noviembre 28, 2020

Las Actas Capitulares de la ciudad de La Paz (1548-1562)

La invasión española en el Perú, fue plasmada por una cruenta guerra de conquista, requisito esencial para implantar un sistema colonial que se extendió por casi tres siglos. La epopeya de la conquista tuvo como corolario coyuntural la fundación de ciudades, entre ellas la de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, [1] historia que fue registrada por un puñado de cronistas, notarios y escribanos, responsable de generar los registros primarios para la historia.

Cronistas y escribanos

El cargo de Cronista Mayor (historiador oficial) fue creado en 1526. “muestra lo que ha visto y anota sus impresiones desde el punto de vista práctico” [2], es “por tanto parcial en sus apreciaciones. Por otra parte, los españoles instruyeron escribir Memoriales, información de pueblos, costumbres, vestimenta, gobierno, etc.” Finalmente, virreyes y gobernadores ordenaron levantar declaraciones de los antiguos quipucamayocs y amautas, empeñados en describir el pasado incaico [3]. En lo que se refiere a los Escribanos, sus funciones están descritas en las Siete Partidas, del rey don Alfonso “El Sabio”, que señala al Escribano “como hombre que es sabedor de escribir”. [4] Como Escribano de Cabildo llevaba con toda fidelidad el Libro de Acuerdos del Cabildo, resguardaba el archivo de la ciudad. Como Escribano Público era la autoridad que daba fe de actuaciones y diligencias que pasaban ante su autoridad y las autenticaba. Eran designados por cédula real; custodios de las escrituras públicas, conservadas en el Arca de las Tres Llaves, por tanto de acceso restringido; primaba el secretismo como norma general. Entre los cronistas citamos a Pedro de Cieza de León, cronista-soldado, testigo de lo que narra; Juan Polo de Ondegardo Zárate a quien el marqués de Cañete le instruyó continuar sus investigaciones históricas, políticas y geográficas. [5] El “Pacificador” Pedro de La Gasca hizo levantar las Informaciones de los Quipucamayos, con los que escribió la Descripción del Perú (editado en 1976), con noticias sobre el medio natural y la población autóctona del Perú (1551-1553) [6]. Cristóbal Vaca de Castro, Gobernador del Perú y Capitán General del Ejército Real, también levantó lasInformaciones de los Quipucamayos, refundidas en su Discurso sobre la descendencia y gobierno de los Incas(1608).

Primeros escribanos de la paz

Francisco de Cámara fue el primer Escribano de Cabildo de La Paz (23 de octubre de 1548). Entre 1548 y1562, le siguió un verdadero ejército de escribientes de los que la historia ha registrado vagamente los nombres de 25: Gaspar Sotomayor, Melchor de Espinoza, Juan Francisco de Villalobos, Melchor de Ribera, Pedro Ibáñez de Ondarza, Melchor de Ocaña, Francisco de Reinoso, Martín de Olmos, Hernando Carrión, Pedro de Puerta, Gonzalo Franco, Antonio de Valera, Pedro Pedraza, Alvar García, Francisco Logroño, Lorenzo de Cantoral, Hernán González, Miguel Medina, Dr. Ribadeneira, Francisco Quixada, Juan Bravo, Alonso de Nociva, Francisco de Arredondo, Babiles de Arellano, Hernando Cavallero. Pero hubo un Escribano de la conquista, que en la primera fundación de La Paz acompañó al Capitán Alonso de Mendoza. Pedro de Azebedo, cuyo nombre la historia sepultó injustamente. Redactó las actas del primer acto fundación usando un primitivo libro del Cabildo que conservaba con esmero en su alforja; era un libro “pequeño, quizá un cuadernillo de pocos pliegos que al cabo de unos meses de vida capitular no tenía ya página disponible. Registró la hazaña de Mendoza y un grupo de españoles entre ellos Francisco de Barrionuevo, Alonzo de Zayas, Francisco de Herrera, García Gutiérrez, Martín de Olmos, Fernando Vargas, Juan Vendriel, Juan Viscaino, Juan de Vargas y F. de Cámara, en ocho actas de altísimo valor heurístico.

Siendo Laja sitio inhóspito, en ausencia del Capitán Mendoza decidieron trasladarse al valle de Chuquiago donde procedieron a una definitiva fundación, el 23 de octubre, designando como Escribano de Cabildo a F. de Cámara. Para sorpresa suya constataron que el valle estaba ya poblado configurando insignificante villorrio habitado por 30 vecinos españoles y 200 indígenas; se trataba de un grupo de aventureros, entre ellos un español de apellido Villalobos, que llegó atraído por las noticias que propaló la hueste del capitán sevillano Juan de Saavedra (fundador de Paria), quien en sus andanzas divisó “un valle salpicado de chozas indígenas sin orden alguno, resguardadas por gigantescos espinos, en los que moraban robustos aymaras de larga cabellera y mujeres con la rueca en la mano, hilando constantemente, rodeados de apacibles rebaños de llamas y guanacos al cuidado de pastorcillos; matizaban el paisaje ligeras vicuñas que corrían en tropel por sus alturas y barrancos, y no faltó el gigantesco cóndor en el espacio”. Saavedra y su gente reunieron oro del Choqueyapu con afán y abandonaron el valle. [7]

Posteriormente F. de Cámara fue alcalde ordinario (1556) y miembro de la Santa Hermandad. [8] Por su parte el Escribano Juan Francisco de Villalobos, tuvo a su cargo el traslado de las actuaciones asentadas en el primer libro de Cabildo -constaba de 209 folios, de 42 cm por 30 cm- a uno nuevo, labor que tomó once meses. Al respecto informó: “Y parece que pasó todo lo contenido en este libro su merced P. de Azebedo, escribano que se nombra de su majestad”, corroborado por F. de Cámara, G. de Sotomayor y M. de Espinoza. [9]

El despojo de las actas capitulares por alcides d’orbigny

El ilustre naturalista, geógrafo, botánico, geólogo, paleontólogo y zoólogo, nacido en Coveron, Loire (Francia), el 6 de septiembre de 1802, dirigió la primera misión científica en la naciente república de Bolivia. Este Caballero de la Legión de Honor, miembro de Honor de la Sociedad Geográfica Francesa, e integrante de numerosas academias científicas de Europa y América, fue enviado, en 1825 por el Museo de Historia Natural de París a realizar un viaje de exploración y estudio de la América del Sur. Asesorado por famosos científicos, como Cuvier y Humboldt, partió en 1826, hacia Buenos Aires donde arribó en enero de 1827. Realizó un periplo con el que recorrió parte de Brasil, Uruguay, Perú, Chile, Bolivia, y la Argentina, llegando incluso hasta zonas inhóspitas habitadas por poblaciones indígenas, el que concluyó en 1834. Durante sus viajes de exploración, la misión francesa estudió y recolectó datos históricos, geográficos, climáticos, antropológicos, botánicos, paleontológicos, zoológicos y geológicos. Al término de su misión publicó, entre 1835 y 1847, su monumental Voyage dansl’Amerique Méridionale (Viaje a la América Meridional), en ocho volúmenes. La historia relata que en mérito a su proeza, el gobierno boliviano le hizo Oficial de la Legión de Honor Boliviana, pero d’Orbigny seguramente nunca olvidaría el aprecio y el calor humano de los habitantes de La Paz, pues cuando salía de Bolivia, un funcionario de la Prefectura, en una muestra de aprecio absolutamente desproporcionada, le obsequió las Actas Capitulares originales del Cabildo de La Paz, registro minucioso de los primeros 14 años de historia de La Paz (1548-1562), levantado por 25 escribanos. El sabio francés “llevó el voluminoso infolio a París como una de las piezas más valiosas de su abundante colección”.

La historia de este manuscrito es fascinante y por ello digna de contarse: “A su muerte el museo pasó a ser propiedad del Gobierno francés, mediante el pago de 55.000 francos a sus herederos”. El manuscrito había sido adquirido por un señor Gaudry, su suegro, quien intentó ponerse en comunicación con el gobierno de Bolivia, para la devolución de la pieza documental a la Municipalidad de La Paz, sin obtener respuesta. “En 1872 el libro pasó a formar parte de la colección Egerton del Museo Británico y actualmente reposa en la Biblioteca Británica.

Ante la falta de tan valioso documento histórico, varios intelectuales acometieron el desafío de transcribir sus folios. Hacia 1873, Nicolás Acosta, Secretario de la Legación de Bolivia en Londres, intentó descifrar el voluminoso documento con la ayuda de Pascual Gayangos, Sir Clement S. Markham” y Vicente Ballivián y Rojas. Continuaron la obra de Acosta, los historiadores Rigoberto Paredes, León M. Loza y el mercedario Víctor Barriga, que sólo se ocuparon de transcribir los primeros 16 folios debido a que fueron escritos en letra cortesana “de fácil lectura”, señala Feyles. Por su parte, Ballivián copió las actas y posteriormente, las publicó parcialmente, por iniciativa de Carlos Bravo (1880). Un aspecto remarcable es que en sus pesquisas archivísticas, Ballivián encontró y copió (del original que se encontraban en poder de la testamentaría de d’Orbigny) las Actas de la Diputación Provincial desde el 1 de julio de 1820 hasta el 31 de enero de 1824, cuya primera versión transcrita fue publicada en 1880 por Carlos Bravo [10].

Tal parecía que los esfuerzos por transcribir las Actas Capitulares estaban signados por el fracaso, hasta que aparece en escena el padre Gabriel Feyles,

Gabriele Feyles SDB

Nació en Villafranca D’Asti, Italia, 1910. Falleció en Villa Allende, Argentina, Ca. 1984. Doctor en Filosofía y Teología, en la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma). Fue destinado a Fortín Mercedes y Córdoba (Argentina); y desde allí llegó adscrito al Seminario San Jerónimo de La Paz, para enseñar Filosofía y Teología, las que impartió también en la naciente Facultad de Filosofía y Letras de la UMSA (1944). Diez de los 14 años de su “breve permanencia” en La Paz, se ocupó de transcribir “una hermosa copia fotográfica de las Actas del Cabildo” de La Paz (1548-1562), que fueron obsequiadas “al celebrar la ciudad de La Paz el cuarto centenario de su fundación en 1548, [por]el Gobierno de Gran Bretaña”, cuyos 209 folios fueron reproducidos “de un modo nítido e impecable en el anverso y reverso, tamaño natural a través de 418 fotografías en una doble serie de positivos y negativos, que debían conservarse (en el Archivo de la Municipalidad de La Paz), en artística arca tallada que lleva en su tapa la reproducción del templo de Laja donde se redactó el acta de fundación”, según informó el propio Feyles en 1958, al término de su misión. Feyles siguió y superó la obra iniciada por N. Acosta en 1873 y sus seguidores, enfrentando el tremendo desafío que implicaba descifrar “lo que sigue, escrito a línea tirada en letra procesal, lo que los paleógrafos llaman “letra encadenada” y que exige gran esfuerzo para su interpretación”, tarea en la que demoró una década (1948-1958).

Con buen criterio Feyles decidió modernizar la ortografía “aun conservando las formas peculiares, si bien incorrectas (…) sin excesivos escrúpulos paleográficos, lo cual es de alabar, porque así la lectura resulta fácil sin detrimento de la exactitud”, siguiendo a Demetrio Mansilla, transcriptor de la documentación pontificia del Vaticano. Advierte, no obstante, “si ciertas expresiones ofrecen dificultades, se da su explicación en notas”, las que resultaron ¡1404!, que forman, a no dudar, una segunda obra independiente, cuya lectura devela la historia íntima del Cabildo de La Paz. La edición de las Actas se concretó en 1965, en una edición a cargo de Alcira Cardona Torrico y reimpresa en la colección Memoria Paceña, por Gabriela Niño de Guzmán, en 2011. [11]

Feyles aprovechó el rico caudal al que tuvo acceso por primera vez, para escribir interesantes ensayos sobre la historia de La Paz, entre ellos “¿Dónde murió Alonso de Mendoza?” (La Razón, 23 de octubre de 1949), Títulos y blasones de la ciudad de La Paz (1952) y “La ciudad de La Paz y las alteraciones de 1550” (Kollasuyo, 11 (69),1952). Fue también traductor de la obra de Luigi Bogliolo, La filosofía antigua (1953) y de Giusseppe Falchi (Siete años en Bolivia, 1882-1889. Memoria de Sor Ana Camila Valentini) (1966). Retornó a Argentina donde dirigió el Boletín de los amigos de Betania del Sagrado Corazón (años 80). [12]

¿Cómo salieron los manuscritos?

La versión de que un secretario de la Prefectura obsequiara las Actas Capitulares a d’Orbigny, señalada por Feyles y ratificada por Max Portugal, tiene un grado de incertidumbre muy fuerte, pues ningún funcionario de cuarto nivel podía disponer de tan precisados bienes de motu proprio. Consideramos que no se trató de un hecho casual. Me explico. El joven Alcides d’Orbigny, se caracterizaba por ser metódico para garantizar el éxito de la misión a sucargo. Por esa razón preparó con mucho cuidado su viaje hacia lo ignoto, revisando los archivos de varias instituciones y órdenes religiosas, buscando la información lo más precisa posible sobre el territorio boliviano. D’Orbigny estaba perfectamente preparado para asumir ese desafío y dejaba nada al azar. Es muy factible que en sus pesquisas hubiera detectado la existencia de los dos manuscritos en los archivos de la Prefectura, por lo que al concluir su periplo y antes de abandonar el país, prevalido de la merecida fama que le dio su reciente viaje, no habrá sido complicado solicitar a la autoridad más alta de ese momento, se le concediese como óbolo los dos manuscritos, con fines de investigación, por supuesto, lo que explica que hubieran permanecido en su poder hasta el momento de su muerte.

Lo que llama la atención, sin embargo, es que d’Orbigny no hubiera publicado, ni en Bolivia ni en Francia nada referido a la fundación de La Paz, producto de la consulta de esos dos corpus documentales.

Lo que corresponde ahora, es que el Gobierno Municipal de La Paz, usando las vías diplomáticas, solicite la restitución de las Actas Capitulares de La Paz y de la Diputación Provincial de La Paz, por medio de la devolución de los mismos al Gobierno nacional para su entrega al Archivo Histórico del Municipio de La Paz, haciendo constar que se autorizará dejar una copia digitalizada e impresa, con autenticación de fiel del original, para uso de la British Library, así como de la comunidad científica mundial.


* Magister en Historias Andinas y Amazónicas. Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional, docente de la UMSA.

1 Esta es una síntesis de la ponencia presentada al Primer Congreso Municipal de la Historia de La Paz “Markas, tambos y waq’as: los caminos de la memoria del valle de La Paz-Chuquiago Marka”, realizado del 21 al 23 de octubre, en conmemoración del 466 aniversario de su fundación, el 20 de octubre de 1548.

2 Abecia, Valentín: Historiografía de Bolivia. La Paz, Juventud, 1973: 11

3 Porras Barrenechea, Raúl: Fuentes históricas peruanas, Lima, Instituto Raúl Porras Barrenechea, 1953: 129-130.

4 Título 8º del Fuero Real de España, código general de 1255, trata sobre los Escribanos Numerarios.

5 Jáuregui, Alfredo: La España heroica en el Nuevo Mundo. La Paz, Arnó, 1925: 104; 122.

6 Jáuregui, op. Cit.: 106.

7 Crespo, Alberto: El corregimiento de La Paz. La Paz, Urquizo, 1972: 60; Aranzáes, Nicolás: Diccionario Biográfico del Departamento de La Paz. La Paz, Casa Editora La Prensa, 1915: 669.

8 Aranzáes, op. Cit.: 166.

9 Feyles, Gabriel: “Introducción”, en Actas capitulares de La Paz, 1548-1662, La Paz, Honorable Alcaldía Municipal de La Paz, Instituto de Investigaciones Históricas y Culturales, 1965: I, 91

10 Arze, José Roberto: Diccionario Biográfico Boliviano. Geógrafos, exploradores y figuras en la ciencia. La Paz, Amigos del Libro, 1987: 127; Gabriel Feyles, op. Cit.: 15; Siles Guevara, Juan: “La primera misión boliviana en archivos europeos”, en Presencia Literaria, 22 de noviembre, 1970.

11 Las actas capitulares de La Paz, 1548-1562. Recopiladas, descifradas y anotadas por G. Feyles. (La Paz, HAMLP-IIHC, 1965. 2 Tomos; Segunda edición, 2011.

12 Barnadas, Josep M.: Diccionario Histórico de Bolivia. Sucre, Grupo de Estudios Históricos, 2002, I: 860; Feyles, op. Cit.: 13-15.

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