noviembre 24, 2020

“Nuestro objetivo es la reforma moral e intelectual de la universidad”

Rider Jesús Mollinedo es representante del Frente Revolución Democrática Universitaria, alianza de filiación progresista que participó recientemente en las frustradas elecciones para consolidar Federación Universitaria Local en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). En esta amena entrevista reflexiona sobre la historia del movimiento universitario y la necesidad de construir una nueva conciencia social en San Andrés.

La Época (LE).- ¿Podría formular para nosotros cuál es su visión de una Federación Universitaria Local?

Rider Jesús Mollinedo (RJ).- Una Federación Universitaria Local (FUL) reglamentariamente es la máxima instancia de representación estudiantil en cualquier universidad pública del país y estratégicamente debiera ser el principal instrumento de lucha de reivindicaciones estudiantiles.

Desde un inicio, la Federación de Estudiantes de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz se constituyó en un relevante actor dentro de la dinámica política boliviana, situación que se profundizó tras la experiencia de Córdoba de 1918. Conquistas como la autonomía universitaria y el cogobierno con minoría estudiantil precisamente son fruto de este primer periodo histórico.

Tras la Guerra del Chaco, fueron muchos los dirigentes de la FUL de San Andrés los que combatieron al Estado oligarca y racista tomando la idea de Tristán Marof que decía: “Tierras para el pueblo, minas para el Estado”. Fue gracias a la FUL UMSA, en coordinación con otros sectores, que se sentaron las bases para la construcción del Estado Nacional Revolucionario de los años cincuenta.

Podríamos citar más ejemplos pero quedaríamos abrumados por el impresionante papel desempeñado específicamente por la FUL de San Andrés en el proceso de construcción de la sociedad boliviana a lo largo de todo el siglo XX, en especial en el periodo de dictaduras. Sin embargo, en los últimos 15 años esta histórica organización estuvo ausente del debate nacional. Hasta hoy, ocho años estuvimos sin una dirección política, y quienes la lideraron en siete interrumpidos años se encargaron de destruir los mecanismos de organización y acción estudiantiles por medio de la cooptación paternalista de la dirigencia estudiantil y la prebendalización de los procesos electorales.

LE.- ¿A qué se debe este extravío?

RJ.- Todos somos hijos de nuestra época. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 se alzó victorioso el mundo del libre mercado a la cabeza de imperialismo estadounidense, nuevo gendarme del mundo. La globalización del capitalismo en su formato neoliberal transformó radicalmente todas las sociedades y sus instituciones.

Por eso desde los años ochenta la institución universitaria latinoamericana se adecuó a las políticas educativas neoliberales que terminaron por convertir la educación en una mercancía y a la universidad en una fábrica que produce recursos humanos superespecializados, profesionalmente eficaces, acríticos con su realidad y altamente funcionales a los requerimientos del sistema, ahora denominado como “mercado laboral”, sin contemplar solución alguna a los problemas de desarrollo integral de nuestro país, Bolivia.

Más allá de la universidad, el producto de este reciente proceso histórico del que acabamos de hablar son las nuevas generaciones de jóvenes individualistas, despolitizados, desideologizados, unos atrapados en el academicismo puro, otros en la titánica búsqueda de trabajo, pero al fin y al cabo son generaciones ávidas de los conocimientos negados a sus (nuestros) antepasados.

LE.- ¿Qué demandas trascendentales tiene la comunidad universitaria?

RJ.- La universidad fue una institución muy racista hasta la década de los setenta. Hoy es una institución inclusiva, mucho más tras el ciclo de transformaciones de la estructura estatal iniciado en el periodo 2000 – 2005. Sin embargo, en mi vida estudiantil se ha debatido bastante la existencia de barreras que impiden hablar de una universidad totalmente inclusiva. El caso del cogobierno paritario docente-estudiantil, el voto ponderado y el voto universal, el sistema excluyente de dos seguros médicos universitarios, entre otros, son temas pendientes para la comunidad estudiantil, pero que de ninguna forma serán tratados seriamente si no existe una dirigencia digna, responsable y comprometida con estas y otras necesidades de la población universitaria, con un objetivo político súper esclarecido.

De algo estoy seguro. En la misión de procurar la construcción de una nueva universidad, debemos tener cuidado en no transformar a la universidad pública en aquello que Gustavo Rodríguez Ostria ha denominado “mini Estado del Bienestar”, un lugar en el que se otorgue educación, salud, comedor, guardería y equipamientos gratuitos, sin obligar a que sus beneficiarios adquieran responsabilidad y rendimiento como estudiantes que usan recursos de la sociedad. Estamos a puertas de un segundo congreso interno en San Andrés y es necesario asumir toda esta problemática en coherencia con la realidad nacional.

LE.- Ud. habla de cambio generacional en San Andrés ¿Qué significa exactamente aquello?

RJ.- Soy de la creencia de que el universitario debe devolverle algo a la sociedad. La universidad debe ser la vanguardia del pueblo trabajador boliviano en lo político y el brazo científico-tecnológico de la sociedad. Los movimientos sociales populares, obreros, campesinos, indígenas pueden permitir esta reactivación mediante políticas de cooperación que coadyuven a todos los involucrados, pero no conseguiremos nada de ello con la vieja dirigencia que persiste de vivir parasitariamente a costa de la universidad. O mantenemos las viejas estructuras estudiantiles responsables de la delincuentización de la dirigencia universitaria y el conformismo frente al trato docente-administrativo; o apostamos por un nuevo proyecto universitario que se arroje contra todo aquello que impide construir una nueva conciencia social en San Andrés y revolucione el sistema de democracia universitaria.

Ante la eliminación gradual de la naturaleza gratuita de la educación universitaria pública, ante la manipulación política que ejercen autoridades en todo orden de la vida universitaria, ante el empoderamiento del mal llamado “tercer estamento” administrativo, ante la drástica masificación de la población estudiantil, ante la corrupción en las esferas del cogobierno y el aparato administrativo universitario, ante el anacronismo académico y el esnobismo intelectual, ante la formación de tecnócratas sin sensibilidad social nuestro objetivo es la reforma moral e intelectual de la universidad.

En el intento por consolidar FUL en la UMSA en pasados días antes de observado el fraude electoral que orquestaba el comité electoral, el Frente Revolución Democrática Universitaria se constituyó y creemos que aún se constituye precisamente en el referente político del cambio generacional, esto gracias al proceso de formación política que se auto exigieron sus diversos dirigentes en las aulas universitarias. Considero que esta alianza de filiación progresista es, de hecho, un semillero de futuros cuadros políticos que protegeremos a como dé lugar.

LE.- ¿Cómo construyó Ud. esta visión crítica de la universidad?

RJ.- Soy un hijo del pueblo trabajador. Mi formación se la debo a un colegio consagrado a la ayuda social como es el Don Bosco por un lado y, por otro, a mi paso por las carreras de Comunicación y Derecho de la Universidad Mayor de San Andrés. Como dirigente de la carrera de Ciencias de la Comunicación y luego de la Facultad de Ciencias Sociales, y tras un intento de asesinato fallido contra mi persona en 2012, tuve la oportunidad de entender que hoy es más necesario que nunca recuperar el carácter nacional, democrático, popular y antiimperialista de la Universidad Boliviana para revitalizar los esfuerzos por construir una patria digna para todas y todos los bolivianos.


Entrevista realizada por Javier Larraín P.

La Paz, 9 de abril de 2015

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