noviembre 30, 2020

Los obreros y campesino indígena originarios en la coyuntura post electoral

La nueva coyuntura post electoral, se caracteriza por un realineamiento político en los 9 departamentos, no es la continuación de la coyuntura electoral nacional, pero tiene a los resultados anteriores como el indicador inmediato y de mucho peso para los resultados que se lograsen en este realineamiento político departamental. El instrumento y las formas de expresión de esta nueva coyuntura, son las elecciones de los Gobiernos municipales y departamentales autonómicos. Cuando concluya esta nueva coyuntura se abrirá recién la verdadera coyuntura post electoral donde los obreros y campesino indígena originarios, tendrán que asumir los retos que se les presenta como sectores sociales protagonistas del proceso en esta nueva fase.

La coyuntura post electoral

Al margen de los resultados de esta realineación política en los 9 departamentos que es la coyuntura en la que nos encontramos, con las elecciones generales ya tenemos 5 años de gobernabilidad, de estabilidad social, política y económica asegurada, así lo expresan los resultados con el 61 % a favor de este proceso y sólo un 30 % aproximado como la oposición que no logró rearticularse ni renovarse a nivel nacional.

Un reconocimiento histórico insoslayable: primero los campesino indígena originario y luego los trabajadores en este proceso

Disculpen los compañeros trabajadores en general, obreros en particular, que en este subtítulo los ponga en segundo lugar; pero hay que reconocer el hecho histórico de que la clase obrera, recién se incorpora militantemente al proceso de forma oficial, luego de sendos eventos de debate (ampliados y congreso de por medio) sobre la pertinencia o no de esta incorporación. Esto no significa que los trabajadores estuvieron ausentes en todo el proceso, pues fueron los que sentaron las bases del proceso que ahora tenemos mediante la resistencia y el debilitamiento permanente que le infringieron al modelo neoliberal que imperó durante largos 20 años (1985-2005).

1. Los desafíos para los compañeros campesino indígena originario

Los compañeros campesinos, como tradicionalmente se los llamaba a todos los trabajadores rurales, tuvieron una amplia escuela de resistencia al colonialismo durante los tres siglos de dominación colonial; en la República continuó la marginación con las sublevaciones y todo tipo de acciones contra las oligarquías y fracciones de clase dominantes. A partir de la Revolución Nacional de 1952, previo antecedentes prerrevolucionarios, fue el sindicalismo campesino la mayor escuela de participación en unión con los trabajadores en general a través de la Central Obrera Boliviana (COB). Esta es la relación que se ha restablecido ahora, pero por la vía política y no precisamente por el sindicalismo.

Primer desafío: Restablecimiento de la relación obrero-campesino indígena originario.- Indudablemente la arremetida brutal del neoliberalismo contra el sindicalismo obrero, lo dejó en crisis; empero el sindicalismo campesino, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), continuó sus actividades y, junto a otros sectores que existían pero marginados y no con el protagonismo político actual, sumaron fuerzas como los emergentes movimientos indígenas y originarios que ya son parte del bloque de sustento básico social para el actual proceso. Este desafío es pues el restablecimiento de la relación obrero-campesino indígena originario bajo el marco político del proceso de cambio actual.

Segundo desafío: Garantizar la gobernabilidad de los 5 años y proyectarla en su irreversibilidad histórica.-Ese 30 % de oposición, (aproximadamente un millón doscientos mil votos), aún es preocupante para las fuerzas del cambio, tendría que ser reducido a menos del 15 % o menos. Sólo convirtiendo la democracia participativa actual en verdadera democracia del pueblo y por el pueblo, mayor al 90 % como es la democracia del pueblo en Cuba, con el reconocimiento pleno de los derechos de las minorías, la proyección del proceso estaría garantizada más allá del 2020.

No debemos olvidar que las segundas vueltas para definir los gobiernos (populares o de derecha) de Brasil y Uruguay, que ojala no se repita para las alternativas populares en ningún otro país de nuestra América, es muy preocupante. Y si queremos preservar nuestro modelo intachable, gobernable y en avance en nuestra Bolivia, nuestra mayor garantía es convertir a esta democracia en la verdadera democracia del pueblo, que la fuerza y potencial electoral se convierta en una real y efectiva fuerza política, militante y orgánica, fortaleciendo los actuales instrumentos políticos del pueblo (MAS-IPSP) o creando otros de manera complementaria, no como las organizaciones políticas de los disidentes que quedaron reducidas a caricaturas políticas por las fuerzas del cambio y por la derecha misma.

2. Desafíos para la clase obrera y trabajadores en general

La historia del rol que jugó la clase obrera en más de la mitad del siglo pasado, les pesa mucho a los obreros y sus organizaciones; y por eso se plantearon desde los comienzos de su reorganización, retomar el rol de “vanguardia” social y política de los trabajadores. Empero, les faltaba asimilar la experiencia con el neoliberalismo para resurgir con la fuerza, la convicción, la claridad y la unidad que les caracterizó en ese más de medio siglo pasado. Reorganizarse, revitalizarse y reasumir el rol anterior, en las mismas condiciones de aquellos tiempos, no era posible. La vanguardia no se la retoma por voto resolutivo, por decreto o por cualesquier otra medida formal; vanguardia es estar delante, orientando, guiando, proponiendo, logrando objetivos con la unidad, la organización, la lucha, avanzando siempre hacia los objetivos revolucionarios que permanentemente pregonó la clase obrera.

Primer objetivo: insertarse en el proceso por convicción y derecho propio.- Para eso tenía que superar rápido y drásticamente el aislamiento como clase a la que lo llevaron tendencias ultras dentro el movimiento obrero. Se estaba perdiendo la gran oportunidad histórica para que la clase obrera tenga una relación unitaria, orgánica, política e inclusive ideológica con los campesinos indígenas originarios como es la realidad actual. Eso partía del reconocimiento insoslayable ya mencionado, del análisis del contexto y dar el salto a lo político en pleno proceso. Este objetivo –dirán algunos- ya está cumplido, pero es necesario consolidarlo, compartirlo en todos sus éxitos, debilidades y fracasos, que la experiencia de más de medio siglo pasado, sirva en las actuales condiciones para generar, si fuera posible, el retorno a un rol de vanguardia tan añorado.

Segundo objetivo: unidad, ideología y consecuencia en la lucha como aporte.- Lo que uno tiene, es lo que se tiene que aportar a un proceso como el actual. Y la clase obrera tiene acumulado del pasado inmediato mucho que aportar; tiene la histórica unidad de la clase obrera, que se tiene que reivindicar pero en las condiciones actuales. Esta sería la base coordinadora de la unidad de todo el pueblo cuyo centro sería la unidad obrero y campesina indígena y originaria. Este es el mejor reto, el objetivo mayor que cualificaría a todo el movimiento popular, para garantizar no solamente la gobernabilidad y la estabilidad ganada ya en las elecciones pasadas, sino en la perspectiva del 2020 adelante. Lograda esta unidad del pueblo, su organización en todo nivel, con seguridad que continuaremos avanzando, ampliando, profundizando y acelerando el proceso de cambio.

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