noviembre 28, 2020

Una reflexión crítica de la delincuencia: economía, organización y cultura

por: Sidney Valdez y Ariel Ibañez

Este breve artículo pretende dar una lectura crítica de la creciente delincuencia que aqueja a la sociedad boliviana. La principal motivación, y en lo que pretendemos enfocarnos, es en la “trata y tráfico de personas”. Los casos de secuestros de personas, que en su mayoría son mujeres, niñas y niños se han incrementado considerablemente en las zonas urbanas de las principales ciudades del país. El manejo cotidiano de esta información ha perdido la dolencia ante las personas involucradas en estos hechos y lastimosamente han caído en titulares amarillistas. Nosotros resistimos esta práctica fuera de toda ética y solidaridad con las personas que sufren estos males. Entonces, conscientes de que cada caso de víctimas de la delincuencia, y en particular la “trata de personas”, son temas profundamente personales que aquejan a múltiples familias, nos disculpamos de antemano por tratar este tema de forma impersonal y “objetiva”. De este modo, nos solidarizamos y conmovemos con todas las personas y familias que sufren de estos vicios de la sociedad.

Advertimos que las deducciones y opiniones de este artículo son una lectura parcial del problema de la delincuencia, que en absoluto es un tema mucho más complejo e integral. Por tanto, sólo pretendemos dar mayores elementos de juicio al debate social que amerita el problema.

El subdesarrollo, la miseria y los vicios

Si vamos a abordar los vicios de la sociedad, como es la trata de personas, empecemos con una reflexión crítica de la economía política clásica. Los clásicos tuvieron el mérito de identificar que ninguna población puede incrementarse en número más allá de los alimentos con los que dispone. El problema se presenta cuando esta correspondencia es quebrada, y además, los medios de subsistencia son escasos e insuficientes para los nuevos habitantes. En consecuencia, serán la miseria y el vicio en la sociedad los mecanismos que medien el restablecimiento de la correspondencia entre los alimentos y la población. La miseria implica que cada individuo de la sociedad tendrá a su disposición muchos menos alimentos para su sustento, y el vicio hace referencia a los paliativos más inhumanos ante la pobreza, por ejemplo la delincuencia e incluso las guerras. (Malthus, 2000 [1798])

Ahora bien, en una sociedad igualitaria la ruptura de esta correspondencia afectaría por igual a todos sus habitantes, y en un caso extremo se llegaría a la miseria generalizada. No obstante, en sociedades desiguales, como las capitalistas, son los estratos más bajos de la población los que sufren este problema. Cuando las capas inferiores de la sociedad son mayores en número que los medios de subsistencia, el incremento de la oferta de trabajo hace que el poder de compra de los salarios se reduzca. A su vez, el incremento en la demanda de los alimentos genera la inflación de los bienes de subsistencia en el corto plazo. Por tanto, son las masas de trabajadores, y sus dependientes, los más afectados por la miseria [1].

Con el supuesto, totalmente objetable, de que la población crece más de prisa que los alimentos a su disposición, los clásicos validan erróneamente el sistema de propiedad y la desigual distribución de los medios de subsistencia. Su argumento, dado que se supone a la miseria inevitable, es que con el surgimiento de los vicios se desarrolla el egoísmo y la propiedad privada. Así, según ellos, la desigualdad es “natural”, y el peso de la miseria sobre las capas inferiores es necesario. No obstante, contemporáneamente el supuesto del cuál parte este razonamiento ya no es válido, dado que los ejemplos del crecimiento exponencial de los medios de subsistencia producto de la tecnología abundan. En consecuencia, el problema ya no es solamente la insuficiencia de sustento para la creciente población, sino también la distribución del mismo.

Luego de este breve examen crítico, es evidente que los países subdesarrollados son los más propensos a generar miseria y vicio en sus sociedades, por carecer de la capacidad suficiente para garantizar sustento a sus habitantes. Si pensamos en el sistema capitalista mundial, el estrato más bajo se encuentra en la periferia, y se compone de grandes masas de asalariados, subocupados y desocupados. He aquí la población más propensa a la práctica de vicios como la trata de personas y el narcotráfico. Por esta razón, no es de extrañar que estos grupos de antisociales formen redes internacionales.

A su vez, los países subdesarrollados se ven doblemente vulnerables a los vicios por el problema de la distribución. Primeramente, la distribución internacional que enfrenta a naciones ricas con consumo de derroche, y naciones pobres con consumo de subsistencia. Paralelamente, en su estructura productiva interna los países subdesarrollados se caracterizan por mecanismos insuficientes de distribución funcional del ingreso. Por tanto, ambos efectos de la desigual distribución repercuten e incrementan la propensión hacia las prácticas antisociales de la población vulnerable.

Capital Social versus Capital Antisocial

En la actualidad el debate sobre el significado del capital social no ha llegado a una síntesis, sin embargo, para nuestro cometido, vamos a considerar que éste tiene como fundamento el consenso entre individuos que se organizaran para formar una sociedad. De este modo, debemos entender como hechos fundacionales a la confianza, al desarrollo de reglas o normas de comportamiento asociados a este consenso y a los criterios de justicia sobre la distribución de ingresos. (Morales, 2012)

Los hechos citados junto con atributos individuales de esfuerzo, generan la capacidad de obtener mejores resultados de los que se podrían lograr sin conformar una sociedad. Un ejemplo patente de lo mencionado es el desarrollo de instituciones [2] sólidas que se manifiestan en respuesta a las necesidades de la sociedad, procurando buenas relaciones entre individuos, donde su organización y la expresión de su cultura, conserven el buen entendimiento, generalizando las relaciones de confianza y solidaridad.

De allí, la formación de capital social tiene una relación positiva con el desarrollo socioeconómico de las naciones, tal es el caso de los países del primer mundo, donde la expresión de su cultura ha fomentado la educación como transmisión de un sistema de valores y un marco jurídico consistente entre los ciudadanos, y entre ellos con el Estado; como la gobernabilidad. Estas buenas relaciones repercuten en su desarrollo económico, por mejorar las condiciones de vida de sus habitantes en cuanto a una buena distribución de ingresos, seguridad ciudadana referida a la garantía del cumplimiento de los derechos de los individuos, seguridad alimentaria, educación, salud, medio ambiente y políticas sociales venidas de parte del Estado en su conjunto.

La deficiente cultura de diálogo, la desconfianza y la percepción de injusticia por la desigual distribución de los ingresos, generan conflicto social que acarrea, entre otros, criminalidad organizada; entendida como un emprendimiento económico para el cual se desarrollan actividades hechas por grupos estructurados de individuos, que actúan durante un periodo de tiempo con el propósito de obtener un beneficio de orden material y económico. (Fiorentini & Peltzman, 1995)

Las características de esta organización entre personas que buscan beneficios individuales a costa de infringir la ley y los convenios sociales, también forman un capital social, pero adverso a la sociedad misma, denominada para este artículo como capital antisocial, la cual empodera la organización delincuencial sesgando la distribución de los ingresos, por la desconfianza entre ciudadanos, y va contra las instituciones como el sistema de seguridad ciudadana.

Oportunidades de Bolivia para combatir la delincuencia

Para superar los vicios sociales, los países subdesarrollados tienen como una tarea esencial, el crecimiento económico, y además por carecer de mecanismos eficientes de distribución, deben generar acuerdos sociales redistributivos.

Simultáneamente, en el sistema capitalista mundial la producción de medios de subsistencia no es más un problema de insuficiencia de capacidad productiva, sino de decisión política de las naciones respecto a la redistribución de recursos y riqueza. Los centros y la periferia son dos caras distintas de la misma moneda. Solucionar la miseria de las grandes masas de población y el incremento inhumano de los vicios en la sociedad implica necesariamente un nuevo acuerdo sistémico e internacional, que tiene como base la reestructuración del sistema de propiedad, y la redistribución de las capacidades productivas y los medios de subsistencia.

Bolivia en la última década, ha vivido un crecimiento tangible gracias a los grandes movimientos de actividad económica en general, e incluso mayor gasto de parte del gobierno en programas sociales que mejoran el bienestar de los bolivianos. Sin embargo, a la par de este crecimiento inminente y las políticas de redistribución de ingresos; persiste y se ha incrementado el capital antisocial que, al igual que la cultura como sistema de hábitos y costumbres, es transmitido en su forma de organización criminal para evadir leyes y convenios sociales, fortaleciendo su modus vivendi a costa del sacrificio de otros seres humanos con su explotación laboral y sexual entre otros. Esta aparente contradicción en la sociedad boliviana, se explica por la formación de un círculo vicioso que retroalimenta al capital antisocial: delincuencia-hábito o vicio-costumbre.

La sociedad ha manifestado su intolerancia de aceptación a la criminalidad, exigiendo justicia por ver a sus familiares y conocidos inmersos en la trata y tráfico de personas. Lastimosamente la confianza, necesaria para combatir al capital antisocial esta mermada por los acontecimientos que estamos atravesando como país, no sólo entre ciudadanos, sino también por la deficiencia del aparato policial, de los Órganos del Estado y las instituciones sociales, que propician el desarrollo de capital antisocial.

En cuanto a las normas bolivianas, como la implementación de la Ley Integral de Trata y Tráfico de personas, a pesar de ser instituida por exigencias de la sociedad, no ha logrado garantizar el freno de las actividades delincuenciales, lo cual desequilibra el consenso formado entre ciudadanos. Las normas y leyes no son suficientes cuando el capital social y las instituciones que las sostienen son débiles y deficientes. Esto implica necesariamente, que a la par de las mejoras de crecimiento económico y distribución, se debe impulsar a través de la cultura y la educación un sistema de valores que fortalezca la confianza y los convenios sociales para combatir la delincuencia.

Si un individuo percibe una distribución desigual, perteneciendo a esta sociedad, propende a resarcir esa brecha entre lo que desea y lo que efectivamente tiene. Para combatir esta situación en el corto plazo deberíamos incrementar las posibilidades de captura y castigos, y además disminuir las posibilidades de obtención de beneficios por estos hechos ilícitos; de esta manera evitamos acrecentar las filas de personas propensas a practicar el crimen y la delincuencia como medios de vida.

En el largo plazo la cultura ciudadana de convivencia, como generadora de capital social, es un arma importante para evitar la propensión de los individuos a convertirse en delincuentes. Por otro lado, la generación de instituciones basadas en las exigencias de la sociedad, la educación como transmisión de cultura y de valores que procuren las relaciones armoniosas entre bolivianos, son menesteres para contrarrestar los avances de la criminalidad, que está sometiendo al país hacia un ambiente inseguro, de delincuencia y de estancamiento económico, pues los beneficios obtenidos de forma ilícita castigan el crecimiento y el desarrollo de nuestra nación.

Referencias bibliográficas

• Malthus, R. (2000[1798]). Primer ensayo sobre la población. España: Alianza.

• Morales, R. (2012). El Desarrollo Visto desde el Sur. Bolivia: CIESS-Econométrica.

• Fiorentini, G., & Peltzman, S. (1995). The economics of organised crime. Cambridge University Press.

• North, D. (2006[1990]). Instituciones, Cambio Institucional y Desempeño Económico. México: Fondo de Cultura Económica.


* Críticos de la economía y la sociedad.

1 Tómese en cuenta que dentro este estrato social las mujeres serán las más vulnerables a la miseria y el vicio.

2 Entiéndase a las instituciones como las reglas del juego que regulan el actuar de los individuos de la sociedad. Por ejemplo, la Constitución Política del Estado, o el respeto a la vida y los derechos humanos. (North, 2006[1990])

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