diciembre 5, 2020

Cumbre de las Américas en Panamá

por: Max Murillo Mendoza

La séptima Cumbre de las Américas se realizará en la ciudad de Panamá, Panamá, del 10 al 11 de abril del 2015. Jefes de Estado de 35 naciones discutirán el tema central del encuentro: “Prosperidad con Equidad: El Desafío de Cooperación de las Américas”. Los ejes temáticos son: salud, educación, seguridad, migración, medio ambiente, energía, gobernabilidad democrática y participación ciudadana. Desde 1991, cuando la primera cumbre, Latinoamérica ha cambiado considerablemente en sus espacios políticos e ideológicos. El mundo también ha dado vuelcos drásticos y dramáticos. Pero sobre todo Latinoamérica, que se ha deshecho de dictadores y reyezuelos comandados por las políticas de Washington. En general, los territorios al sur del río Bravo ya no obedecen los mandatos de Washington, y han recuperado considerablemente sus niveles de autonomía política, económica y militar. Sin embargo, las pulsaciones entre el poder del imperialismo norteamericano y los nuevos procesos sociales de esta parte del continente no se han terminado, ni mucho menos. Los intereses globales de los Estados Unidos, siguen influyendo en las políticas de nuestros países.

Una particularidad marcará esta cumbre: la presencia, por primera vez, de Cuba. País de muchos significados para nuestras regiones, de rebeldía revolucionaria que se enfrentó al poder imperial durante casi medio siglo y que, aislado y bloqueado económicamente, logró resistir en principio gracias al apoyo de la Unión Soviética; pero después gracias a su tenacidad y valentía. También fue un signo de rebeldía latinoamericana, alumbrando varias guerrillas a lo largo del continente. Cuba fue expulsada de la OEA (Organización de Estados Americanos), después de su revolución de 1959, por las enormes presiones que ejercía la diplomacia norteamericana al interior de esa organización. Desde entonces la fractura de los países de nuestra región al interior de las organizaciones internacionales, como la OEA, era el común denominador por las injerencias de la política norteamericana. El regreso de Cuba entonces marca un signo de mayor autonomía de la política y diplomacia latinoamericana, frente a la injerencia de los Estados Unidos.

A pesar de la injerencia de Washington en toda la región, los esfuerzos de las Cumbres y de otras iniciativas como la CELAC, están motivadas por los nuevos vientos políticos y sociales de la región. Con países que han marcado definitivamente cambios profundos en el rumbo de sus destinos, como Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina y Bolivia. Influencias que han sobrepasado sus fronteras más allá de sus propios espacios. Los esfuerzos más notables del conjunto de los países latinoamericanos son tener mayor independencia frente a los Estados Unidos, y menos dependencia en las definiciones económicas. Sin embargo, el poder económico y político de los Estados Unidos seguirá siendo la tradición más importante de las oligarquías latinoamericanas que en todas las épocas juegan el mismo papel de ser los portavoces locales de los ecos de Washington. Las pulsaciones de los poderes entre los nuevos jugadores políticos (organizaciones sociales, sindicatos, etc.) y las fuerzas oligárquicas seguirán siendo tensiones globales a lo largo de los países de Latinoamérica. Eso lo vemos en Venezuela y Ecuador con más nitidez. Pero los avances logrados por los sectores marginados y vilipendiados de siempre, son enormes y de gran trascendencia en las definiciones actuales. Además de la debilidad global del imperialismo norteamericano, que dio lugar a una reorganización total de las relaciones mundiales, en lo económico, político e ideológico. Nuevas áreas de influencias económicas, por tanto políticas, se están configurando en todo el mundo, y Latinoamérica es la región donde las redefiniciones políticas pasan por efectos políticos importantes. Presidentes que han sido guerrilleros, o indígenas que nada tienen que ver con las historias tradicionales, conducen los destinos de nuestros países. Todavía es muy pronto sacar conclusiones de estos complejos procesos sociales; sin embargo, las tendencias son marcadamente esperanzadoras.

América Latina vive irreversibles procesos económicos y políticos inclusivos. Y ciertamente configuran nuevas formas de relacionamiento Estado–sociedad, nuevas formas de relacionamiento entre los mismos países. El enorme desafío de la integración empieza a dibujarse desde las relaciones de nuestras sociedades, ya que fue una imposición imperial la desintegración de naciones y Estados. Anteriormente, gran parte de los mecanismos de comunicación e integración tradicional pasaban por las relaciones con los Estados Unidos, como era en el caso de la OEA, por ejemplo. Hoy la mayoría de nuestros países ya no necesitan del visto bueno imperial. La fluidez de la economía y la política actuales, han desmontado los mitos de imbatibilidad del poderoso del norte. Y las Cumbres empiezan a ser espacios de discusión más sincera y directa, acerca de los problemas domésticos y de Estado en nuestras regiones. El filtro norteamericano es cada vez más difuso y débil. Las reacciones prácticamente en cadena de todos los países de la región, ante la embestida imperial contra Venezuela, nos demuestran los cambios que se están produciendo en las visiones y los imaginarios de Estado, al interior de nuestras naciones y, en consecuencia, hacia afuera. En todo caso la prudencia es la mejor consejera, cuando sabemos que la historia de imposición imperial de los Estados Unidos es la constante en nuestras relaciones internacionales.

Integración y desarrollo endógeno, por decirlo así, son los insumos a trabajar y debatir en las construcciones de nuevos Estados. Paradójicamente, a pesar de haber compartido historias coloniales casi idénticas, somos Estados y naciones desconocidos. Sin integración ni mecanismos de integración. Reconstruir nuestros Estados, debe ser también construir espacios como las Cumbres para modelar esquemas de integración y conocimiento entre nuestros países.

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