diciembre 4, 2020

La búsqueda de una reforma de las instituciones financieras

por: Luis Armando Córdova 

La crisis financiera del 2008 representó el desgaste del sistema capitalista a nivel global, la crisis que generó un efecto domino en las economías más desarrolladas en el mundo y abrió el debate para el cuestionamiento de los excesos de la industria financiera norteamericana y la falta de regularización estatal con la misma. Es lógico que la crisis tenga sus connotaciones negativas y devastadoras, sin embargo, toda situación crítica demanda una oportunidad de cambio para revertir tal situación, una situación que exige una reforma en el sistema financiero mundial, en las instituciones financieras y en rol del Estado en una política globalizada. Desde Bolivia y su presidencia pro-tempore del G77+China, la actual crisis del capitalismo produce un cuestionamiento a las estructuras del sistema económico y financiero capitalista, el nuevo poder de los bancos y el poder financiero mundial responsable de la pobreza y el hambre de los pueblos. Las instituciones financieras que han venido a ser los consultores de procesos en los cuales los Estados administran sus finanzas y riquezas se ven comprometidos a pasar por reformas, dado que muchas de sus recetas y financiamientos no han sido del todo productivos sino dañinos y anabolizantes de crisis estatales.

Uno de los ejes temáticos en la actual cumbre del G77+China, por ejemplo, tiene que ver con la reforma de las instituciones financieras. Desde la Relaciones Internacionales se pretende explicar cuál es la naturaleza de estas instituciones y que efecto generan en los actores implicados en la política global, para esto existen tres perspectivas explicativas con relación al tema. Por un lado se encuentras los institucionalistas que son muy optimistas del actuar de las organizaciones internacionales en las relaciones a nivel globo, las instituciones, específicamente financieras, son las más certeras a la hora de suavizar las brechas y las fallas en las operaciones de los mercados, además aseguran que los Estados difícilmente pueden actuar de manera genuina y racional a la hora de cooperar. Los institucionalistas a su vez galardonan el carácter supranacional de las instituciones internacionales, donde se demuestra que el Estado tiene limitaciones claras en diversos campos, donde carece de gestión para solucionar los problemas y necesidades. Desde una perspectiva diferente, los realistas y sobre todo los neorrealistas se oponen al argumento de los institucionalistas, pues consideran una falacia el hecho de que las instituciones y organizaciones internacionales tengan un origen a partir de ser la solución a problemas mundiales o fallas en la economía, finanzas y el comercio, los realistas y neorrealistas aseguran que las instituciones están para defender y reflejar los intereses de los Estados más poderosos y hegemónicos del sistema, por tanto la cooperación y las instituciones están en gran medida subyugadas al cálculo de poder. Las instituciones internacionales, incluyendo las organizaciones como el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G8 y la Unión Europea, gestionan la globalización, pero en los intereses de sus miembros más poderosos. Por último los constructivistas rechazan la idea de que las instituciones reflejan el cálculo racional de los Estados ya sea dentro de la competencia interestatal (realistas) o como parte de un cálculo de las ventajas y beneficios de la cooperación económica a largo plazo (institucionalistas). En cambio sostienen que las instituciones surgen de las interacciones, el dialogo y el discurso, donde los Estados cambian y estos cambios se pueden reflejar en las instituciones. Por ejemplo, cuando los grupos transnacionales protestan contra la OMC, el FMI y el Banco Mundial, que son parte de un diálogo permanente que afecta a los Estados de varias maneras, la atención internacional sobre estos temas, los coloca en la agenda de las organizaciones internacionales en las reuniones multilaterales. Como resultado, las creencias, ideas, y la concepción de intereses en las relaciones internacionales cambian y esto puede variar la atención, naturaleza y las funciones de las instituciones internacionales.

Instituciones como el FMI y el Banco Mundial ya han venido aplicando reformas de orden estructural en su interior y en su forma de actuar, algunos consideran que el año 2010 fue el año de la mayor reforma para el FMI y el Banco Mundial, esto debido a que se establecieron cambios fundamentales en la estructura de gobierno de ambas instituciones, en la forma de préstamos de dinero más flexibles y una mayor influencia en la toma de decisiones a los países en desarrollo, además de la introducción y el acomodo de las instituciones a los cambios históricos, considerando que estas deben estar a la altura de las constantes transformaciones del mundo en la actualidad. Las reformas estructurales que se han venido dando en las instituciones financieras, luego de la crisis del año 2008, siguen siendo todavía de forma más no de fondo, desde la disciplina de las Relaciones Internacionales nos es propicio mencionar que la reforma al sistema financiero global y sus actores guarda bastante relación con un cuestionamiento al modelo neoliberal que se impregna en sistema financiero. Desde la ideología neoliberal y basándonos en que los institucionalistas conciben sobre las instituciones, la existencia de las mismas que regulan las finanzas y facilitan el dinero a los países que lo necesitan, promueven el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y las desigualdades. En la práctica las instituciones financieras, como lo habíamos mencionado anteriormente, generan condiciones de préstamos a los países deudores que tienen que ver con ajustes macroeconómicos al país deudor, en muchos casos estas condiciones terminan siendo un conjunto de políticas impositivas que giran en torno a la privatización de servicios sociales básicos acompañada de vulneración de derechos básicos, como el acceso al agua o a la educación, violaciones contra la soberanía de los pueblos e incremento del poder de las grandes transnacionales. Las políticas socioeconómicas que aplican las instituciones responden en algunos casos a estándares de la economía neoliberal que busca el crecimiento económico y no un desarrollo humano y sostenible que tenga que ver con las necesidades de los países más necesitados o subdesarrollados.

Por otro lado se considera que estas instituciones son de carácter público y están en manos de los representantes de gobiernos de todo el mundo y responden a los intereses de la mayoría de la población, sin embargo esto no quita la imagen opaca de las instituciones financieras, dado que se ofrece mucha información pero se trabaja a puerta cerrada y entre pocos, este hecho ha sido en muchos casos la punta de lanza de la crítica ciudadana y los movimiento sociales transnacionales

Desde nuestra perspectiva consideramos débiles y superficiales las reformas que se han venido dando a nivel institucional, puesto que es necesario replantear la ideología que sirve de soporte al actuar fundamental de las mismas, al considerar la existencia de una mayor pluralidad de actores en el sistema internacional, es necesario democratizar las instituciones de cualquier orden, más aun de aquellas que representan un carácter global, por otra parte los países en desarrollo deben seguir uniendo fuerzas para replantear modelos de desarrollo y definir los puntos específicos de agendas para los próximos años, los problemas se sitúan y surgen en los países subdesarrollados y sería beneficioso que los mismos sugieran los asuntos más trascendentales a la hora de construir una agenda, el G77+China tiene la responsabilidad y oportunidad histórica de convertirse en el mejor ejemplo para representar las necesidades de los países en desarrollo y del sur. Es saludable que los Estados sean responsables con su sociedad y los instrumentos que le otorgan legitimidad, la regulación financiera de la industria financiera que es imperante en la economía de cada país debe ser una responsabilidad Estatal a fin de evitar crisis catastróficas y velar por la seguridad del capital y el ahorro de sus habitantes. No es utópica la idea de disponer de un sistema con instituciones financieras regionales más democráticas y con la participación de la sociedad civil, esto considerando que en la nueva forma de concebir las relaciones internacionales y la política global, el individuo es considerado un actor fundamental, por otra parte estas instituciones regionales comprenderían y conocerían a mayor cabalidad la situación real y las necesidades de sus países miembros. Las reformas puedan estar dándose en las instituciones, pero mientras las percepciones de descontento de la sociedad civil, los movimientos sociales y los países en desarrollo sigan vigentes serán un motivo real de que las instituciones financieras experimentan reformas en lo superficial y no así de fondo.


* El presente trabajo es la síntesis de otro más largo que será publicado en el libro titulado La construcción de un Orden Internacional Decolonial y el Vivir Bien. Los desafíos de la Agenda Postmilenio

** Licenciado en Relaciones Internacionales, profesor de Historia Colegio Saint George.

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