octubre 20, 2020

Venezuela 14 de abril

por: Manuel Canelas Jaime

Vaya por delante que el resultado vuelve obligatoria una reflexión, primero, por parte del bloque popular que ha gobernado Venezuela los últimos quince años porque, como hemos visto el domingo pasado, un porcentaje significativo de votos chavistas (esa fue la expresión que usó incluso el candidato derrotado Henrique Capriles, reconociendo así implícitamente la primacía del chavismo como la identidad política que raya la cancha en Venezuela) decidió no quedarse en su casa el día de las elecciones pero no fue a votar por Maduro, sino por el candidato de la MUD. La abstención casi no ha variado respecto a las elecciones de octubre y por eso no se puede buscar en la desmovilización del voto chavista la causa que explique una ajustada victoria.

Segundo, los procesos de transformación de la región y los gobiernos que los lideran deberán también plantearse las cuestiones pertinentes sobre lo que sucede cuando, desafortunadamente, faltan los líderes que fueron claves para poner estos proyectos políticos en pie.

Estas cuestiones, y otras importantes, no pueden ser soslayadas para un momento posterior de evaluación crítica de la situación, sin embargo ahora resulta prioritario desenmascarar y denunciar la estrategia de desestabilización premeditada que ha puesto en marcha la oposición que se niega reconocer su derrota. Premeditada en el sentido que resulta sencillo ver que la denuncia de un supuesto fraude era el marco de interpretación que venía trabajando la oposición política, con la inestimable ayuda de su brazo mediático, nacional e internacional. Un par de semanas antes de las elecciones, sobre todo desde que las encuestadoras detectaron un cambio en la tendencia: leve pero sostenida caída de Maduro y avance de Capriles, se fue preparando el terreno: empezaron a aparecer supuestos expertos que decían que el sistema electoral venezolano (que ha cosechado innumerables elogios por parte del Centro Carter o de la UNASUR en diversos desempeños anteriores) no era de fiar; el candidato Capriles, a diferencia de octubre pasado o de diciembre (cuando ganó la gobernación de Miranda por un margen estrecho siendo la misma CNE la que llevó a cabo estas elecciones) se estrelló contra la CNE y puso en duda su independencia; el diario español El País, quien opera como mascarón de proa del antichavismo mediático (recordemos cómo avaló el golpe de abril de 2002 diciendo que fue un “empujón” necesario) llegó a piruetas sorprendentes, como apuntar que “centenares de líderes y activistas latinoamericanos (sic) pedían unas elecciones limpias en Venezuela”, leyendo la nota, los nombres de esos líderes provocan cierto rubor: Alejandro Toledo, ex presidente del Perú que vivió buena parte de su legislatura con un nada despreciable 7% de popularidad; Vicente Fox, ex presidente de México, quien solía dar muestras de una erudición pasmosa en casi cualquier rueda de prensa a la que se enfrentaba, muchos mexicanos aún dudan si el ex presidente era capaz de decir, sin riesgo a equivocarse, cuantos estados tenía México; Fernando de la Rúa, recordado fundamentalmente por dos cosas: hacer un papelón de tal nivel en el programa de Tinelli que el mismo showman se quedó sin recursos de (falsa) improvisación ante tamaña muestra de idiotez presidencial y por ser, durante un tiempo mayor que el que duró su presidencia (para suerte de los argentinos) suegro de Shakira; Andrés Pastrana, amigo personal de José María Aznar…sobran comentarios. Estos eran para el País “los líderes de América Latina”, no los candidatos que ganan por más del 50% cualquier elección, es decir cualquier cosa les valía

Una vez preparado el terreno y con un resultado ajustado, no costó poner la maquinaria en marcha: Capriles llamó a la movilización, desconoció al vencedor, a quien no paró de llamar “el ilegítimo” y todo esto estuvo acompañado de la orquesta mediática que ya tenía la partitura más que estudiada. Nunca se preguntaron por qué Capriles no presentó hasta varios días después la impugnación formal; dejaron que circulen fotos con supuestas ánforas quemadas (pertenecían a elecciones pasadas y su eliminación se hizo conforme a la ley); nunca dijeron que la ley estipula una auditoria del 54% de los votos y que para darse una de mayor proporción requiere, previamente, de un proceso de impugnación formal…. Nada de esto importó para poner en marcha la operación de desestatalización, que produjo 8 muertos (todos chavistas) varios centros sanitarios (muestra de la solidaridad cubana) incendiados y sedes del partido de gobierno atacadas.

La solidaridad y el reconocimiento internacional (a pesar de las presiones de EEUU y los llamados a no reconocer al ganador por parte de la MUD) sobre todo por parte de los países de UNASUR pero también de todos los acompañantes internacionales invitados a las elecciones por la CNE, la movilización de las bases chavistas para respaldar al ganador de las elecciones, a la vez que un llamado a la contención de estas por parte de la dirigencia bolivariana para no caer en las provocaciones que solo buscaban enfrentamientos para generar más violencia fueron elementos fundamentales para desactivar la estrategia que tenía Capriles y la MUD. Parecería, con la juramentación de Maduro el viernes, que esa estrategia ha fracasado definitivamente, ahora bien esto no vuelve el panorama más sencillo, Maduro tendrá una situación compleja en su frente interno y de clara ofensiva con un adversario crecido y que ha demostrado pocos reparos al recurrir a estrategias no precisamente democráticas, conviene estar atentos.

* Doctorando en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid

Be the first to comment

Deja un comentario