octubre 20, 2020

“Un camino más en el pensar y construir de diferencia y nación de otro modo”

por: Elizabeth Johannessen Lino

Después de siete años y a propósito del artículo de Catherine Walsh “Interculturalidad y (de) colonialidad: diferencia y nación de otro modo”, hacemos una mirada retrospectiva para reflexionar a partir de las significaciones que connotó el ascenso de Evo Morales a la presidencia de Bolivia el 21 de enero de 2006.

Walsh [1] refiere sus impresiones sobre este evento en su artículo. En él plantea el efecto de la asunción al poder del primer presidente indígena en las Américas. Resalta la forma en el acto de posesión como un acto fundamental de reconocimiento: la exaltación de la ritualidad andina y las expectativas que de este hecho se desprenden. (¿Se producía la afirmación de que el intento de extirpación de las mentes de todo vestigio de cultura india no había sido posible? [2]). La autora expresa que “lo que está en juego tanto con el proyecto del gobierno de Evo Morales como en todo lo sucedido con el movimiento indígena ecuatoriano de los últimos 16 años —desde su potencia más alta en los 90 hasta su fragmentación de hoy—, no es simplemente el imaginario de la nación, sino más bien la operación entretejida de diferencia y poder como constitutivos de este imaginario y de la nación misma” [3].

Advierte que ante la importancia de este hecho, no tardaron en manifestarse expresiones temerosas sobre el peligro de revanchismo e inseguridad ante la llegada al poder del movimiento indígena. Comenta la autora que no se hizo ese pedido a anteriores presidentes no indígenas, que “supuestamente” representaron a todos.

Muchas son las razones para estos temores. Establece que la relación histórica entre mestizaje y ciudadanía fue la base del imaginario de la nación en América Andina y del control de la diferencia (étnico-racial y colonial) dentro de ella. En este imaginario, los dignos de representar fueron los criollos y blancos-mestizos. Los indígenas y descendientes afro, afirma, quedaron fuera o subalternizados dentro de él.

Esta colonialidad del poder (cita a Aníbal Quijano), dice, tomó la raza como patrón de poder conflictivo y permanente. Y estableció, desde la colonia hasta hoy, una escala de identidades sociales: blanco encima/indio y negro abajo (como identidades homogéneas y negativas). Colonialidad que fue extendida a los campos del ser (deshumanización y trato de no-existencia) y del saber (posicionamiento del eurocentrismo y occidentalismo como modelos únicos del conocimiento).

Para ella, el significado de la elección de Evo y de los ritos ancestrales en su asunción al poder “no debe ser visto solo como términos étnicos y simbólicos sino como un vuelco histórico, geopolítico, social, ético e intelectual; un giro radical en una visión o imaginario otro”, construido por siglos de lucha. Y que, además, afecta a todo el continente.

Este movimiento, indica, no está concentrado solo en una práctica defensiva, sino está dirigido a transformar instituciones, estructuras y relaciones dominantes y a la creación de nuevas condiciones sociales, políticas y culturales y de pensamiento y conocimiento. En su función desestabilizadora de los poderes dominantes, este proyecto constituido por la interculturalidad “apunta a cambios radicales de la diferencia: implosionar, reconceptualizar y re-fundar estructuras sociales, epistémicos y de existencias/ equidad entre lógicas, prácticas y modos culturales diversos de pensar y vivir”. No es un hecho dado es camino en permanente construcción y abre paso a la descolonización, a la edificación de sociedades más justas y equitativas. Recalca que la Interculturalidad y la decolonialidad, en este sentido, son procesos desestabilizadores enlazados en una lucha continua.

No obstante, en una extensa conclusión, pone énfasis sobre los sectores que aún no han sido reconocidos y que también han sufrido la colonialidad indígena, habla por los pueblos afrodescendientes. Concluye que aún queda “un camino más en el pensar y construir de diferencia y nación de otro modo”: evitar la marginalidad de la marginalidad.

Repensando y reflexionando en este acontecimiento desde otra mirada, siete años después, observamos que en el año 2006, parece que todas las esperanzas de un cambio radical en Bolivia están a punto de realizarse. ¿Se había hecho realidad la “utopía andina” [4]? ¿La inversión de lugares se estaba produciendo verdaderamente? El Pachakuti (fuerza que provoca el cambio y da lugar a un nuevo orden), anunciado y esperado en la región andina (no solo en Bolivia) desde siglos anteriores ¿se estaba produciendo?

La repercusión de este evento conmueve a diversos sectores. El hecho es bastante complejo y no se limita solo a un movimiento indígena. El pueblo indígena ha luchado a través de un largo recorrido histórico, siglos, pero a lo largo del siglo XX está formado por muchos actores sociales: indios, mineros, clase media…, escritores, artistas, políticos (de diversas líneas) e intelectuales. Seres que tomaron conciencia para pensar en la posibilidad de la inversión de un poder opresivo. Una colectividad empeñada en generar una sociedad más justa e igualitaria.

¿Cuál ha sido la respuesta? Muchas fuerzas encontradas. Muchas rupturas. Muchos y complejos interese de por medio. La apuesta por el cambio fue masiva, ese fue su poder. ¿Qué camino se seguirá para mantenerlo? ¿Qué primará en él? ¿La tolerancia o la radicalidad? ¿La reproducción de estructuras opresivas de poder? Siete años después, aún las respuestas no se han dado como muchos las esperaban y aún esperan. Tal vez sea oportuno recordar en este momento las palabras que Alberto Flores Galindo escribiera en una de sus obras más importantes en 1985 [5]: “Las creaciones del imaginario colectivo son instrumentos sobre los cuales los hombres nunca deberían perder el control”.


1     Intelectual-militante con una larga trayectoria de involucramiento con los procesos y movimientos de transformación social. Profesora y directora del Doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador, coordinadora de la Cátedra de Estudios Afro-Andinos y parte del equipo coordinador del Fondo Documental Afro-Andino.

2     Comentario personal.

3     El resaltado es mío.

4     Concepto que nombra a una fuerza capaz de movilizar multitudes. Concepto que según su autor “no aparece de manera espontánea o mecánica en la cultura andina, sino de una reconstrucción y transformación del pasado andino para convertirlo en una alternativa presente… Imaginar un reino sin hambre, sin explotación donde los hombres andinos vuelvan a gobernar” (p.53). Alberto Flores Galindo en su obra Buscando un Inca: Identidad y utopía en los Andes (1985).

5     Alberto Flores Galindo (1985). Buscando un Inca. Identidad y utopía en los Andes”.

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