diciembre 5, 2020

(Re)fundación de la identidad

por: Verónica Rocha Fuentes

Varias fueron las veces en las que con un equipo de trabajo nos preguntamos de qué momento o de qué idea podíamos aferrarnos simbólicamente para generar campañas de unidad nacional en torno a una sola idea. Qué se podía mostrar a todos/as y cada uno/a de los/as bolivianos/as a lo largo y ancho del globo que pudiera evocarles lo mismo que la tricolor en la historia moderna. Y la respuesta siempre era la misma, que luego de los momentos de enfrentamiento armado con otros países (no suscritos a nuestra historia más reciente) sólo podíamos contar con nuestra clasificación al mundial de fútbol de Estados Unidos en 1994; ese —reconocíamos— era un hito fundante sobre una nueva dinámica de cohesión social moderna. Eso nos recordaba a los/as bolivianos/as qué sentíamos por nuestro país.

Cuando Mario Benedetti se refiere a la fundación de un recuerdo en su poema del mismo nombre, bien señala que “tampoco es como fundar un estilo, sino más bien como fundar una doctrina (que) nos aviva la sangre, nos sacude el otoño, nos renueva la piel y a veces convoca lo mejor que tenemos, el trocito de hazaña que nos toca cumplir”. Recurro al uruguayo en ocasión de que una identidad está íntimamente relacionada con el recuerdo, se trata pues de un recuerdo colectivo, que nace y tiene razón de ser en tanto quepan todos y todas quiénes ahí habitan; de lo contrario no existe.

Y esta es la primera y la mejor explicación sobre la vital importancia del aspecto comunicacional nacional para la demanda marítima. Por primera vez, luego de muchos años, estamos frente a una invaluable oportunidad de generar cohesión social en base a algo que como país recordamos y como tal nos construye. Tenemos ante nosotros la oportunidad perfecta para construir un nuevo relato acerca de lo que nos une y tenemos en común, podemos hacer que el mundo lo sepa y eso nos hará fuertes, visibles, trascendentales tanto por dentro como hacia afuera. Mucho de cómo se vaya a manejar el tema de la reivindicación marítima en los términos simbólicos, terminará consolidando este anhelo como la oportunidad de (re)fundar nuestra identidad nacional o lo terminará consolidando como el desperdicio de un momento fundante que no supimos aprovechar para, en realidad, ganar algo casi tan o más valioso que el mar: la común unidad, la comunidad.

Es preciso que similar cantidad de los esfuerzos volcados en materia jurídica y diplomática sobre el tema marítimo sean volcados en materia comunicacional, no sólo porque de esta manera garantizamos el éxito de la demanda como tal y como hecho concreto sino porque se trata de una oportunidad real, honesta y valiosa de hacer(nos) país. Quién sabe y el día de mañana podamos recordar este tiempo como el tránsito casi natural de la consigna Mar para Bolivia hacia Amar a Bolivia. No olvidemos pues que en la misma fundación de un recuerdo, Benedetti se corrige con convicción: “pensándolo mejor quizá no sea como fundar una doctrina sino más bien como fundar un sueño.”


*    Comunicadora Social

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