octubre 29, 2020

A propósito de Justificación de la pedagogía del oprimido de Paulo Freire

por: Mirian Huarachi

Freire inicia su capítulo uno, señalando que los hombres buscan en estos tiempos el conocimiento de sí mismos y se dan cuenta de que saben muy poco sobre sí mismos. Además, considera que los hombres se proponen a sí mismo como problema; se preguntan por el problema de su humanización como realidad histórica. Para este autor, la humanización y la deshumanización, dentro de la historia, son posibilidades de los hombres como seres inconclusos e inconscientes de su inconclusión. Sin embargo, piensa, sólo la primera posibilidad responde a la “vocación de los hombres”. Esta vocación estaría, por un lado, negada en la violencia de los opresores: injusticia, explotación y opresión; aunque por otro lado, afirmada en la lucha de los oprimidos por la recuperación de esa humanidad despojada, lucha que se traduciría en ansia de libertad y de justicia.

Esta humanización posible, no obstante, creo que no es posible, en la medida en que se requiere de sujetos, como Freire lo entiende, que restauren la humanidad tanto de los opresores como de los oprimidos. ¿Quiénes podrían ser estos sujetos restauradores? El mismo autor sugiere una respuesta: “La violencia de los opresores, deshumanizándolos también, no instaura otra vocación, aquella de ser menos. Como distorsión del ser más, el ser menos conduce a los oprimidos, tarde o temprano, a luchar contra quien los minimizó”. Aunque Freire piensa que esa lucha de los oprimidos contra los opresores tiene sentido sólo si los opresores, en la búsqueda de recuperar o crear su humanidad, no se sienten “idealistamente opresores de sus opresores”. ¿Podrían, entonces, los sujetos oprimidos no sentirse menos o más, sino iguales? Creo que no, pues asumir una postura opuesta, sin comprenderla, es adoptar una postura de superioridad. En ese entendido, no es posible un sujeto restaurador que no se sienta superior a los sujetos que necesitan ser restaurados.

Freire considera que sólo el poder que renacería de la debilidad de los oprimidos “será lo suficientemente fuerte para liberar a ambos”. Sin embargo, esta debilidad que deviene de un sentirse menos, resultaría en una actitud opuesta: sentirse más. Ahora bien, creo que el autor entiende acertadamente que los opresores no pueden poseer esa fuerza de la liberación; claro, porque estarían en un lugar de poder, de verdad, por ende de superioridad. Sin embargo, los opresores también están en situación de inferioridad al estar tan deshumanizados como los oprimidos. Recordemos que Aimé Césaire en “Discurso sobre el colonialismo” (2006) plantea que la colonización europea es una salvajización y no una civilización, no sólo de los colonizados, sino también de los colonizadores. En ese entendido, la opresión o “salvajización” es sufrida también por los opresores o civilizados.

Para el autor de la pedagogía del oprimido, no existe sujeto que mejor sienta los efectos de la opresión o comprenda la necesidad de la liberación que el mismo oprimido. No obstante, es el mismo sujeto opresor quien también siente opresión de sí mismo y de una sociedad que le exige seguir un patrón de vida, insisto, opresor. Así lo afirma el mismo Freire: “El gran problema radica en cómo podrán los oprimidos, como seres duales, inauténticos, que ‘alojan’ al opresor en sí, participar de la elaboración de la pedagogía para su liberación. Sólo en la medida en que descubran que ‘alojan’ al opresor podrán contribuir a la construcción de su pedagogía liberadora”. Entonces, los oprimidos poseen a los opresores y los opresores a los oprimidos, de tal manera que no existirían sujetos puramente opuestos a otros. Pienso, además, que esta cita es substancial para comprender, las respuestas a las preguntas o los hallazgos a las búsquedas de ese hombre “deshumanizado”. Si bien la pregunta sobre “sí mismo” radicaría en uno mismo, como entiende Freire, creo que la respuesta por la humanización no se encuentra sólo en uno mismo, sino en el otro. Si bien el autor considera que el oprimido puede humanizarse al liberarse del opresor, pienso que el oprimido puede liberarse no sólo al descubrir que posee a un opresor dentro de sí, sino cruzando la frontera de sí mismo para entender que su opresor también aloja a un oprimido. Cruzar la frontera de comprensión del otro, quizá permita una verdadera liberación. En ese entendido, el “sujeto restaurador” de la humanización no podría surgir sólo del “oprimido”, sino también del “opresor” cuando cada uno se descubra y descubra al otro.

Aunque Freire entienda al oprimido también como opresor, o “adherido” al opresor, entiende que aquél al reconocerse en antagonismo al opresor, no lucha por la superación de la contradicción. “De ahí esta casi aberración: uno de los polos de la contradicción pretende, en vez de la liberación, la identificación con su contrario”. Si bien para Freire esta identificación de los contrarios es una aberración, pienso que identificarse con el contrario es reconocerse y reconocer al otro para eliminar los polos, las contradicciones. El continuar planteando estas oposiciones radicales (oprimidos y opresores) sólo contribuye a que las contradicciones persistan; no obstante, si dejamos de marcar y buscamos matizar las fronteras, es posible comprender un “entre”, lugar que sirva como espacio de contacto no de uno con uno mismo, o su humanización, sino de uno con el otro, que habita en uno. Ese lugar, donde las fijaciones y los opuestos podrían permitir hallazgos o respuestas.

Entonces, estos hallazgos o respuestas que, para Freire, responderían a las preguntas o búsquedas por la humanización del hombre, podrían ser encontrados dentro de sí mismos, pero sin dejar de reconocer al otro que es uno mismo. Así, con estos matices, los opuestos radicales pierden su calidad de opuestos; de lo contrario la lucha continuaría y los más devendrían en menos y los menos en más.

Bibliografía

Césaire, Aimé
    2006 “Discurso sobre el colonialismo”. En: Discurso sobre el colonialismo. Madrid: Akal

Freire, Paulo
    1987 [1970] “Justificación de la pedagogía del oprimido”. En Pedagogía del oprimido. Río de Janeiro: Paz e Terra

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