diciembre 5, 2020

La Iglesia Católica y el doble aguinaldo

Por la importancia de la posición, volvemos a dedicar otra editorial, por segunda vez en menos de 30 días, a la jerarquía de la Iglesia Católica, cuyos miembros están lejos de las posiciones de avanzada del Papa Francisco.

La Iglesia Católica en Bolivia definitivamente está en un camino distinto a la opción por los pobres. No desaprovecha oportunidad para volcar su oposición a las políticas del proceso de cambio. Eso implica, para no ser ingenuos, estar del lado opuesto a los que apuestan por la revolución. Lo hizo con el monseñor Terrazas y no hace con el actual.

Esta vez el pretexto ha sido el pago del doble aguinaldo. La jerarquía católica ha mostrado una cara de angustia ante la obligación de pagarle a sus trabajadores ese beneficio cada que el país alcance un crecimiento de su economía por encima del 5.5 por ciento. Los Obispos han señalado que cumplir con esa norma conducirá a cerrar varios proyectos sociales que se llevan adelante. Desde una perspectiva distinta, el razonamiento y la conclusión es igual a la adoptada por los gobiernos neoliberales cada que los sindicatos y movimientos sociales le demandaban mejores condiciones de vida.

El pronunciamiento de la Comisión Episcopal expresa una hipocresía. Por un lado, frente al país en su conjunto pues es conocida la vida de privilegios de muchos de los miembros de la estructura católica. Pero también es una impostura ante los suyos, pues también no se ignora que mientras hay parroquias que sobreviven, otras disfrutan de su posición privilegiada dentro de la estructura religiosa que estamos hablando.

Quizá lo que debe hacer la Conferencia Episcopal es un rediseño institucional de la Iglesia Católica sobre la base de generar condiciones de igualdad para todos sus miembros y de cumplir con las disposiciones del Estado Plurinacional, cuyo objetivo es paz y justicia social por hablar en lenguaje de los seguidores de esa creencia religiosa. Los recursos de la Iglesia Católica deben ser democratizados. El padre de una parroquia de un barrio popular o de una zona rural alejada, debe tener mayores recursos que el que está en las ciudades del eje central o en la estructura del mando central. Esa es una forma concreta y no especulativa de llevar adelante la lucha contra la pobreza.

Así que, es momento de quejarse menos y hacer más. La Iglesia Católica debe ponerse a tono con los procesos de cambio que demandan los pobres en todo el mundo. Ya el encuentro en el Vaticano se los demostró fehacientemente. No hay otra alternativa.

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