diciembre 5, 2020

Ensuciar el juego

En la jerga futbolera, se denomina así cuando un equipo malo, que no le achunta una bola al arco y sabe de entrada que va a perder, se dedica en lugar de jugar a patear al rival o a insultar al árbitro, buscando por todos los medios que el partido se suspenda, expulsen a sus jugadores para dejar la cancha y, cuando al final no logra sus objetivos y termina goleado como tenía que suceder, le echa la culpa de su derrota al árbitro o a la cancha porque parecía un potrero o a la pelota que no era tan redonda como debía, pero nunca admite la superioridad del rival que le propino la goleada.

Eso es precisamente lo que pretende hacer la oposición, no para evitar una derrota estrepitosa sino para justificar su ineptitud de generar liderazgo, su carencia de propuestas y, desde luego, su incapacidad de enfrentar al gobierno con “juego limpio”.

Desde el inicio mismo de la contienda electoral, en lugar de llevar propuestas al pueblo boliviano, se han dedicado a mentir, a tergiversar la información, a manipular desde los medios, a atacar y descalificar al Tribunal Electoral.

Están conscientes de que serán derrotados en las elecciones del 12 de octubre y como no tienen las condiciones para jugar limpiamente, se dedican a insultar y mentir. Las evidencias de esto están a la vista. Que habrá gasolinazo, que se disparará la inflación, que nunca existió nacionalización, que existe corrupción en el gobierno, son algunos de los inventos de la inepta oposición con los que, con la habitual ayuda de la enorme cobertura de los medios de comunicación “independientes”, pretenden confundir a la población y aminorar la paliza electoral.

Por si acaso esta forma de jugar no de resultados, como hasta ahora, entonces queda el argumento de descalificar al árbitro, aunque esto también se lo hizo desde antes de que se inicie la contienda. Con amenazas de juicios que nunca se presentan realmente, denuncias en contra de las autoridades electorales sobre sus supuestas vinculaciones partidarias, observaciones al padrón electoral y otras triquiñuelas ya conocidas por la ciudadanía, pretenden poner en duda el proceso.

Pero ya nadie les cree; sin embargo pensé en algún momento reconocerles su creatividad, ya que permanentemente les surge una nueva mentira que, de tanto repetirla, pretenden que el electorado se las crea y haber, si por ahí, le bajan uno o dos puntitos al candidato ganador en los resultados finales.

Aunque, como siempre, no todo lo que brilla es oro (más parece cemento), no habían sido tan creativos como parece, ya que las líneas de este accionar las reciben desde Miami, como lo ha puesto en evidencia el columnista del diario de los gusanos de Miami, Andrés Oppenheimer, quien sin empacho, en su columna del 11 de septiembre califica al proceso electoral boliviano como “farsa electoral” y “fraudulento”, sin nada que lo sustente que no sean las declaraciones de uno de los opositores tradicionalmente perdedor y, concluye afirmando que más allá de que las elecciones sean limpias o no, estás son “un chiste”.

Todo queda claro, ahí es donde apunta la oposición en este juego electoral. Solo quiere ensuciar el juego, sabiendo que perderán por goleada.


* osilvaf@bolivia.com

Twitter: @oscarsilvaf

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