octubre 29, 2020

La chispa que incendió la pradera

por: Antonio Abal

No llegó a su quinto número, “El Chiwanku” fue impulsado por varios portavoces de la Coordinadora del Agua. Se trataba de implementar un instrumento de comunicación para que los distintos movimientos sociales que conformaron ese frente de lucha contra la privatización, reciban información generada en su seno. 

La épica de abril del 2000 precisaba de un instrumento de comunicación, entonces varios conocidos periodistas se dieron una vueltita por la Coordinadora para proponer proyectos de comunicación y el final siempre era el principio: El dinero para financiarlo. Como no había ninguna caja disponible los proyectos se diluían en los pasillos de la Federación de Fabriles (Cochabamba) De igual manera se diluyeron varios proyectos de darle un contenido político-organizativo a la energía desarrollada en la “Guerra del Agua”. 

Han pasado 13 años desde que la “gente sencilla” comenzó un proceso revolucionario, y muchos con marcado optimismo pensábamos que de ahí en adelante se podía conquistar el cielo, no habíamos tomado en cuenta que la estructura colonial, no solamente se expresaba en los partidos políticos y el sistema creado por estos, sino que venía desde el encuentro de Pizarro y Atahuallpa. En los interesantes debates generados en ese gran espacio de las asambleas populares se encontraban anarquistas, emenerristas, kataristas, indigenistas, emebelistas, librepensadores, pecés y también troskistas (POR MASAS) y una gran masa de jóvenes (más mujeres que hombres) era un cóctel interesante, poco a poco se fueron aclarando las aguas y los primeros en abandonar las reuniones fueron los de tendencia neoliberal (incluso de manera gentil nos afuerearon de su local, ya no éramos bienvenidos). 

Los enfrentamientos de abril separaron las aguas, los que se pensaban así mismo los más revolucionarios aparecieron haciendo coro a los neoliberales, la gran mayoría de los portavoces y representantes barriales definieron claramente su posición anti-privatizadora y de confrontación con el sistema político vigente, de ahí salió la consigna de impulsar una Asamblea Constituyente. 

Las autoconvocatorias en los barrios y un proceso organizativo de base fue un hecho político poco calibrado en su momento, uno de los voceros ligado a los regantes opinaba “hay gente que escribe lo que hacemos, nosotros debemos seguir haciendo” una especie de hacer camino al andar. 

Ha corrido mucha tinta para entender y analizar la rebelión en Cochabamba del año 2000, desde los libelos infamatorios hasta estudios académicos, pero encuentro difícil que exista un trabajo que dimensione esa conquista subjetiva de la rebelión que inundó cada uno de los corazones y fue generando un cuerpo único, solidario y fuerte, creo que en ese momento se vivió a plenitud un Estado Plurinacional, un pueblo hecho Estado sin intermediarios. 

La Guerra del Agua fue un hecho político, más bien una reconquista de la política por parte del pueblo, guardando las distancias con igual espesor que lo ocurrido en el año 52, la diferencia fundamental está en la acción civil sin violencia, en cambio los mecanismos del Estado si fueron portadoras de violencia, hasta llegar a la muerte. 

La experiencia del triunfo popular de Cochabamba, seguramente fue uno de los elementos que definieron la violencia desatada el año 2003, en la otra guerra en la ciudad de El Alto. La única posibilidad de doblegar la voluntad popular siempre ha sido y es la violencia. 

Hoy las movilizaciones y bloqueos se han convertido en meros agenciamientos de fondos, de búsqueda de manejo de fondos, de intereses muy concretos y casi individuales, la COB se ha convertido en un sindicato grande que solamente reclama más salario, ya no existen los grandes objetivos, las utopías no tienen cabida en muchos sectores que asumen que hemos resuelto nuestro problemas de dependencia, de garantizar la salud, educación, mejor justicia, sólo se piensa en el pequeño sector, estamos perdiendo el sentido de la comunidad, ese gigantesca comunidad Cochabambina del año 2000 que permitió el final de una época en el país. 

El último número del Chiwancu rendía homenaje al CHE, al hombre cuyo pensamiento se aplica para el caso de la Guerra del Agua y a la Coordinadora: “No podemos predecir el futuro, pero jamás debemos ceder a la tentación claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero reniega de la lucha que esta conlleva y la espera como un mendrugo de victoria” no debemos olvidar que el año 2000 el neoliberalismo aún gozaba de buena salud.

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