octubre 23, 2020

Cultura y deporte

En los últimos días de abril, dos buenas noticias sobresalieron sobre otros temas más rutinarios: la promulgación de la Ley del Libro “Oscar Alfaro” y la re inauguración de la piscina olímpica en el barrio paceño de Obrajes.

La norma sobre el libro tiene un alcance económico para que los precios de los impresos, sobre todo importados, sean más accesibles para todo público. Lo más importante es su objetivo central que es promover el ejercicio del derecho de todo boliviano a la lectura y a la escritura. Seguramente se refiere al idioma español, aunque no faltarán incentivos para publicaciones en idiomas originarios y en lenguas extranjeras.

El Presidente Evo Morales se anotó un buen punto con esta ley y es increíble que otras legislaturas, donde abundaban intelectuales, no prestasen atención al pedido constante de los editores, de los libreros y de gestores como Werner Guttentag. ¿Por qué no lo hicieron? En las últimas décadas sólo hubo atención para la Ley del Cine; otras iniciativas para fomentar la cultura fueron postergadas.

Algunos comentarios señalaron que el Ministro Pablo Groux no consultó a los interesados y que precipitó el tratamiento de la ley con afanes publicitarios, a los que suele ser tan afecto. Puede ser, pero más allá de los perfeccionamientos, ésta es un gran instrumento para fomentar la creación de bibliotecas en todo el país.

Aunque hay la tendencia mundial de otros formatos, más fáciles y a la vez más efímeros, el libro es y será la herramienta más importante para el conocimiento y para la formación; no sólo para la información como es la televisión o el Internet.

Ojalá los legisladores provinciales, que donaban sus aguinaldos para auspiciar fiestas (y chupas) ahora den ese dinero para que su pueblo tenga una biblioteca destinada a los escolares. Buenos ejemplos son las iniciativas municipales en Tupiza —la culta capital chicheña— y en Llallagua, con la tradición de formar cuadros obreros.

La re inauguración de la piscina olímpica es también un buen punto para la gestión de Morales pues aquel escenario fue poco usado desde 1977 y padeció la corrupción más grotesca durante las dictaduras militares. Ahora albergará a niños y jóvenes de cualquier condición económica que quieren nadar, saltar, practicar gimnasia olímpica; el sueño de participar en competencias internacionales, las olimpiadas.

Sembrar cultura y deporte es sembrar paz y horizonte para las nuevas generaciones.

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