diciembre 2, 2020

La Cumbre de las Américas, entre trascender y eclipsarse

por: Vicente Prieto 

Los días 10 y 11 de abril, en Panamá, se efectuará la 7ma Cumbre de las Américas, evento que reúne a jefes de estado y gobiernos del continente americano en torno a temas diplomáticos y comerciales de importancia continental.

En esta ocasión, el tema central a debatir se denomina “Prosperidad con equidad: el desafío de la cooperación en las Américas” y se prevén varios foros alternos con temáticas empresariales, juveniles, de la llamada “sociedad civil”, entre otros.

Sin embargo, para nadie es un secreto que lo principal en esta cita es el tratamiento de la situación económico–política y social de Venezuela y la amenaza bélica injerencista de Estados Unidos contra el país suramericano. No es irresponsable afirmar que, durante mucho tiempo, estas reuniones auspiciadas por la OEA estuvieron signadas por la visión hegemónica y unipolar del gobierno norteamericano, concentrado en lograr acuerdos comerciales ventajosos para ellos y mantener la influencia en el área, en el marco de tratados a través del ALCA, intento fallido precisamente por la acción antimperialista de Venezuela, Cuba, Bolivia y otros países, que decidieron unirse en alianzas regionales más justas y respetuosas de las soberanías nacionales, como son la CELAC, el ALBA y UNASUR, que, además de canalizar el comercio entre los Estados miembros, establecen la no injerencia en los asuntos internos, respeto mutuo y mantenimiento de la paz en el área, todo lo contrario a la política “made in USA”.

El ambiente regional actual que acogerá a la Cumbre de las Américas está matizado por las acciones de Estados Unidos, en pos de retomar la influencia y el control de esta parte del planeta, por un lado con un supuesto acercamiento hacia Cuba, país al que mantienen genocidamente bloqueado desde hace más de cinco décadas, y por otro lado, los intentos de derrumbar al gobierno electo de manera democrática en Venezuela, por todos los medios imaginables, incluyendo el magnicidio. Y todo ello aderezado con el incremento de la presencia militar en países de la región, limítrofes con Venezuela y Bolivia, presencia que suma miles de soldados preparados para una eventual contienda. La estrategia con Cuba no ha avanzado debido a la digna posición cubana de no aceptar condicionamientos ni abandonar los esfuerzos de unidad con los países hermanos. Los intentos subversivos en el caso de Venezuela también han fracasado estrepitosamente y, para aumentar la incertidumbre del gigante imperialista, Rusia y China han afirmado lazos económicos y diplomáticos con varios países de esta región, antes feudo y señorío norteamericano.

Varios analistas han especulado con la posibilidad de que Estados Unidos junto a algún eventual aliado intente boicotear el buen desempeño de la cumbre, idea que no es descabellada, sabiendo que, de antemano, los últimos hechos han provocado repudio de la comunidad internacional y sobre todo Latinoamericana, sumado a problemas que se ha buscado Estados Unidos con sus tradicionales aliados europeos por temas de espionaje, como es el caso de Alemania.

No la va a tener fácil Estados Unidos en Panamá. Ya el Presidente boliviano Evo Morales ha advertido que “Estados Unidos debe disculparse con América Latina antes de la Cumbre…”, y no lo han hecho. Por el contrario, mantiene su política de desestabilizar a Venezuela, apoyando y financiando a los grupos reaccionarios y la oligarquía golpista de ese país.

El imperialismo norteamericano se enfrentará en la primera quincena de abril a un importante problema que nunca había sentido tan de cerca: el rechazo de una región que antes dominaba a placer, hacia su política externa, la cual no tiene nada que ver con la defensa de la democracia ni los derechos humanos, esta vez en Venezuela, pues su único interés radica en el petróleo venezolano, en la posición geográfica y la importancia geopolítica de este país grande del cono sur respecto a la región, y por otra parte, en recuperar la hegemonía que le han hecho perder los movimientos populares en el área.

La próxima Cumbre de las Américas sucederá en un momento en que Latinoamérica o la mayoría de los países miembros de la OEA, están buscando y logrando otras vías de cooperación ajenas a las intenciones hegemonistas de los Estados Unidos, priorizando sus propias agendas gubernamentales y de desarrollo, pero que además reaccionan como nunca en contra de la potencia norteña. La posible presencia por primera vez de Cuba, que fuera marginada de estas Cumbres por su posición en contra del Imperio, añade mística al encuentro, en el cual, según el vicecanciller de Venezuela para Europa, Calixto Ortega, pudieran reunirse bilateralmente Obama y Maduro y, al decir de algunos analistas políticos, podrían “renegociar” la relación entre Estados Unidos y Venezuela, lo que no se espera es que la potencia norteña varíe mucho su posición, conociendo antecedentes como el bloqueo económico a Cuba, el cual, a pesar de las reuniones y los incesantes pedidos desde distintos foros, sigue en pie y con la misma fuerza de hace unos 50 años.

Por parte de los organizadores de la Cumbre de los Pueblos, evento que sesionará paralelamente al cónclave citado por la OEA, no hay muchas esperanzas en cuanto al legado que dejará la Cumbre americana y manifiestan que más allá de resoluciones y manifestaciones de buena voluntad valederas solo para los países miembros del ALBA, lo demás será tan intrascendente como en las anteriores Cumbres.

Sin embargo, lo que sucederá en los próximos días en la Cumbre de las Américas de Panamá, tendrá el valor que las actitudes de los países asistentes puedan conferirle. O se pliegan a las intenciones de Estados Unidos o reafirman la decisión de ser independientes y soberanos, lo cual puede suponer una ruptura con el hegemonismo norteamericano, la “muerte” de la OEA como organismo “unificador” de los países del área y, por consiguiente, el fortalecimiento de las asociaciones regionales alternativas sin Estados Unidos: ALBA, CELAC, UNASUR y las que vengan.

Sólo resta esperar que primen la cordura, la buena voluntad por resolver los conflictos y el respeto mutuo entre las naciones, pues, de no ser así, se enrarecerá todavía más el ambiente en esta región en la que los pueblos comienzan a levantarse y caminar solos, muy a pesar de las ambiciones imperialistas de Estados Unidos.


* Vicente Prieto, es un periodista colaborador de La Época.

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