noviembre 26, 2020

Perspectivas y nuevas coyunturas

por: Max Murillo Mendoza

Las elecciones del 12 de octubre dejan el mensaje claro de profundización del proceso de cambio. Eso es de continuidad, ojalá de radicalización en el sentido de encontrar sus vertientes más genuinas, que le dieron legitimidad allá en el año 2.005. Pero, por otro lado, existen varios mensajes también muy claros. Más allá de la coyuntura electoral, que dará mucho material para interpretar y teorizar, tenemos que leer lo que se viene, más allá de los mensajes que están en mesa, más allá de lo evidente. Ahí veo un rico material prometedor y en potencia, que hay que explotar y experimentar abiertamente, porque esos signos definirán el futuro de este proceso de cambio. Voy entonces con esas sospechas.

El país exige un cambio de liderazgos y de generación con urgencia. La generación de los años 70 y 80 del anterior siglo ha llegado a su límite, no tiene más que ofrecer al país sino más de lo mismo y aburrido. Sus partidos políticos que respondían a un modelo de recuperación de la democracia, son obsoletos y sus discursos no han cambiado cuando el país se dirige a otros derroteros, más exigentes, más desafiantes y cruciales. No todo fue un desperfecto como generación ( a pesar de mis sensaciones), porque sus tareas de recuperación de la democracia, como espacio de formas políticas participativas, han sido cumplidas. Y de alguna manera estamos viviendo los sueños de esa generación. Las nuevas tecnologías y las revoluciones cibernéticas en general, han modificado substancialmente el pensamiento de los jóvenes, de lo que se llama la generación de la democracia, pues no conocieron la dictadura y poco les interesa el profundizar esa época, sino como solidaridad de época. La generación de la democracia exige un nuevo modelo de liderazgos, de pensamientos en redes y de propuestas más veloces como versátiles. En la práctica es la construcción de instituciones, de oportunidades y estabilidad profesional como económica, y menos discursos. Ese tipo de pensamientos coinciden con los enfoques holísticos, de cadenas interrelacionadas en todas las ciencias. Por eso el divorcio entre las universidades, que están en manos de la generación obsoleta de los 70 y 80, y la generación de la democracia es realmente enorme. Porque nuestras universidades no responden a los nuevos desafíos del país, peor del mundo. Los vejestorios arcaicos que fungen de docentes, son el principal obstáculo de la ciencia y el conocimiento actual. Esa posta tiene que ser cubierta con urgencia con gente joven, más dinámica y prometedora. La apuesta de los jóvenes por el proceso de cambio contiene esos condimentos más institucionales, de construcciones y aperturas de oportunidades. Para los jóvenes, la estabilidad económica es síntoma de esperanzas y por fin planificaciones futuras de estudios, desafíos y sueños a largo plazo, aspectos que no hemos conocido las anteriores generaciones, sino crónicas desestabilizaciones e incierto futuro económico.

La arrasadora victoria de la propuesta vigente, conlleva otro mensaje claro: exige al conjunto de las sociedades profundizar los cambios de mentalidades. Esas mentalidades racistas y pigmentocráticas, que son lamentablemente parte de nuestro ser, de nuestras idiosincracias y cotidianidad. Enfermedades mentales coloniales, de ver a nuestras culturas como inferiores y atrasadas, y a las supuestas culturas superiores gringas como los esquemas a seguir y copiar. Visiones que han hecho daño en la convivencia de nuestras culturas. De la misma manera en los procesos educativos y sociales. Eso en la práctica es nacionalizar nuestras maneras de ver las instituciones (ongs, iglesias, instituciones educativas, etc.), donde todavía los extranjeros son los reyes y mandamases que en muchos casos no entienden el tipo de país en que se encuentran. Y no aportan en las visiones de país que tenemos, sino bloquean y dificultan nuestros procesos y avances. No por culpa de ellos, sino por temas de mentalidad y costumbres. Muchas instituciones manejadas por extranjeros, consideran a esas instituciones mini estados, que pueden hacer y decir lo que les venga en gana, en varios casos sin respetar en absoluto nuestras leyes y costumbres. En esas instituciones los bolivianos, o los nativos, no tienen ninguna capacidad de disentir y pensar distinto, lo que es más intolerante y dice mucho de esos supuestos portadores de soluciones en nuestras regiones. Esperemos que las turbulentas aguas de los malos entendidos, entre sectores de la cooperación y el Estado pasen, porque lo ideal es la coordinación de esfuerzos y la coordinación de proyectos. Los cambios en las mentalidades sigue siendo un mensaje constante.

Es cierto que existe un núcleo duro de la ultraderecha, de la oligarquía más rancia y señorial, que se ha expresado en la votación al cementero Doria Medina. Está claro que dichas mentalidades de la derecha y la ultraderecha siguen vigentes. Han optado por seguir disputando los espacios de poder del actual proceso. Sin embargo lo hacen desde sus tradicionales procedimientos, nada modernos ni liberales, sino patronales y decimonónicos. Pero están presentes y su terquedad debe ser estudiada y atendida. Sectores que por supuesto no desmayarán en sus ansias de retornar a sus glorias del pasado neoliberal y patronal. Es decir, a pesar del mensaje contundente del 12 de octubre, estos sectores no se rendirán a dejar de pelear y disputarse los espacios perdidos, porque consideran por sus actos que este país todavía les pertenece.

En suma es importante leer y releer la participación de enormes agrupaciones de jóvenes, de los hijos de la democracia. De mujeres, de clases medias que pienso ya han definido su opción del tipo de país que tenemos que ser. El llamado sector duro, que son las organizaciones sociales indígenas, campesinas y obreras, no claudicarán en sus mandatos y derechos; aunque bajen la guardia un poco, continuarán siendo la garantía de este proceso. Son los sectores con capacidad de paralizar el país si es que la oligarquía jugará cartas peligrosas, son los sectores que pueden inmediatamente contrarrestar a cualquier aventura en contra del Estado Plurinacional. Por eso me parece de crucial importancia la incorporación masiva de jóvenes y clases medias, que son y pueden profundizar la parte operativa del proceso: profesionales, técnicos, servidores públicos. Sectores claves a la hora del funcionamiento institucional y maquinaria compleja del Estado. En estos sectores el trabajo de cuadros militantes y conscientes es el mayor desafío por delante.

En todo el continente hay una contraofensiva de la ultraderecha, del capital financiero y de los oscuros poderes políticos del imperio. No es casual lo de la Argentina, Venezuela y Brasil, donde a pesar de los errores internos, son las presiones de las oligarquías financieras más poderosas las que están empujando a la derrota de esos procesos sociales progresistas. No tenemos porqué ser ingenuos y triunfalistas. Que el triunfo del 12 de octubre, sea también el mensaje de un trabajo más consciente y sacrificado para profundizar nuestros sueños. Lo que nos queda por hacer es demasiado, seguimos siendo un país pobre y con carencias sociales terribles. Esa perspectiva no debe hacernos olvidar de los más humildes y pobres, quiénes siguen esperando que los cambios les toque a ellos, a su vidas, a sus bolsillos y sus sueños. Sólo así veremos realmente cumplir las promesas de nuestro Proceso de Cambio.

La Paz, 15 de octubre de 2014

Be the first to comment

Deja un comentario