diciembre 5, 2020

“31 de Octubre”

por: Raúl Reyes / Javier Larraín

Cuenta…

Cuenta que antes harta plata había en el cerro, pero que los españoles nos abusaban, nos explotaban, sacábamos para ellos nomás la plata… harto tiempo ha durado eso, cuenta.

Mi abuelo me cuenta que igual nomás les hacían trabajar harto los patrones. Cuenta que trabajaba en una gran casa y a veces iba a visitarle a su hermano a la mina de plata que también era del patrón. Cuenta que vivía mejor que él y que a veces no le encontraba a su hermano porque estaba adentro de la mina y no salía en hartos días. Cuenta mi abuelo que, como trabajaba en la casa, comía nomás bien.

Pero mi abuelo cuenta que mi papá bien harto cariño le tenía a su tío. Lo admiraba mucho porque él decía que las cosas iban a cambiar —algún día— pero iban a cambiar. Por eso mi papá se ha vuelto minero.

Papá

Me cuenta mi papá que cuando era más joven, y no se había casado todavía con mi mamá, había aprendido a leer porque un señor había ido a la mina y les ha dicho que pronto habría una revolución y que ellos eran los que la iban a hacer. Harto tiempo ha pasado y yo iba creciendo.

Un día he ido hasta La Paz con mis papás porque mi papá estaba yendo a la guerra, aunque su patrón no quería. Lo hemos ido a despedir. Desde ese tiempo yo me he dedicado a trabajar en la mina en vez de mi papá, siete años tenía. Los mayores me han enseñado harto. Antes siempre hay que tener coquita para entrar a la mina, con alcohol hay que entrar para ofrecer al tío y que te vaya bien, sino ni veta ni alma vas a tener. Hay que challar y compartir con el tío, especialmente en agosto, y por supuesto, en los carnavales.

Lo del sindicato

Ahora soy parte del sindicato, parece que las cosas mejorarán. Mis días de kaccha ya han pasa’o, yaaa!!! Pero todavía hay que luchar, nosotros, la clase oprimida, sabemos que hay que derrotar a la rosca de la oligarquía para que podamos vencer.

El otro día, aquí cerquita en Ánimas, cuentan que mis compañeros protestaron porque los patrones habían cerrado la pulpería. Había que ir hasta Llallagua para comprar un poco de comida. Pero los patrones habían contratado al ejército para que no pasen. Junto con sus esposas se habían reunido y habían ido a reclamar al ingenio. La respuesta de los militares fue una ráfaga de ametralladora que ha matado a dos personas… no sé quiénes eran. Carajo, desde ese rato, cuenta que las mujeres han marchado hasta la cancha de fútbol, donde empezaba la línea del tren. Pero hartos soldados habían estado ahí, creo que les estaban esperando, pero los compañeros eran también hartos, lo mejor es que las amas de casa y las palliris estaban al frente… La María estaba llevando una bandera. ¿Y vos Narciso que has visto?

(Narciso) Yo he visto que era una señora alta, media blancona… Desde la plaza hemos ido todos, pero después he aparecido casi al último, mucha gente estaba en la marcha, había mucho alboroto, de repente he escuchado nomás el terttertterrt y una señora me ha gritado: ‘agacháte’, y me ha empujado encima de un muerto, muchas balas había. Otra señora me ha gritado: ‘arrastráte’, por el río nos hemos venido… hartos estaban con sangre…

Mira a ver, y pa’ qué has ido pues tan wawa, ¿cuántos años siempre tienes?

(Narciso) El domingo voy a cumplir nueve.

Hoy es 31 de octubre, cuentan que el nuevo gobierno del mono arreglará con los señores para que las minas ya sean nuestras, no sé qué pasará, ojalá pueda vivir mejor…

Me iré nomás cantando a la mina.

A dinamitazos arrancamos el metal precioso

Sudando sangre nos enterramos durante el día

Trabajo de la mina

sepultura de hombres vivos

sólo se escuchan allí los martillazos…

Anda, va. minerito, pica arriba, pica abajo

soy el minerito señor, y gano mi pan con trabajo

Pero qué bonito es el minerito

armado de su barra de fierro

cuando lucha en el frente de trabajo

y si la roca es muy dura

su corazón sufrirá

Vamos a Potosí, Fandango! Zarandando! Zarandango!


*  catalejo.laepoca@gmail.com

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