octubre 23, 2020

Políticas de la memoria

A 42 años del golpe militar/civil del entonces coronel Hugo Banzer Suárez, realizado con la complicidad norteamericana y de los sectores de la derecha boliviana, siguen abiertas las heridas y hay deudas impagas con quienes arriesgando sus vidas, lucharon para retornar a la democracia y profundizarla para construir una sociedad más equitativa. Entre tanto ello y ella no reciben ningún reconocimiento oficial, los culpables de las violaciones a los derechos humanos no fueron juzgados y lo más probable es que sigan tranquilos paseando impunes por las calles.

Quizá lo más trágico, al igual que ocurrió con los guerrilleros de Teoponte, sea la secuela de desaparecidos que dejó la dictadura banzerista, cuando se ensañó principalmente contra los sobrevivientes y organizadores de la guerrilla integrantes del ELN a quienes asesinó en Achocalla, y casas de seguridad y luego ocultó sus restos, que aun continúan desaparecidos.

La desaparición forzada es una forma de silencio, de intentar borrar semillas. Recordar a quienes desaparecieron es una forma de devolverles la vida, a la presencia de sus familiares y a la memoria colectiva. Tzvetan Todorov, señalaba con acierto que:”Los muertos demandan a los vivos: recordadlo todo y contadlo; no solamente para combatir los campos (de exterminio) sino también para que nuestra vida, al dejar de sí una huella, conserve su sentido”. Recordar y ser recordado es en rigor de verdad un derecho humano, concomitante a la identidad de una persona. El olvido es su negación permanente; es contribuir a esconder sus restos, a ser cómplices de la represión el gobierno de Banzer

Para vencer nuevamente a Banzer como ocurrió con la masiva huelga hambre de 1978, aún de muerto, es necesario tender un puente, entre el pasado y el presente, para evitar que los mismos hechos se repitan y que queden impunes. Hasta hoy no se han desarrollado en Bolivia políticas de memoria desde el Estado en relación a los desaparecidos; el recordatorio, la lucha contra el silencio ha sido una actividad de activistas de la sociedad civil y familiares; es ya tiempo que el Estado se involucre en la búsqueda de las víctimas de todas las dictaduras militares. No fue en sus manos un error, sino el resultado de una práctica sistemática para eliminar adversarios, culpabilizar a sus familiares y desparramar miedo entre la sociedad. La batalla por la verdad es un combate por la memoria, para deconstruir el recurso al silencio que impera desde las dictaduras militares y que logró traspasar a gobiernos de todas las orientaciones políticas.


*    El autor es historiador
    Correo: keynes73@yahoo.com

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