noviembre 30, 2020

Profundizar el proceso de cambio frente a la crisis internacional

por: Eduardo Paz Rada

La poderosa acumulación de apoyo social y político y los exitosos resultados de su gestión económica, electoral, diplomática e internacional en los últimos años, expresados en su triunfo electoral con el 61% de votos en octubre pasado, el crecimiento económico de más del 5% en 2014, los avances en los procesos de industrialización, el reconocimiento al mando del G-7 más China, que reúne a 134 países del mundo, y su postura firme en el derecho marítimo de Bolivia frente a Chile, permiten al gobierno del presidente Evo Morales Ayma contar con importantes armas para enfrentar los desafíos que se presentan por los efectos de la crisis capitalista, la bajada de los precios de las materias primas, las dificultades de los países aliados en la región y las alteraciones geopolíticas mundiales que se agudizarán en este año 2015.

Comenzar su tercer mandato presidencial, el 22 de enero próximo, con este positivo balance después de nueve años de gestión, significa tener la iniciativa histórica orientada a profundizar el proceso nacional-popular y las tareas de la revolución antiimperialista con miras a cumplir los objetivos de la agenda patriótica 2025, los que están identificados con la consolidación de la soberanía nacional en diversos campos, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral, e impulsar todas las acciones posibles para continuar el avance de la integración bolivariana de los pueblos y países de América Latina.

Evo Morales, el pasado 5 de enero, al posesionar a las autoridades originarias de ayllus y markas de Potosí, destacó precisamente que la única manera de fortalecer y profundizar la democracia es derrotando las estructuras de discriminación y exclusión aún existentes, desarrollando el movimiento político de liberación de la patria y construyendo la unidad antiimperialista de América Latina y el Caribe sin la presencia de los Estados Unidos. Subrayó que “el imperialismo y el colonialismo lo que han hecho siempre es, primer dividir a nuestros pueblos y países, para luego dominarnos y finalmente explotar los recursos y riquezas naturales” y que ha llegado la hora de terminar con este atropello.

Recuperacion del excedente y nuevo bloque de poder

El haber conseguido la conformación de un bloque de poder con la activa participación de las organizaciones populares y movimientos sociales de trabajadores, campesinos, colonizadores, mujeres del campo, cocaleros y sectores populares de las ciudades en todas las regiones del país, no sin conflictos y contradicciones, le ha permitido al gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) contar con una musculatura social y política suficientemente fuerte como para derrotar los intentos de desestabilización y división nacional y ganar elecciones en 2005, 2007, 2009 y 2014 para avanzar en la construcción hegemónica. El país ya no es el mismo de hace diez años, ha tenido cambios estructurales de carácter social, económico, político y cultural de envergadura.

Su antecedente histórico fundamental, su momento constitutivo, ha sido la rebelión popular de octubre de 2003 que dio fin a la estructura económica y política del neoliberalismo en Bolivia, expresada en el poder del “gonismo”, provocó la destrucción de los partidos políticos tradicionales y determinó un programa político definido por tres puntos: la recuperación de los recursos naturales estratégicos con la nacionalización de los hidrocarburos; la industrialización del gas y su utilización interna y la transformación político-estatal con la realización de una Asamblea Constituyente.

La nacionalización de los hidrocarburos, el primero de mayo de 2006, fue la tarea central que permitió recuperar las rentas y excedentes económicos –más de 22.000 millones de dólares desde esa fecha hasta 2014–, que se encontraban bajo control y propiedad de las transnacionales petroleras Petrobras de Brasil, Repsol de España, Total de Francia, Amoco de Estados Unidos y BG de Inglaterra. Repsol y Petrobras son todavía importantes socios de negocios de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) en las actividades del sector.

Estos recursos, junto a los procedentes de la recuperación de las empresas de energía eléctrica, telecomunicaciones, minería y fundiciones, se convirtieron en la columna vertebral de las transformaciones económicos de Bolivia de los últimos años y permitieron la redistribución de la riqueza a sectores de ancianos, niños y mujeres embarazas, la realización de infraestructura para salud, deporte, educación y servicios básicos, la inicial diversificación productiva, la formación de un mercado interno cada vez más amplio y el comienzo de la industrialización del gas natural.

Avances y temas pendientes

El fortalecimiento del Estado Nacional ha sido muy importante para asegurar una planificación efectiva e integral impulsando el capitalismo de Estado y las iniciativas de los sectores sociales, comunitarios, cooperativos y privados, sin embargo aún está pendiente la ejecución de medidas proteccionistas a la producción interna de industrias y manufacturas frente al contrabando y la importación de productos alternativos a los nacionales. También están pendientes las decisiones que limiten las importaciones suntuarias, el consumismo que está afectando los modelos de vida de la población y la creación de empleos.

La industrialización del gas con las plantas de separación de líquidos en Santa Cruz y Tarija y la de petroquímica en Cochabamba son vitales para la diversificación, junto a las fundiciones mineras de Vinto y Karachipampa. Sin embargo están retrasados los proyectos industriales de litio en Uyuni y de hierro en el Mutún y todavía tienen un casi monopolio de producción minera las transnacionales San Cristóbal, San Vicente, Manquiri, Inti Raymi, Sinchi Wuayra y Panamerican Silver, al igual que los productores y millonarios exportadores de oro que no tienen controles efectivos del Estado.

En el sector agropecuario y agroindustrial el asunto de la tierra es neurálgico puesto que aún los latifundistas del oriente, muchos asociados a capitales brasileños y paraguayos, tienen el control mayoritario de la tierra y de la producción de exportación, en particular de la soya, en desmedro de la producción campesina orientada principalmente al mercado interno en la perspectiva de implementar la autosuficiencia alimentaria. La redistribución de la tierra entre los campesinos sin tierra está pendiente y existen conflictos entre el gobierno y los movimientos que han tomado tierras del latifundio.

Un aspecto medular que permitió la consolidación política y territorial del gobierno ha sido la derrota de la oligarquía autonomista y separatista de Santa Cruz, Beni y Pando en 2008 con la intervención activa de los movimientos populares y las Fuerzas Armadas que derrotaron política y militarmente a los grupos de paramilitares y mercenarios. El embajador de Estados Unidos fue expulsado de Bolivia por cooperar a los grupos separatistas, en tanto que la cumbre de presidentes de la Unión Naciones Suramericanas (UNASUR) apoyo a Evo Morales.

Cambios en el contexto internacional

La acción soberana de muchos gobiernos de América Latina y el Caribe frente a Estados Unidos no solamente permitió, en la última década, la formación de los proyectos de unidad de UNASUR y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), sino que el discurso nacionalista, antiimperialista, socialista y de integración aglutinó a las fuerzas más avanzadas, con el importante aporte bolivariano de Hugo Chávez, siendo el gobierno boliviano uno de los más activos en llevar adelante esta iniciativa.

A diez años de noviembre de 2005, cuando en Mar del Plata los presidentes latinoamericanos, junto a dirigentes sociales y políticos y personalidades rechazaron el proyecto de la Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsado por el gobierno de Estados Unidos e iniciaron un importante proceso de integración, la situación política regional y mundial proyecta situaciones cambiantes. La Alianza del Pacífico (AP) de Washington con los gobiernos conservadores de la región, las dificultades económicas de Venezuela junto a la presión imperialista, el acuerdo Cuba-Estados Unidos, el contradictorio gobierno de Dilma Rousseff en Brasil al iniciar una nueva gestión y las inciertas elecciones en Argentina dibujan un panorama difuso para la región.

En el caso boliviano la relación comercial con Brasil es muy importante porque es el principal mercado de exportación de gas y es probable que la crisis capitalista mundial y la baja de los precios de las materias primas, en particular el petróleo, influyan negativamente tomando en cuenta el poder que tienen los sectores empresariales neoliberales en el vecino país. En esa misma medida los proyectos de integración van a sufrir un debilitamiento, sobretodo si cada uno de los países busca soluciones aisladas a la situación.

Sin duda que la crisis del capitalismo occidental está provocando una gran inestabilidad económica y geopolítica mundial. Los enfrentamientos en Ucrania, las invasiones a países del Medio Oriente y África, el acecho a Rusia, Irán, Venezuela, la confrontación con China, la xenofobia a los migrantes del Tercer Mundo en Europa, la reducción de los precios de las materias primas y las acciones de violencia descontrolada de grupos radicales del mundo musulmán, algunos de ellos formados e impulsados por Estados Unidos, son señales de que éste y los próximos años van a ser muy controvertidos y críticos, con impactos negativos en América Latina y Bolivia.

Consolidar y profundizar el proceso

La consolidación del proceso antiimperialista en Bolivia tiene, en el contexto internacional de inestabilidad geopolítica, económica y de precios y de desaceleración de la integración regional, por una parte tareas importantes como el fortalecimiento y la diversificación de las estructuras productivas bajo el mando del Estado, y por otra la profundización del proceso político e institucional con reformas en la justicia, el mejoramiento de la salud y la educación, la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento de los mecanismos de participación y vigilancia social.

La capacidad de articulación social y de liderazgo político del presidente Evo Morales deberá convertirse en el eje de la profundización de las transformaciones realizadas y la base para la formulación de un programa estratégico y el fortalecimiento de una organización sólida y revolucionaria.


* Eduardo Paz Rada es sociólogo boliviano, docente de la UMSA y escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

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