diciembre 3, 2020

Adela Zamudio (1854-1928)

Poetisa, novelista, dramaturga y pedagoga boliviana, nacida en Cochabamba el 11 de octubre de 1854 y fallecida el 2 junio de 1928, en su lugar de origen. Hija segunda del matrimonio entre Modesta C. Ribero y Adolfo Zamudio.

Vivió en Corocoro, donde el padre trabajaba como ingeniero de minas. En casa aprendió a leer y a escribir y una profesora particular le instruyó en el inglés.

En el Beaterio de San Alberto, en Corani, inició su educación primaria, pero los negocios de su padre fracasaron y la familia, obligada a trasladarse a Viloma, por la pérdida de su estancia, quedó sumida en una profunda crisis que marcaría la vida de Adela, siempre con extremas limitaciones económicas.

Dado que a la mujer solo se le instruía hasta el tercer grado de primaria, su formación es, mayormente, autodidacta. Su primer escrito conocido data de 1868 y está dedicado a María J. Mujía, la poetiza ciega de Chuquisaca. Firmado con el nombre de “Soledad”, aquel seudónimo le acompañará toda la vida.

A los 15 años publicó su poema “Dos Rosas”, en “El Heraldo”, y años después, publicó su primer volumen de versos bajo el título “Ensayos Poéticos”.

En 1899 pasó a formar parte de la escuela San Alberto y en su valerosa defensa de los derechos de las mujeres de recibir esmerada educación, reclamó la necesidad de implementar el laicismo en los programas académicos nacionales.

En su poema “Nacer hombre”, denuncia la prohibición al sufragio femenino: Una mujer superior/ En elecciones no vota, / Y vota el pillo peor. / (Permitidme que me asombre). / Con tal que aprenda a firmar/ Puede votar un idiota, / Porque es hombre! Este marcado interés por la emancipación social e intelectual de la mujer caracteriza su obra y su vida; por ello es considerada precursora del pensamiento feminista.

Entre sus propuestas encontramos la instauración del matrimonio civil, el derecho al divorcio y la separación de la Iglesia Católica y el Estado. Su rebeldía estaba unida a su espiritualidad, pero fue combatida por las autoridades eclesiásticas, quienes le aplicaron el peor castigo de su tiempo: la excomunión.

En 1905 la nombraron directora de la Escuela Fiscal de Señoritas. Dirigió la primera escuela laica de Bolivia, fundó la primera escuela de pintura para mujeres (1911) y en 1916, el Liceo de Señoritas, que hoy lleva su nombre.

“Solterona, atea, endiablada, bruja”, estos y más insultos debía soportar a su paso por la calle; pero había escogido el celibato y vivió siempre sobriamente, aferrada a su fe, con una disciplina casi conventual.

En 1928 recibió la máxima condecoración literaria otorgada por el gobierno de la nación.

Desde 1979, en su honor, cada 11 de octubre se celebra el Día de la Mujer Boliviana y hoy resuena su epitafio: “lloradme ausente pero no perdida”.

La Época.-

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