diciembre 3, 2020

José María Leyes: un demócrata a palos

por: Boris Ríos Brito 

Las propuestas y los marcos de las alianzas y acuerdos se cocieron bajo promesas de cargos y acciones bastante complicada.

Para algunos que nos tocó vivir el “enero negro” de Cochabamba en 2007, es aún hiriente y chocante ver cómo los que fueron catalogados como los agentes del odio –que bien calzan como “sicarios del mal”, de esa canción de Serrat “Algo personal”– ahora son autoridades, tal es el caso de Arturo Murillo (bautizado como “el bolas” por su jefe Doria Medina) y José María Leyes, y que, además –en el caso de éste– hayan ganado las elecciones al municipio de marzo pasado en la ciudad de la “guerra del agua”.

Leyes dice que viene de las “luchas cívicas”, de las “luchas autonómicas” y que busca algo así como recuperar la ciudad, pero su victoria, con el partido DEMOCRATAS, con el 56,49% frente al 36,35% del MAS, no representa necesariamente la consolidación de un proyecto político, por lo que es necesario tratar de discernir la burda suma de votos del carácter político de esta victoria y de quien ahora comienza un nuevo escenario de disputa por la legitimidad que el Proceso de Cambio ha construido hasta el momento. Vamos abarcando algunos aspectos:

I

Los luctuosos hechos de Cochabamba del 11 de enero en 2007 representaron la fascistización de ciertos sectores de la ciudadanía que bajo la “defensa” de la “democracia, la paz y la ciudad” de los pañuelos blancos pasaron a las armas contundentes y a las de fuego, con un viejo libreto del fascismo, que además reclamaba a Dios como su guía.

Por debajo de la movilización cívica, como ya se ha demostrado, estaba conexo el separatismo que promueven las logias cruceñas y la negación del otro, es decir, el racismo y la consagración de privilegios heredados del colonialismo.

El 11 de enero fue, para Leyes, el escenario donde tomó sus primeras armas públicamente, pero lo hizo literalmente; fueron los palos, o como se lo ve en la foto, una barra metálica para recuperar la ciudad de la supuesta “invasión de los indios”.

Esa “lucha cívica o autonómica” es la cuna de quienes se opusieron al cambio, vieron con horror que los indios sean sujetos de la política y guardan una división muy clara, pero mental, de campo (el atraso, lo sucio, lo indio) con la ciudad (lo limpio, el progreso, lo blanco).

II

Pese a estos antecedentes, la candidatura de Leyes vino a ser como una especie de intención de expansión de DEMOCRATAS, el ala derechista de Santa Cruz y su líder, Rubén Costas. Nacía así una candidatura bajo el signo de la fractura de la derecha del país que nunca pudo encontrar un proyecto común y mucho menos un líder de consenso.

Empero, en el desarrollo de la política “criolla” intereses, insultos y vaivenes, terminaron favoreciendo a Leyes, consolidando una alianza que, en una mezcla de español y quechua, se llama juntucha, es decir, que son aliados circunstanciales, pero no bajo un proyecto político común, ni siquiera bajo un liderazgo de consenso, sino con el Evo –como señalaba acertadamente un compañero– como enemigo.

Ya en este marco de “unidad” con un pegamento muy frágil, Leyes buscó firmar acuerdos con varios sectores, privilegiando aquellos que empezaron a disgregarse del MAS por diferencias con la elección de candidatos y otros aspectos producto de una suerte de equivocaciones de este partido. Entre los sectores más sobresalientes se encuentran sectores de los llamados transportistas, los comerciantes y representantes vecinales, sobre todo de la zona sur, otrora bastión del MAS.

Claramente, entre sectores tan disímiles, las propuestas y los marcos de las alianzas y acuerdos se cocieron bajo promesas de cargos y acciones bastante complicadas, por decir lo menos. En el caso del transporte urbano, para poner un ejemplo, el tema se centró en la promesa de oposición a las propuestas del MAS de un tren metropolitano y sistemas de transporte masivo públicos, pues los transportistas que manejan el transporte masivo de manera privada, quieren seguir controlando esta prerrogativa, lo que se opone al sentido común y al interés de la mayoría de la población del municipio.

De esta manera, Leyes consiguió una gran alianza que seguramente le cobrará también una gran factura y que no podrá contentar fácilmente ya que existen intereses encontrados. Resta saber cómo Leyes podrá bailar en esta política criolla que él mismo se ha procurado, y que se conjugó con el azar, para poder llegar a hacerse de la silla edil.

III

Las élites dominantes en Cochabamba, históricamente, hablaron (y hablan) quechua y tomaban (y toman) chicha, por eso, el racismo fue formalmente menos violento en comparación con otros lugares, como es el caso del Altiplano. Sin este antecedente, de herencia colonial con tinte racista, no podría entenderse la victoria de Leyes, sobre todo en sectores populares que, por ejemplo, en enero negro de 2007 se movilizaron. Mucho de la noción de “recuperación de la ciudad” para entenderse debe referirse a este aspecto antes mencionado, ya que la propuesta de Leyes no era ni es precisamente viable y no es la razón de su victoria electoral.

La propuesta de Leyes para el gobierno municipal tiene muchos aspectos que pueden entrar dentro la demagogia y que, por ejemplo, en problemas grandes como el agua y la basura, son derivados a responsabilidad de la Gobernación o del Gobierno central. De la misma manera, resulta más o menos evidente que el programa de Leyes necesitaría el apoyo financiero del Gobierno central si es que se intentara adecuarlo a la realidad y ponerlo en práctica. Este panorama, que seguramente se irá vislumbrando mejor en el transcurso de los primeros intentos de gestión de Leyes, nos muestra el carácter conflictivo entre una alcaldía que exija todo a los gobiernos central y departamental mientras va improvisando y los gobiernos central y departamental que tienen su propio programa y sus propios proyectos.

IV

La consigna de Leyes parece ya más clara: “todos contra Evo”, como dijera alguien, su nuevo “gabinete” responde a que DEMOCRATAS no es una propuesta en sí misma (o con la suficiente militancia), como también muestra el grupo de sus concejales, sin embargo, todos son contrarios a Evo y al Proceso de Cambio y en su debido tiempo pudieron tratar de contrarrestar lo conseguido por lo popular.

Llama la atención que en los cargos de Secretario General y Secretario Ejecutivo del Gobierno Municipal se hayan posesionado a Ricardo Pol y Alex Contreras, respectivamente. Pol, que viene de Unidad Demócrata con Doria Medina, como Contreras, que viene de las cercanías del MAS, declararon que no son militantes de DEMOCRATAS, pero que tienen un compromiso cívico con Cochabamba. El otrora vocero de Gobierno y ahora renegado Contreras dijo en un medio televiso que él tiene un compromiso profesional con Leyes.

Esta amalgama que Leyes ha formado, además de otras variables como la clase u otro aspecto, solo tiene su asidero en su lucha contra Evo y lo que éste representa, por lo que es endeble y no resistiría un resquebrajamiento. Vale la pena preguntarse si Leyes tendrá gobernabilidad, tanto internamente, con esta especie de “megacolación” que ha conseguido y, externamente, con el monstruo frankenstein que ha formado socialmente sólo bajo la consigna de estar contra Evo.

Ya en su gestión como tal, a Leyes lo acecharán las viejas prácticas que la derecha sabe del manejo público y que sus aliados provenientes de las filas de Chaly Terceros, Manfred Reyes Villa y otros, tienen bastante experiencia.

El municipio de Cochabamba volverá a disputarse entre la democracia a palos y la democracia comunitaria, de los barrios, de las movilizaciones.


* Boris es sociólogo.

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