noviembre 27, 2020

El cascabel para el gato

Para nadie es desconocido el carácter corrupto de la estructura policial, no se trata de “casos” aislados, como siempre se trató de camuflar los innumerables hechos de corrupción en esta fuerza que, paradójicamente, debe cuidar a la sociedad del Estado Plurinacional.

El carácter represivo que adquirió la policía nacional desde los tiempos del olvidado San Román, no ha sido desmontado y hoy, cuando un servidor público declara que la policía será transformada y obliga a “salir a la calle” a quienes deberían estar en ese lugar, prácticamente decreta su salida del gobierno.

La conspiración es casi natural en la formación de los centros policiales, la formación de logias en su interior son parte de la herencia colonial. Por otra parte, los constantes asesoramientos recibidos del exterior han constituido un cuerpo alejado de los intereses de la sociedad y Estado.

Todos los ministros de gobierno han tratado de recuperar la policía para el Estado, pero no han podido porque esta estructura tiene vida propia, se maneja con un marco jurídico diseñado a su medida.

La seguridad del ciudadano de a pie, como la seguridad de la fe de Estado, se encuentra desvalido y a merced del mejor postor. Hoy somos testigos de la fragilidad de la seguridad, incluso de los propios ministros, ellos deben estar desconfiando de la “seguridad” que le ofrece el oficial a cargo de su cuidado. Tal vez por esto el “Gringo” Gonzales dijo: no quiero edecán (esa fea palabra colonial para designar a un policía responsable de la seguridad).

Un proceso revolucionario no es tal si mantiene las viejas estructuras coercitivas del Estado, con toda su historia previa. Tomando la palabra del Presidente de tener un Gabinete Político, nos pareció adecuado y clave el nombramiento de Hugo Moldiz para la transformación de la policía.

Lamentablemente no recibió el apoyo –desconocemos las razones– y es posible que el proceso de conspiración haya tenido éxito, incluso en las altas esferas de gobierno, de ser así el futuro no es el más auspicioso para profundizar el presente proceso de cambio.

Cómo ciudadano ocupado en el desarrollo político de este proceso, propongo un referendo para reformar la Institución Policial desde la sociedad organizada que es el poder constituyente; no podemos dejar pasar la crisis policial, porque está en juego el presente y futuro de la revolución.

Si de seguridad se trata tendremos que transferir gran parte de esta responsabilidad a la sociedad organizada, recuperar el carácter comunitario de la seguridad, donde cada ciudadano es responsable del otro. Pongamos en práctica el sentido comunitarista de este proceso, porque no es solamente la política o la economía el ámbito de su aplicación sino la totalidad del desarrollo de la vida.

Poner el cascabel al gato ha sido siempre el desafío final para toda crisis, la Guerra del agua logró poner el cascabel a la política privatizadora y fue la Guerra del Gas que puso el cascabel al neoliberalismo como política de Estado.

Ha llegado el momento de poner el cascabel a la corrupción escondida en un uniforme. Todos los procesos descolonizadores son producto de la superación del miedo, ese temor incrustado en nuestras mentes por siglos de sumisión a los poderes represores.


* Camilo Katari, es escritor e historiador potosino.

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