octubre 27, 2020

Proletarios universitarios

De Marx aprendí la crítica del capitalismo y los secretos de la ganancia. Ya no se habla mucho del Viejo Topo, que para algunos es un ser antediluviano, cargado de teorías retrogradas y decimonónicas; incluso cierta izquierda prefiere obviarlo o guardarlo en el baúl de los recuerdos. Una de las razones del abandono sería la desmaterialización de la producción y amplia crecimiento del sector servicios que contradeciría la industrialización y el crecimiento de la clase obrera prevista en Das Kapital. Pero el concepto de trabajo productivo de Marx no se agotaba ni limitaba a una forma material de producción como en los economistas clásicos. Por el contrario bajo su pluma y raciocinio adquiría forma abstracta; es decir puede existir explotación (y plus valor) fuera del mundo de la fábrica. 

La académica brasileña Denise Leite señala que el Capitalismo Académico y la mercantilización de la Educación Superior, se produjo hace un par de décadas cuando las universidades privadas empezaron a cobrar fuerza en América Latina (Bolivia no fue la excepción) como el correlato lógico de una economía de mercado el sector privado creció y se fortaleció, en un país donde también las entidades públicas cobran elevadas matriculas a sus estudiantes. La educación se convirtió en un negocio de alta rentabilidad y se lo manejó como cualquier otro, con los mismos criterios empresariales de vender hamburguesas o zapatos. La diferencia está en que los soportes de la ganancia y el lucro no son sudorosos obreros sino educados profesores de cuello blanco; pero al igual que ellos ceden sus saberes al mandamás de la empresa y han perdido el control y el gobierno de los productos de su enseñanza. Además, y por si fuera pocos, están sujetos a una precarización de sus condiciones de trabajo. 

Los profesores en al ámbito privado han olvidado, por un salario, también su razón de ser: la libertad de pensamiento, la condición de crear y se han sometido a las reglas de la obediencia. Si no hay libertad de mirar a varios lados no puede haber Universidad, la que es equivalente de universal y de pluralidad, incluso contradictoria, de conocimientos. No puede por tanto estar adscrita a una sola línea de pensamiento. 

Reservo pues la calificación de Universidad, así con mayúscula, para las entidades públicas y autónomas donde sus docentes, aún a costa de problemas y conflictos, pueden expresarse con libertad para pensar y de experimentar y donde se preserva la condición política de la universidad asociada a su inalienable carácter de bien público en una sociedad en transformación. 

*    El autor ejerce docencia (y disidencia) en la carrera de Sociología de la UMSS.

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