octubre 26, 2020

Los periodistas con compromiso político

¿El compromiso político y la militancia inhabilitan o descalifican a un periodista para desarrollar su trabajo en el marco de la ética y la responsabilidad que debe caracterizar ese delicado e importante servicio público? Esa es una interrogante que me he planteado desde hace ya algún tiempo y que de manera recurrente se presenta, mucho más en una coyuntura en la cual medios y periodistas hacemos política.

Que el hombre es un animal político es una verdad de perogrullo y el periodista no es más que un hombre, un ser humano, con los mismos defectos y virtudes que los demás, pero además con una labor vinculada a la política por su cercanía a la sociedad y a los hechos de la cotidianidad.

Voy a empezar señalando una generalidad que, sin embargo, puede ayudarnos a encontrar un rumbo en el análisis: el economista, el abogado, el médico, el empresario, el obrero, el cura y hasta el militar o el policía pueden tener, y en realidad tienen, una posición política, un compromiso ideológico y en muchos casos una militancia. Es obvio que su actividad laboral la desarrollan tomando en cuenta, consciente o inconscientemente, su posición, sin que esto desmerezca su trabajo.

El profesional o el trabajador que tiene un compromiso con la justicia, con la igualdad, contra la discriminación y la explotación del hombre por el hombre, seguramente será considerado como un hombre de bien que aporta, desde donde le corresponde, al mejoramiento de la sociedad en la que vive.

Por qué entonces no se piensa lo mismo del periodista? Por qué se pretende descalificarlo de inicio sin analizar el contenido de su trabajo? Por una sencilla razón, porque quienes lo defenestran también tienen un compromiso político, una militancia, pero la esconden, se ocultan hipócritamente en la independencia y la imparcialidad y atacan a quien tiene el valor de decir yo pienso de esta manera.

Qué es peor entonces, ese periodista que se identifica abiertamente con una ideología, con un proyecto nacional, con una causa, o aquel que esconde sus ideas, pero las destila subyacentemente e hipócritamente en su trabajo, ocasionándole el mayor daño al periodismo, la pérdida de su credibilidad.

La principal labor, el valor fundamental del trabajo periodístico es informar, llevar la verdad (o quizá las verdades) a través de su trabajo y con seguridad que ese trabajo va a llevar una carga ideológica, pero que se convertirá en un elemento favorable, cuando ese periodista se haya identificado claramente, con carácter previo, en cuanto a sus posiciones. Lo lamentable sucede cuando a título de imparcialidad e independencia se manipula y distorsiona la realidad para favorecer ocultos intereses. Es ahí donde debe centrarse el debate sobre cuestiones éticas.

El periodismo nacional está plagado, lamentablemente, de “independientes” que no dudan en inclinarse reverentes ante los poderosos, en escribir a pedido de quienes les pagan o en opinar como periodistas lo que piensan como políticos, pero que esconden su verdadero rostro bajo la máscara de imparcialidad.

Prefiero una y mil veces a quienes de inicio ponen las cartas sobre la mesa, a quienes se identifican ideológicamente sin términos medios, así no coincida en sus posiciones, así no esté de acuerdo con ellos, porque son periodistas con valor, porque no engañan y no se acomodan a las circunstancias y con seguridad que la gente, la sociedad que es la destinataria de su trabajo, también valorará en sumo grado la transparencia de esos periodistas.

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