noviembre 27, 2020

ELLA: formas de feminismos

por: Valeria Silva Guzmán

Angela Davis, comunista y feminista de convicción, decía que se identificaba con el feminismo como método de investigación, pero también de activismo. El feminismo como praxis emancipatoria y denunciante de las formas de opresión en su tarea de generar insumos teóricos –no sólo abstractos- ha tenido la obligación histórica de dialogar con el marxismo, aunque esta conexión dialógica haya estado determinada por las condiciones históricas de cada contexto y por las tan diversas corrientes de pensamiento. Ya Marx en El Capital destruyó con absoluta rigurosidad el mito burgués que pinta al capitalismo como un modo de producción que promueve y protege la libertad y la realización de los derechos y deja en claro que la acumulación originaria del capital corresponde directamente a la expropiación masiva y a la enajenación. De ahí que el DNA de los feminismos de los siglos XIX y XX incluye estructuralmente el avance en el pensamiento crítico propuesto por el marxismo. Evidentemente, los primeros análisis rigurosos que vinculan al patriarcado con la propiedad privada y la división de clases tienen origen en el análisis marxista.

Propongo algunas reflexiones respecto a los feminismos, a las feminidades y a las formas de opresión de género surgidas a partir del Encuentro Latinoamericano de Mujeres “ELLA”, realizado en Belo Horizonte, Minas Gerais, convocado por la Casa Fora do Eixo. En un contexto de género femenino plural convergieron diferentes formas de feminidad, con el común denominador de la opresión de género –acuerdo común-. Pero es vital pensar la genealogía de la opresión de género, opresión que se presente en distintas formas: forma explotación, forma discriminación, forma homofobia, forma persecución.

Cuando se genera el debate entre mujeres populares y diversas queda claro que el feminismo es una necesidad profunda y urgente, no con o por el maquillaje que finge libertad, pues esta forma de feminismo es la que precisamente necesita el modo de producción capitalista para seguir reproduciendo las distintas formas de explotación y de opresión de una clase por otra. El debate entre feministas burguesas/proletarias a finales del siglo XIX y principios del XX parece no haber encontrado consenso. En este sentido, tomar postura al respecto hoy en el siglo XXI es también un acto revolucionario. Aleksandra Kollontai tenía mucha razón cuando planteaba la idea de que sería un infantilismo feminista pensar que todas las mujeres viven la misma opresión y que sería un acto miope pretender que las demandas de un feminista obrera y empobrecida –y/o comunitaria- sean las mismas que las de una feminista liberal e individualista. Y aunque el siglo XXI –y ciertos efectos positivos del posmodernismo- permiten que hoy en día se den espacios de convergencia de las distintas formas de feminismo, es muy importante indagar y explorar los orígenes y los pilares del patriarcado.

Una de las premisas del marxismo a la boliviana -Zavaleta- plantea el método compuesto como metodología de estudio: modelo de regularidad más historia local. Siguiendo esta metodología, el patriarcado latinoamericano no puede ser entendido sin dos componentes: modo de producción capitalista (modelo de regularidad) y colonialismo (historia local). Estos componentes son los que constituyen el entramado de la formación ideológica machista profunda que pretende, además, perpetuarse. Entonces, reflexionar los micromachismos y el patriatacado simbólico y/o encubierto como hechos aislados jamás podrá ofrecer una respuesta ni un consenso que resuelva estructuralmente esta opresión. Del otro lado, una propuesta abstracta y teórica de emancipación femenina no logrará tampoco trastocar las estructuras si no se plantea un activismo material, construido sobre la base de la redefinición de las categorías históricas y sociales aceptadas, poniendo en escena nuevos lenguajes que visibilicen las estructuras ocultas de dominación y explotación patriarcales. ELLA, Encuentro Latinoamericano de Mujeres, ha logrado cobijar de diferentes formas ésta y otras reflexiones alrededor del patriarcado, entendiendo que éste –producto histórico- se presenta imperante en la lucha de clases, en las familias, en los cuerpos y en la sexualidad, por decir algunas. ELLA ha creado la oportunidad de tejer entre mujeres trabajadoras: prostitutas, lesbianas, profesoras, estudiantes, militantes, madres, hijas.

Reducir el feminismo a reflexiones superficiales e intimistas sería hacer al feminismo presa del capitalismo patriarcal. Enfrentarse entre feministas que pretenden incidencia política en el Estado y feministas anarquistas sería también hacer del feminismo un divague servil al statu quo machista. Que el feminismo sume es el reto, que el feminismo que se articula en el siglo XXI no repita el error de la izquierda sectaria es otro gran reto. La acción feminista debe ser parte de la táctica para la estrategia revolucionaria.



*    Marxista feminista
     Twitter: @ValeQinaya

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