noviembre 29, 2020

El conservadurismo de los Obispos

La jerarquía de la Iglesia Católica, a pesar del rotundo triunfo electoral del presidente Evo Morales, quien alcanzó el 61 por ciento de votación el 12 de octubre pasado producto de la profundidad de los cambios que viene impulsando desde enero de 2006, ha decidido mantener una posición conservadora que no condice en nada con las posiciones de avanzada que impulsa el Papa Francisco. Su toma de partido por la oposición desarticulada no tiene duda.

La Asamblea Anual de Obispos católicos, el jueves pasado, ha encontrado en la voz del monseñor Oscar Aparicio, la oportunidad para volver a fijar, en una aparente evaluación objetiva de la situación del país, su posición frente al proceso de cambio. Se ha dicho que hay necesidad de respuestas estructurales frente al drama de la pobreza persistente, sin mencionar que en nueve años se ha disminuido de más del 32% al 16% la extrema pobreza y que al final de 2020 se espera llegar a un 9%. Tampoco ha señalado que es el capitalismo el gran causante de ese problema social.

La Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) identifica un problema que lo aprecian todos pero políticamente oculta el punto de partida. Estamos hablando de la justicia, para la cual pide una profunda renovación del sistema judicial, ignorando la propuesta del gobierno de convocar a todos a impulsar una profunda Revolución de la Justicia.

Y las posiciones conservadoras de los jerarcas católicos se hacen tan explícitas que ante la falta de elementos para cuestionar lo que se está haciendo en Bolivia, saca una carta vieja que las derechas mediáticas y políticas la han utilizado sin mayor éxito: “la auténtica y sana independencia de los poderes al servicio del estado de derecho”. Es decir, los Obispos se quedan en el pasado, con prejuicios que nada tienen que ver con la realidad y con el propio desarrollo de las teorías modernas del Estado.

Y también hace alusión a otro problema real sin el necesario contexto: la amenaza del narcotráfico. La CEB se queda en la generalidad sin hacer mención al aporte de Bolivia a la lucha contra el narcotráfico con la aplicación de un modelo propio en medio del fracaso de la Guerra contra las Drogas como han reconocido ex presidentes de varios países en el llamado “informe comisión global”. El narcotráfico es una amenaza, si, y lo será –lo que los jerarcas católicos callan- mientras EE.UU. insista en su énfasis en las políticas sobre oferta sin desarrollar políticas hacia la demanda.

Hay que reconocer, sin embargo, que frente al pesimismo expresado semanas antes de las elecciones del 12 de octubre, la CEB ha tenido que reconocer que “hay razones para el optimismo y la esperanza” luego de las mejoras económicas y sociales en el país. Un matiz para no quedar fuera de juego.

Es bastante improbable que al pronunciamiento final de los obispos haga referencia a los problemas estructurales que enfrenta el mundo y que en medio de eso, procesos de cambio como el boliviano buscan abrirse paso. Es decir, hay que ser ingenuo para pensar que la CEB identifique al capitalismo y a los EE.UU. como los responsables de las causas estructurales de las múltiples crisis que nos acechan: climática, económica, social, alimentaria, productiva y de valores.

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