octubre 27, 2020

Los misiles y el “Pentagonito”

El general Marcelo Antezana, quien es parlamentario por la derechista Convergencia Nacional, debe responder por haber entregado, sin autorización del Congreso Nacional, varios misiles de las Fuerzas Armadas de Bolivia al Departamento de Defensa de los Estados Unidos en octubre de 2005.

De ahí que la decisión de la Asamblea Legislativa Plurinacional de reactivar el caso es oportuna, pues lo que se ha cometido es el delito de traición a la patria, en una clara demostración del grado de sumisión que en el pasado se tuvo a los mandatos estadounidenses.

Hay que recordar que la entrega de esos misiles a los EE.UU., que de forma descarada algunas veces se ha querido mostrar bajo la figura de “devolución”, se llevó a cabo en un momento particularmente crítico para el Estado boliviano, azotado por una crisis profunda desde el año 2000 por la debacle del neoliberalismo, aunque sus manifestaciones más altas se dieron desde febrero de 2003.

En la coyuntura política del segundo semestre de 2005, luego de la renuncia y fuga de Gonzalo Sánchez de Lozada a EE.UU. (octubre 2003) y de la dimisión de Carlos Mesa en junio de 2005, la embajada de los Estados Unidos fracasó en su intento de que la presidencia del país sea ocupada por Hormando Vaca Diez, el presidente del Senado elegido por la Casa Blanca para evitar el colapso final que no se pudo impedir. Una poderosa movilización social del nuevo bloque histórico que se estaba construyendo “desde abajo” le cerró los pasos a la estrategia estadounidense y allanó la posesión del entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Veltzé, actual embajador boliviano ante La Haya, quien convocó a elecciones para diciembre y en las que Evo Morales fue elegido por el 54% de votos.

Pues bien, el Comandante general del Ejército, Marcelo Antezana, no solo es el responsable, junto a otros, del caso misiles, sino que es oportuno que la Asamblea Legislativa Plurinacional investigue el papel del militar boliviano en la presencia de militares estadounidenses en el Cuartel General y las tareas que llevaban adelante. No parece ser una casualidad que a todo el grupo involucrado en el caso y otros los llamen “El Pentagonito”.

Es evidente que los jefes militares de ese entonces deben responder por los delitos que cometieron contra la patria, así como sería positivo que entreguen los documentos de la inteligencia militar que tienen que ver con los golpes de estado desde mediados de los 60.

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