por: Raúl García Duarte
Un análisis de los fundamentos científicos en el mundo, vistos (éstos) desde un marco de argumentación y de visión progresista occidentales, pero a la vez imbuido (el análisis) de una pretendida visión alterna u otra: tal la tarea ciertamente harto difícil (casi imposible?) que se propone Enrique Dussel en su escrito “De la ciencia a la filosofía de la liberación” (1996). La problemática de imposibilidad, recién planteada, tiene que ver con una presunción básica, arraigada en una perspectiva de heterodoxia hermenéutica y dialéctica, que asume que los dispositivos o métodos de disquisición deben estar afines a los logros que vendrán a ser obtenidos. Lo anteriormente planteado, si bien es una síntesis muy simplificada (casi grosera) del andamiaje kantiano y hegeliano sobre los modos de elaborar/hacer crítica respecto de la ciencia y sus tramados histórico-metodológicos, nos sirve para dejar sentado el vínculo intrínseco entre métodos y validación axiológica.
De esta manera y en el marco analítico antes comentado, el conjunto de “razonamientos” de Dussel no puede ser menos que otra “tautología formal”, muy generosa —es cierto— en cuanto a su labor pedagógica que nos (dis)pone casi a un nivel de lector principiante, pero que igualmente redunda en la ingenuidad de tratado ontológico principista (casi determinista), que entonces y así no acaba por encontrar otro sentido final que no sea el de la impresión (a lo sumo eso: impresión) de una cierta “esencia histórica”. Para mayores señas de este sentido/impresión, y sus (in)consecuencias en el andamiaje analítico que se nos propone, hay que reconsiderar cuanto Dussel llama “indeterminación propia”, a la par de los paralelismos y sinomias que despliega en torno al bagaje dialéctico, para llegar a entender o mostrar (seguramente sin ser esa la búsqueda de inicio, ni de conciencia/búsqueda, del autor) la redundancia sobre las singularidades del momento analéctico como un mero artificio de escición del cúmulo dialéctico.
Es decir que, a pesar de los esfuerzos y empeños por marcar una diferencia respecto al esquema de desarrollismo científico occidental, el distingo de base en el razonamiento de Dussel —aquel entre momento analéctico y la dinámica dialéctica— no hace más que demostrar la contradicción de ser parte sin la totalidad (o esencia fuera de ésta). Es así que todo el impulso para resaltar las exterioridades analécticas habrá de resultar (en primera instancia) incomprensible sin las interioridades dialécticas, para al mismo tiempo (y en segunda instancia) mostrar todo el esfuerzo altamente escindidor y dialéctico que quiere hacer del distingo una unidad, como un ejercicio intelectual que se nos ocurre muy bien descrito por la figura de perseguir(se) la cola, por parte del perro.
De esta manera, y entrando ya en un campo de intersección con las propuestas del mismo Enrique Dussel en su ensayo: “Sistema mundo y Transmodernidad”, cabría mirar su noción de transmodernidad como otro ejercicio de un cola-perseguidor, y sus “nuevas” consideraciones sobre las exterioridades como repeticiones de un autor que asume el mismo sesgo de ensimismamiento del opresor —en su análisis y en su crítica—, llevándonos a sospechar que las contradicciones o los temores que supone el vació actancial e histórico de un discurso bien pueden conducir hasta el extremo de hacer disfuncional a toda aspiración de libertad (crítica).
Las implicaciones que por ahora vislumbramos como finales, a propósito de ese entrevero analítico en el que se insume Dussel en las dos obras comentadas, apuntan a un énfasis signado por la estructuración inconciente —decimos así: no buscada o programada— de un ser-imposible. Porque, por ejemplo, el proyecto de la “otra edad” no puede ser más que una sintomatología de destino —o de lo inefable que se busca a su anticipado acontecer— cuando toda pretensión de lo no-hegemónico, o la misma pretensión de ser alteridad, vindican no tanto la propia y/o recreada subjetividad (del otro/oprimido), sino más bien una metodología implacable de ordenamiento jerárquico que absorbe y diluye (en si) los hechos y sujetos históricos ajenos al conocimiento programático occidental, del cual Dussel es interesante continuador.

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