octubre 25, 2020

TeleSur: Nuestro norte es el sur

por: Rolando Julio Rensoli Medina

Los tiempos que corren para América Latina y el Caribe son bien distintos a los de hace veinte y más años. Ahora nadie viene de fuera a convocarlos, lo más que ocurre con una fuerza foránea es que de común acuerdo, se reúnen como en el caso de la reciente Cumbre con la Unión Europea.

La época del “Ministerio de colonias” en que Estados Unidos convirtió a la Organización de Estados Americanos (OEA) —de hecho, desde el nacimiento de esta— ya pasó, la OEA hoy no juega un papel demasiado trascendente para la región. Incluso, se anuló en reunión en Tegucigalpa aquel acuerdo antipueblos en que se expulsaba a Cuba. Las Cumbres de las Américas que convoca Estados Unidos se transformaron de pronto, en Puerto España, en un escenario de exigencia de los intereses regionales contra el imperio, temas como la inclusión de Cuba, el fin del bl oqueo hacia ella, la soberanía argentina sobre las Malvinas y otros, se pusieron a relieve y ya antes, en Mar del Plata, se había enterrado la iniciativa neocolonialista del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Las propias Cumbres Iberoamericanas: España, Portugal y nuestros países, están en crisis, las exmetrópolis arribaron a la última sin nada que enseñar ni logros que mostrar, se convirtieron en discípulas de sus colonias de hace doscientos años.

Los mecanismos de integración que funcionan efectivamente ahora son autóctonos y por convocatoria propia sin tutores, jueces ni árbitros. De esa suerte tenemos la Asociación de Estados del Caribe (AEC), el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Unión Sudamericana (UNASUR), el Pacto Andino, la Alianza Bolivariana para las Américas-Tratado de los Pueblos (ALBA-TCP), el Parlamento Latinoamericano (Parlatino), la Comunidad del Caribe (CARICOM), el Parlamento Centroamericano (Parlacen) y otros llegando a la cúspide con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), expresión más alta de la independencia, soberanía y poder de convocatoria que ha alcanzado el subcontinente.

En una época en que cada vez se demuestra más el poder mediático, ese “cuarto poder” tan renombrado siempre, se hace necesaria la existencia de medios de comunicación social que informen e ilustren las verdades de lo que acontece desde la perspectiva de la integración y la soberanía a tono con el nuevo mapa político en que los gobiernos de izquierda y tendencias progresistas juegan el papel protagónico fundamental en la identidad regional. No basta con contar con medios de prensa plana, radial y televisada nacionales en cada país que se enfrenten a los medios detractores de los procesos revolucionarios en desarrollo y defensores de los intereses oligárquicos, también se hace imprescindible la visualización del proceso integrador que está ocurriendo y a ello va encaminada Telesur que, además, como valor agregado, exhibe una excelente factura en lo que a producci&oacut e;n y realización se refiere.

Dossier, Con nombre de mujer, Agenda Verde, Agenda Abierta, Noticias Telesur, Deportes Telesur, Mesa Redonda Internacional, Guía tu cuerpo, Actualización en contexto, USA de verdad… se hacen familiares entre los televidentes, al menos entre los cubanos y algunos latinoamericanos a los que he consultado, por la inmediatez de la noticia, la objetividad de los comentarios, el agradable diseño de presentación y a manera general, la profesionalidad demostrada en cada aspecto. Ciertamente no es una mera consigna de que se trata de “la señal informativa de América Latina”, en mi apreciación se logra el objetivo.

Entre lo más novedoso que nos presenta esta televisora multinacional latinoamericana con sede central en Caracas, Venezuela, es el modo participativo con que interactúa con sus seguidores a través del correo electrónico y las redes sociales facebook y twitter, así como el seguimiento en vivo a eventos en desarrollo con corresponsales y enviados especiales.

Latinoamérica necesita de propuestas informativas y culturales como esta, que demuestran el entrecruzamiento identitario entre nuestros pueblos. Es cierto que es diverso el mundo latinoamericano, que son muchas las identidades regionales, étnicas y nacionales pero no dejan ser parte de un todo, de una plataforma cultural común, se trata de una patria grande con muchas patrias chicas pero con una misma historia que la hace un solo bloque y que este pudiera llegar a ser indivisible un día en la medida que logren sus componentes conocerse e identificarse más entre sí.

El presidente de la República Oriental del Uruguay y líder del Frente Amplio de ese país, José Mujica, un día celebró ante Hugo Chávez la idea de Telesur y le propuso crear también una Radio Sur; no olvidarnos de ese ya antiguo pero efectivo medio de comunicación masiva que puede estar en lugares donde a la televisión se le hace difícil o donde las condiciones no se lo permiten.

Todo esto que hoy ocurre o que valoramos como un fenómeno en pleno desarrollo tuvo su antecedente. Telesur es el resultado de la ALBA-TCP, del proceso integrador actual impulsado por la briosa Revolución Bolivariana, a su vez inspirada en la Revolución Cubana en tanto la revolución social de mayores transformaciones estructurales en todos los órdenes ocurridas en el área; pero, recordemos que la propia Revolución Cubana lo intentó hace más de medio siglo cuando el periodista argentino Jorge Ricardo Massetti, con el apoyo personal de Fidel Castro Ruz y su compatriota Ernesto Che Guevara, fundara en La Habana la Agencia de Noticias Prensa Latina que de pronto se convertía en una propuesta alternativa a los monopolios mediáticos para esclarecer las verdades del continente. Esa agencia creció con corresponsales a lo largo de la geografía continental y de otros contextos y creó una s ección para elaborar materiales televisivos que se denominó Televisión Latina, y tanto la agencia como esta sección de televisión hoy continúan existiendo y alcanzando sus propósitos.

Pero en un nuevo escenario, con un mundo caracterizado por el predominio del audiovisual, Telesur es la nueva alternativa y logra orientar nuestra brújula: nuestro norte es el sur.

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