producido; y por ello —precisamente— nuestro sur amerita su atención y oficios desde niveles estatales cuando, lo sabemos, ellos tienen mucho en casa con qué lidiar. 

En este momento, mientras en Estados Unidos sólo suman y suman las tragedias producidas por un sistema violento forjado sobre el capital y el consumo (pensemos en las recientes balaceras, en Texas, en Boston) y mientras sus representantes insisten en denostar a sus vecinos del sur (en vez de mirarse el ombligo); esos vecinos del sur dan, nuevamente, una lección de integridad/integración y sobre todo de descolonización, respaldando “en familia” el legítimo resultado electoral del pasado domingo en Venezuela; además de condenar, en bloque, cualquier acción desestabilizadora en esa o cualquier democracia de Latinoamérica (se tomó las mismas acciones contra el golpe de Estado en Paraguay). En suma: se hace hogar, sin patios. 

Por ello, a estas alturas ni sorprenden, ni preocupan las declaraciones que puedan venir desde el gobierno estadounidense y, la verdad, tampoco sorprenden y tampoco preocupan las no-manifestaciones de la oposición nacional que hasta ahora —24 horas después— no ha levantado la voz para repudiar dichas declaraciones. Lo que sí aún sorprende —nivel: ¿es una broma?— son nuestros propios y copetudos emisarios del norte, convocando —ya en serio, tiene que ser una broma— a los/as bolivianos/as a manifestarse a plan de cacerolazos contra el gobierno, en Bolivia… desde los Estados Unidos. Para ellos sólo nos quedan las (son)risas. 

*    Comunicadora Social

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