noviembre 29, 2020

Consumo exacerbado, burbujas especulativas y el fracaso del D.S. 21060

por: H. Ernesto Sheriff B.

De manera creciente es tema de preocupación el estado del boom de construcción en Bolivia, en cuyas ciudades principales el metro cuadrado en una zona residencial tiene una cotización ampliamente superior a uno equivalente en ciudades como Nueva York o Miami. A ello se suma una fuerte expansión del consumo cuya dinámica ha reforzado la bonanza económica que se vive gracias a la coyuntura externa y a las medidas de demanda agregada ensayadas desde 2007. Si bien la preocupación dará lugar a un importante número de investigaciones en torno a las consecuencias del boom en la inversión en no transables (construcción), al momento de reversión del ciclo de consumo, o a especular de qué forma y cuándo reventará la burbuja; el tema del presente artículo tiene que ver con la pregunta “y por qué llegó recién el boom de consumo?”, “pudo haber llegado bajo el esquema neoliberal que más bien dependía crucialmente de la expansión del consumo?”.

El modelo implementado en agosto de 1985 imponía a la sociedad boliviana un esquema en el cual la inversión privada se constituía en el motor de la economía, una inversión orientada a los mercados externos y cuyas rentas habrían de asegurar una recuperación del nivel de vida paulatino hasta alcanzar niveles de otras economías emergentes. Con una participación nula del Estado o al menos sólo complementaria, el esquema necesitaba salarios reales bajos para asegurar una competitividad externa de la inversión privada. La paradoja surge en que para estimular el consumo interno las ganancias del comercio debieran mejorar los salarios reales y éstos a su vez dinamizar el mercado interno.

En agosto de 1985 las medidas adoptadas frenaron la inflación recién en el mes de octubre (ver gráfico), en el mes de septiembre técnicamente el país aún se encontraba en hiperinflación ya que la liberalización de los mercados decretada el 29 de agosto determinó un reajuste instantáneo de precios, todos hacia arriba, donde ya no había escasez pero sí una abundancia con precios altos. Dado que el DS 21060 vino con un pequeño aumento salarial y la desaparición de bonos y otros ingresos complementarios, el resultado fue que en septiembre de 1985 la inflación de 56% reflejaba una disminución del salario real prácticamente en dicho porcentaje. Es decir, que en el primer mes de vigencia del modelo neoliberal se aseguraron salarios reales bajos que habrían de asegurar la posterior competitividad de las recientemente beneficiadas industrias nacionales.

En octubre de 1985 la inflación ya estaba dominada y la clase media alta vivía un veranillo de consumo con una proliferación de manifestaciones de alto consumo, mientras que los perdedores del ajuste –aquellos cuyo salario real había caído en 56% en un solo mes– se limitaban a sobrevivir como mejor se pudiese, en muchos casos, emigrando al Chapare hacia el floreciente negocio del narcotráfico que a su vez se había visto beneficiado con la posibilidad de lavar sus ingresos en el llamado Bolsín. Ese mismo mes, el precio del estaño colapsó hasta el extremo de que las cotizaciones de este mineral desparecieron por varios meses, el entonces ministro de Planificación Guillermo Bedregal, justificó con este suceso la expansión de la emisión del Banco Central para cubrir los gastos fiscales. Es decir, que la “maquinita” de imprimir billetes fue reencendida en dicho mes provocando un nuevo y fatal rebrote inflacionario (ver gráfica en PDF adjunto en el siguiente enlace: https://www.la-epoca.com.bo/portada/1401737121/digital/#/21/zoomed).

En noviembre de 1985, mientras el BCB imprimía billetes a marchas forzadas, la golpeada economía no pudo siquiera reaccionar a ello. La tasa de inflación se mantuvo dentro de límites bastante alejados de la definición de hiperinflación, pero la misma hizo explosión en diciembre de 1985 cuando las obligaciones vinculadas al pago de aguinaldos, obligaron al BCB a mantener un nivel de emisión hiperinflacionarios. En diciembre de dicho año la tasa de inflación alcanzó (en un solo mes) la friolera cifra de 17% determinando una nueva caída del salario real que desde el 29 de agosto ya había sido mermado en 74.6% deprimiendo de manera definitiva al grueso de la población por espacio de casi 20 años. El golpe de gracia vino en enero de 1986 cuando la tasa de inflación alcanzó el 33% MENSUAL pulverizando la capacidad de compra de los salarios.

Los ajustes salariales se enmarcaban en la libre negociación entre partes y los reajustes oficiales sólo eran aplicables al salario mínimo. Por lo tanto, en todos los años posteriores a enero de 1986 la tasa de reajuste salarial promedio menos la tasa de inflación era casi igual a cero, es decir, que los incrementos salariales apenas compensaban (si acaso) la tasa de inflación pasada, pero no hubo un solo reajuste que compense los meses transcurridos entre septiembre de 1985 y enero de 1986.

Con un salario tan deprimido las industrias locales que habrían de ser el motor de la economía, no alcanzaron competitividad, ni siquiera con eso. La inversión no llegó, los precios de las materias primas no aumentaron, dando como resultado un largo periodo de economía deprimida con bajos salarios reales y un consumo interno consecuentemente reducido al mínimo.

Tal vez un factor que explique el boom de consumo actual sea que los salarios reales hayan aumentado significativamente en el periodo 2007 – 2014, que sumados al consumo reprimido descrito anteriormente, determinen tasas de consumo anormalmente altas que dinamizan la economía en el corto plazo pero comprometen su sostenibilidad en el largo plazo en ausencia de inversiones de relevancia en el área productiva.

Con salarios reales deprimidos en 80% en menos de 6 meses, se indujo un estado de economía colapsada que imagino no era el objetivo del modelo neoliberal. La estabilización solapada que ensayó en esa época la alianza ADN-MNR (en ese orden) determinó la expulsión inmediata del ministro de planificación que fue trasladado al ministerio de Relaciones Exteriores al tiempo que era cambiado el presidente del BCB y se emitieron una serie de decretos que limitaban al BCB de volver a transferir indiscriminadamente fondos al TGN. Ese 15 de enero de 1986 se produjo esa estabilización, que no contenía medidas salariales complementarias, se re estabilizó la economía pero esta vez con salarios reales deprimidos. Ningún tipo de medida no fiscal habría de sacar a una economía sumergida en un alto desempleo con salarios al nivel de trampa de liquidez. Ese fue el fracaso del D.S. 21060 a pocos meses de su implementación. Quienes se jactan o adjudican su diseño no entiendo por qué lo hacen, fue un fracaso.

Por supuesto que existen lecciones para esta coyuntura que tiene el signo contrario con alzas del salario real incluso por encima de su equilibrio, políticas fiscales expansivas aún cuando ya estamos en pleno empleo, bajos estímulos a la inversión productiva y al ahorro y, gran despilfarro no sólo privado también estatal reflejado en inversiones no rentables, satélites no productivos, y discrecionalidad desmesurada en la política tributaria. Todavía existe la opción de efectuar un aterrizaje lento y suave antes que la burbuja estalle por sí sola, como la historia nos enseñó que siempre lo hace.

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