diciembre 3, 2020

Brasil y el futuro de Latinoamérica

por: Carlos Rang

Una restauración neoliberal impactaría sobre los procesos de integración regional y las fuerzas multipolares, pues como dijo Henry Kissinger, “donde se incline Brasil se inclinará América Latina”.

Los gobiernos progresistas de la región llegaron a ocupar la posición que detentan con las reglas de la democracia burguesa y deben someterse al juego de sus elecciones cada 4 o 6 años. Si bien bajo estas condiciones casi ningún candidato de los llamados progresistas perdió elecciones presidenciales, hoy muchos llegan a dicha instancia con gran desgate y otros ya no se pueden presentar. También hay que aclarar que estos gobiernos tienen un sinnúmero de contradicciones, muchas limitaciones y que los avances y permanencia dependen de generar una correlación de fuerzas favorable y -en gran medida- de los alcances de su integración, unidad y complementación con los otros países de la región. Cabe agregar aquí la necesidad de profundización en sus reformas, que deben ser cada vez más estructurales y de neto corte antiimperialista, para que las mismas no se agoten y se diluyan en las contradicciones del capitalismo.

En su momento advertimos que en la región se estaba produciendo cierto estancamiento de los procesos de integración soberanos, producto de la contraofensiva del imperialismo y de las clases dominantes locales. Como ejemplo de ello citamos, entre otros, los golpes de estado producidos al corazón de los territorios del ALBA y la UNASUR (Honduras y Paraguay), la desaceleración económica, la desaparición física de líderes regionales, la desestabilización de Venezuela (que parece haberse convertido en un gran laboratorio de guerra de baja intensidad), el golpe de mercado más el ataque de los fondos buitres en Argentina. La aparición de la propuesta de regionalismo abierto de la Alianza del Pacífico, sumado al hecho de que en los países del Atlántico prima mucha veces la visión del mercado, producto de la fuerza de los actores económicos que determinan la correlación de fuerzas interna, generando disparidades, asimetrías, disputas comerciales entre los socios que conforman el Mercosur, que ven la integración política económica con propósitos de negociar con otros bloques (Unión Europea), o que prefieren participar del armado del Banco del BRICS al del Banco del Sur.

Por eso el resultado de cada proceso electoral no sólo pone en juego el futuro del país donde se desarrolla, sino que impacta sobre el conjunto del bloque regional y de las alianzas internacionales.

Cuando la contienda electoral se produce en Brasil, el impacto es mucho mayor. Hoy, con el desarrollo de la primera vuelta electoral, no sólo se está poniendo en juego el destino del pueblo brasilero, si no del Multipolarismo Mundial y los proyectos soberanos de integración suramericana.

Con los conteos de la primera vuelta el PT con su candidata Dilma Rousseff obtuvo el 41,6% de los votos, que no le alcanzaron para asegurarse cuatro años más en el Palacio del Planalto; el socialdemócrata sorprendió al reunir el 33,6% y Marina Silva quedó tercera, con 21,3%; el ballotage será en tres semanas el día 26 de octubre.

El gobierno del PT, con 12 años de permanencia, a pesar de ser claramente administradores de la estructura y el orden capitalista, encontró la forma de aplicar políticas públicas para paliar el hambre y la miseria, es decir intentar el crecimiento con inclusión social y con generación de empleos. Si bien el crecimiento del PBI este año será pequeño (del orden del 1%), muestra muy buenos índices de desocupación: el de agosto último fue del 5%.

Sus principales rivales son claros representantes del neoliberalismo, por ejemplo Aécios Neves (PSDB) es heredero y defensor del legado neoliberal de Fernando Henrique Cardoso, que en su gobierno puso de rodillas a Brasil ante el FMI, con un desempleo del 12,5%, con la tasa de interés que superó todos los records y llegó al 45% anual y una fuerte recesión.

Marina Silva (PSB) que era promocionada y financiada en su campaña por la millonaria Neca Setúbal, dueña el Banco Itaú, proponía en materia de política financiera otorgar autonomía al Banco Central Brasilero negándole al estado el control y regulación de su política monetaria y dejando la misma a merced de la especulación del mercado. Silva aquí coincide plenamente con los capitales financieros angloamericanos. Su discurso ambientalista de protección de recursos sin actuar sobre los mismos y desconectado de los problemas sistémicos, le vendría como anillo al dedo a las corporaciones energéticas, ya que uno de los últimos descubrimientos de Petrobras en materia petrolera, el Presal, no sería explotado, prohibiendo al estado soberano su usufructo. También generaba una gran duda sobre lo que pasará con el pulmón de la Amazonia, con sus riquezas y biodiversidad, ya que Beto Albuquerque, su candidato a vicepresidente, fue uno de los defensores de la empresa Monsanto en la Cámara de Diputados.

Los grandes estrategas de las corporaciones intentarán que en la segunda vuelta electoral se sumen todos los votos de los rivales (PSDB- PS) contra su enemigo principal el PT, como ya lo anunciara el ex presidente Fernando Henrique Cardoso: “Si hay segunda vuelta necesariamente los que están en la oposición tendrán que apoyarse los unos a los otros”.

Una alianza entre estas dos fuerzas políticas PSDB y PS claramente representa la restauración neoliberal. La llegada al gobierno de estos intereses tendría fuerte impacto sobre Brasil, el Mercosur –UNASUR-CELAC y demás Bloques emergentes que conforman las fuerzas multipolares, ya que en materia de integración proponen consolidar una propuesta de regionalismo más abierto, como es el de la Alianza del Pacífico, para dar respuesta a la política que vienen solicitando los grandes monopolios trasnacionales a través de sus medios de comunicación, mientras los mecanismos de integración más soberanos son sistemáticamente criticados. De esta manera intentan construir, en los más amplios sectores de la opinión pública, una visión negativa, mostrándolos como acuerdos de gobiernos autoritarios donde reina la inflación, la inseguridad y la corrupción., sobre todos en países como Argentina y Venezuela.

Lo intereses que representa el candidato Aécios Neves (PSDB) junto al (PS) Marina Silva darían prioridad en sus relaciones internacionales a los países con alto grado de desarrollo y sus corporaciones, por ser estos grandes mercados, de donde provienen las grandes fuentes de inversión y el acceso a la alta tecnología; priorizan asociarse a éstos porque son “democráticos” y “grandes defensores de los derechos humanos”. En contraste, los países de América del Sur, serían mercados que no valen la pena por su tamaño, por no poseer el componente tecnológico necesario; serían políticamente inestables, con inseguridad jurídica para las inversiones, sin libertad de prensa, donde no se respeta la propiedad y los derechos humanos.

Ingresar a la Alianza Pacífico es ir hacia proyectos de recolonización global como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP) que otorga derechos ilimitados a las corporaciones en sus inversiones y en la solución de sus controversias. Tendencialmente sienta las bases para el nuevo orden y la gobernanza global que serían letales para las economías de los estados emergentes ya que nos asignan el papel eterno de países subordinados, proveedores de mano de obra barata y de materias primas, reprimarizando mas aun nuestras economías.

Aécio Neves intentará derogar la cláusula que impide a los países que integran el MERCOSUR firmar acuerdos con otros bloques, así Brasil puede avanzar con los acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y con Estados Unidos. Los intereses de las grandes corporaciones empresariales brasileras, con sus medios de comunicación, refuerzan esta idea de la negociación de un acuerdo entre la Unión Europea y el MERCOSUR como salida para una mejor inserción a las grandes cadenas productivas globales.

Por eso, el triunfo de Aécio Neves y sus aliados, podría significar el fin tanto del MERCOSUR como de la posibilidad del desarrollo autónomo y colectivo, para -a partir de allí- construir un bloque de poder económico- político- estratégico en América del Sur, que pudiera transformarnos en un polo soberano en el Mundo Multipolar.

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