octubre 31, 2020

Pensar lo grave en nuestra época grave

por: Christhian Victor Lizarazú Gutiérrez

“Lo gravísimo de nuestra época grave es que todavía no pensamos”. Martin Heidegger
Hay hombres que piensan por fe; creen pensar. Y es que esa es una característica de nuestra época grave, época en la que campea la idolatría por la técnica, idolatría que funge como un espejo de lo que al final llega a ser la fe en la técnica; es decir que el paradigma de la era del conocimiento y la tecnología se ha revelado como el paradigma de la época del acumulamiento. Pero lo triste es que éste acumulamiento se alarga en el tiempo y se incrementa en el espacio; de tal manera, que llega a convertirse en un anonadamiento ante el cuál el hombre no piensa en profundidad, sino que tan sólo cree que lo hace, y eso es lo gravísimo de nuestra época grave.

¿”La Era del Conocimiento”?

En ésta época grave creemos pensar porque el conocimiento se ha incrementado, más el primer mal entendido es llamar conocimiento a una mera acumulación temporal de datos. La “era del conocimiento” es grave porque no es precisamente inteligente. Con tantos datos que vienen por todo tipo de medios, el hombre no tiene espacio en su tiempo reducido para pensar; así la inteligencia se marchita, la inteligencia no avanza, sino que corre cansada tras los datos fugaces del bombardeo mediático. Se dan por sentadas las cosas… no se las piensa; éste es el segundo malentendido, porque antes de hablar de las configuraciones de las cosas, hay que entablar el diálogo y el debate sobre lo que las cosas mismas son. Así por ejemplo podremos avanzar en relación a los temas más álgidos que incumben al hombre, sólo si continuamos por el sendero del pensar de los grandes pensadores que nos antecedieron. Pero esto no sucede en nuestra sociedad, y se denota en casos como el de la política; la sociedad boliviana no entabla el debate de la política entorno al entendimiento de definiciones comunes acerca de lo que es la política, quizá justamente porque no se la ha pensado, sino que solamente se la nombra sin designarle un significado. Es probable que la mayoría no conozca definiciones generales acerca de lo que la política es, definiciones como la de los griegos cuando ellos decían de ésta; que es el arte de gobernar, o definiciones más específicas como la de Maquiavelo, cuando éste decía de aquella que es la lucha de los hombres por el poder. Y aquí está lo grave una vez más, porque: ¿no se supone que vivimos en la época del conocimiento y la información?, ¿no es grave que teniendo tantos medios de información, de comunicación y de estudio no profundicemos en los temas más álgidos?, esa es la cuestión, porque incluso si ya conociésemos las definiciones señaladas, ¿hemos pensado lo que significan?, ¿debatimos hoy de política entorno a ellas?, pues parece que no. Es por todo ello que no es extraño que los medios de información más utilizados como es el caso de la televisión; nos bombardeen con palabrería vacía, donde el afán del hombre asiduo en extremo a ella; que por ello mismo es casi como que devorado por éste medio, parece ser el de tener el fin de decir: ningún hombre ha visto lo que yo. Ante esa especie de sentencia postmodernista, yo mi inclinaría más por tener el fin de decir: yo he visto lo que todos los hombres han visto, pero al verlo nadie ha pensado en ello como yo.

Pensar lo Grave Requiere de los Medios Necesarios para Hacerlo


El filósofo alemán Martín Heidegger dijo que: Lo gravísimo de nuestra época grave es que todavía no pensamos,imaginémonos, si un pensador de su talla consideraba cierto lo anterior, es porque él se había percatado de que la misma historia del pensamiento aún no había profundizado lo suficiente en profundizar lo necesario. Motivo por el cual según Heidegger, se había llegado al “olvido del ser”; donde tan pronto la mente humana trata de aprehender el ser mismo, éste se descompone en esencia y existencia, sin pensar ya luego en el ser mismo. En ese camino del pensar Heidegger se enfocó de gran manera en el lenguaje y en su facultad de designar a las cosas y de mostrarlas en lo que son por sí mismas. En ese pensar el lenguaje, llegó a considerar que la gran filosofía era necesario hacerla —pensarla— en griego o en alemán, más sin embargo yo considero que eso no es definitivo. En ésta región del mundo, los hombres tienen en tutela el idioma castellano, un idioma que tiene una posibilidad riquísima para pensar las cosas, un idioma que si se utiliza con altura es intrínsecamente poético. Un idioma que para corregir un tanto a Heidegger; comparte características etimológicas con el alemán en cuanto se trata de enfocar la mirada en la pregunta por el ser, ya que Ser (castellano) y Sein (alemán) tienen la posibilidad de entenderse tanto en castellano como en alemán para designar lo que a priori es el concepto más universal y vacío que existe. Y como el mismo Heidegger diría; en la dilucidación de un concepto… más alta que la realidad está la posibilidad, por tanto el prolegómeno necesario para que los hombres de ésta región del mundo piensen lo grave en nuestra época grave, es el de reivindicar la potencia del idioma castellano como lenguaje propicio —y posible— para pensar lo grave en nuestra época grave.

Repercusiones Fácticas de No Pensar lo Grave Hoy

El no pensar lo grave repercute en la vida porque sólo con vida pensamos. Y es en la cotidianeidad de nuestras vidas que los fenómenos álgidos de las mismas han quedado como enterrados, esto es por supuesto también lo grave. Uno de estos fenómenos es el tiempo; actualmente el hombre anda contra el tiempo —contra el reloj—, y por eso vive agotado, esto porque según los datos —mensajes— que recibe; el tiempo es considerado en nuestra época grave como algo que equivale al dinero —el tiempo es dinero dicen los pobres norteamericanos—. Aquí es lógico considerar que el hombre vive angustiado porque trata de ir en contra de aquello —el tiempo— que funge como su genuino horizonte de comprensión de sí mismo y del mundo. Entonces si trata de ir contra el tiempo para ir detrás de las cosas —cosas vulgares—, desde luego que el hombre no tendrá tiempo para estar en el tiempo, no tendrá tiempo para —conocer— el “ser-ahí”, y por tanto no podrá pensar a partir de sí mismo. Así lo que no se piensa queda tapado, envuelto; por eso mismo pienso que el pensamiento de un hombre es como un diamante que se va puliendo por la mano de su inteligencia. Por ello, el reto está en encaminarnos en el camino del pensar para contribuir a que ésta época del conocimiento sea un poco más inteligente, y no sea tan grave.

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