noviembre 29, 2020

En defensa del subjetivismo informativo

por: Katerin Brieger Valencia

La noticia es sin lugar a dudas uno de los géneros periodísticos más populares. Esta característica deviene de la necesidad de trabajarla continuamente a partir de la actualidad, consiste en un relato que cuenta un hecho de interés y es además una de las referencias diarias para entender lo que sucede en el entorno, sea este local, nacional o internacional.

Mantener a la noticia como un referente de lo que sucede en el mundo tiene sus bondades y sus riesgos. Uno de los principales debates que se abrió alrededor de la noticia tenía que ver con la objetividad que existía en el relato. Para los amantes de la objetividad, la noticia debía relatar “sólo los hechos” las acciones sucedidas y evitar cualquier tipo de subjetividad. Quienes contradecían este punto de vista eran consientes de la imposibilidad de lograr ser objetivos en cualquier relato, pues este siempre va cargado de la individualidad e interpretación ideológica y material de su interlocutor.

Afortunadamente este debate parece haber sido superado, incluso los más fervientes defensores de la objetividad terminaron por aceptar que una verdad absoluta es imposible de lograr. Pero, a partir de ello, se abre otro debate de carácter ideológico que se encuentra alrededor de la noticia y cualquier relato en general y se refiere a cómo abordar la información a partir de este subjetivismo.

En “Historia sobre la Revolución Rusa”, León Trotsky menciona que toda historia debe relatar los hechos y su desarrollo, pero que es menester que el relato se desprenda con claridad en el sentido de explicar por qué las cosas sucedieron de ese modo y no de otro. Si bien el mismo género noticioso no permite dar paso a mayores explicaciones por sus características de brevedad y oportunidad, el conjunto de discursos noticiosos que se acumulan sobre un mismo tema construyen esta historia y guían la línea de pensamiento y de opinión.

Citando nuevamente a Trotsky, los sucesos históricos no pueden considerarse como una cadena de aventuras ocurridas al azar ni engarzarse en el hilo de una moral preconcebida, sino que deben someterse al criterio de las leyes que los gobiernan [1]. En este entendido parte de la tarea de las noticias consiste en sacar a la luz esas leyes económicas y políticas que dan lugar a que el hecho noticioso ocurra.

Se puede reportar sobre la guerra, pero se debe entender las condiciones económicas, sociales y políticas que la desencadenaron. Y estas condiciones son igualmente relatadas en su momento por otras noticias, aunque de manera más disimulada.

Es fácil conocer la noticia, lo difícil es hacerse del contexto de la noticia y eso se debe a que los relatos que la sitúan no siempre se reflejan más allá del hecho. Los pequeños discursos de la noticia obedecen también a órdenes económicos y políticos mayores, no en vano se tienen grandes cadenas de noticias que imponen una agenda mediática específica y que deciden qué tema se aborda y de qué manera.

Se conoce del acontecer mundial a través de lo que se transmite, lo que aparece en tabloides, portales noticiosos y redes sociales, y, si lo que informan está reducido, incompleto o tergiversado igual lo estará la información que se recoja de los mismos.

Defender el subjetivismo informativo significa defender la multiplicidad de información, pero permitir que se entiendan las leyes sociales y económicas que llevan a diferentes situaciones. Informar desde la subjetividad es denunciar los hechos que ocurren, pero denunciar también por qué ocurren.


1 En este caso se hace referencia a las leyes particulares de cada fase de la evolución de la producción, a partir de las cuales se realiza la lectura materialista y crítica de la economía y la política. Es decir, las leyes económicas y políticas que gobiernan al mundo y que marcan el acontecer de los hechos noticiosos.

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