noviembre 26, 2020

5 cuestiones sobre el futuro de la seguridad y la soberanía alimentaria. Empecemos de nuevo… (Parte I)

por: John D. Vargas Vega

Primera cuestión

En Bolivia Cerca de 700 mil unidades económicas son las responsables de la producción agropecuaria, la mayoría de ellas son explotaciones parcelarias campesinas e indígenas, el resto son empresas agropecuarias de diferente escala. Alrededor del sesenta por ciento de los alimentos que se consumen en el país son producidos por estas unidades y el cuarenta por ciento restantes es importado. En las tres últimas décadas el aumento de la producción y la productividad en las empresas agropecuarias fue creciente y en el mismo lapso la producción y la productividad de las unidades parcelarias disminuyó notoriamente. Eso significa que la producción actual de alimentos proviene cada vez en mayor proporción de las empresas agropecuarias y declina las unidades campesinas e indígenas.

Es necesario e importante revisar esta situación para visualizar el futuro de la seguridad y la soberanía alimentaria, porque los dos extremos señalados están asociados con la tenencia de la tierra y estas tendencias de aumento y descenso de la producción agrícola en modalidades de producción contrapuestas definirán el curso del problema agrario en Bolivia. Es de conocimiento generalizado que la propiedad parcelaria se viene fraccionando en superficies cada vez más pequeñas y dispersas en las tierras altas del occidente del país mientras que la propiedad fundaría empresarial aumenta y se concentra cada vez en menos unidades empresariales agropecuarias.

La política agraria, en los últimos treinta años facilitó la emergencia del latifundio empresarial que en el presente se acentúa y crece como la forma de producción dominante, en tanto que la producción parcelaria declina de manera sostenida, pese al apoyo que le presta a la “agricultura familiar” el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, instancia gubernamental que no dispone de mecanismos ni instrumentos que detengan esta tendencia, por lo tanto, el fraccionamiento de la propiedad familiar continúa, hasta límites reducidos de producción y productividad debido a que la superficie cultivada por esta modalidad la hace insostenible.

Es importante señalar que la relación existente entre estos dos polos opuestos, en el marco de la economía plural, es contradictoria pero no excluyente sino, más bien, complementaria porque la expansión o la contracción de estos dos modos productivos dependen de su propia dinámica y no de la supresión del contrario. En consecuencia la configuración de la propiedad fundaría basa en la empresa agropecuaria trastoca el problema agrario en el país, ya que la tradicional oposición entre terratenientes y labriegos sin tierra quedó superada con las reformas introducidas. La nueva confrontación que emerge no es la oposición del latifundio empresarial con la ‘agricultura familiar’ y los labriegos sin tierra ni sino la nueva forma de latifundio con el Estado. Esta relación de oposición, por lo mismo, da lugar al cambio del problema agrario en Bolivia, que no puede ser resuelto con la reforma agraria que responde la contradicción de los sin tierra con los terratenientes.

Esta situación tiene fuertes implicaciones en la producción de alimentos, porque aunque las unidades parcelarias continúen generando alimentos para la subsistencia de las familias campesinas e indígenas y sigan intercambiando el excedente del consumo familiar en los mercados locales, el volumen producido es menor cada año, en tanto que, la producción empresarial aumenta anualmente de manera acelerada, ya que su producto final se realiza en el mercado interno y se orienta a la exportación. En las condiciones actuales la continuidad de la producción parcelaria enfrenta un serio riesgo de anulación de la producción parcelaria, porque su contribución al mercado interno de alimentos, es decir, a la economía nacional, cada vez tiene menor significación, además de que el volumen del producto que genera se reduce anualmente.

Esto significa que en el país la producción agropecuaria empresarial continuará aumentando cada año y que correlativamente la producción parcelaria disminuirá. Así el abastecimiento interno de alimentos en el próximo quinquenio pasará a depender de la producción empresarial cada vez más y cada vez menos de la producción parcelaria, a cual perderá significancia en la economía boliviana pese a que las ‘unidades productivas familiares’ aumentan anualmente en número por el fraccionamiento del predio familiar y la redistribución de la tierra en los territorios indígenas, pero no aumentará el producto ni la productividad porque la superficie cultivada se constriñe.

Este fenómeno relacionado con la tenencia de la tierra indica que la propiedad de la tierra bajo control de las empresas agropecuarias evoluciona hacia la constitución de latifundios empresariales que es la nueva forma de tenencia de la tierra. Fenómeno se acentúa con la penetración del capital externo en la producción agropecuaria y avanza hacia el control de la propiedad de la tierra, lo que da lugar a la extranjerización de las mejores tierras de cultivo del país. Eso implica la apropiación de la tierra y del territorio por el capital externo en las zonas donde se practica esta transacción comercial, es decir, involucra la transferencia de soberanía del Estado boliviano sobre las tierras de cultivo en favor de empresas extranjeras multinacionales que buscan el control de ésta porción de territorio nuestro, del uso del mismo y de los alimentos que se produzcan; en país la enajenación de tierras de cultivo ya empezó y es un embate progresivo.

Lo particularmente significativo de este hecho es que la concentración de la tierra no se efectúa en detrimento de la propiedad parcelaria sino en base al acaparamiento de tierras fiscales otorgadas por el Estado a grupos de migrantes extranjeros y a familias de campesinos e indígenas sin tierra, quienes encontraron que el usufructo de la compra-venta de las tierras de dotación constituye un mejor negocio que el laboreo de las mismas.

El mercado de tierras es dinámico, la transacción comercial de propiedades agrarias involucra a cerca de un millón de hectáreas. En el presente basta proceder al “chaqueo”, tumba y quema de árboles, utilizando machete, hacha y motosierra para la habilitación y el cultivo de un par de hectáreas, suficientes para acreditar el uso económico y social de un predio de dotación de tierras no cultivadas, que pueden llegar a más de un centenar de hectáreas, con el fin de obtener la titulación de la tierra. Conseguida la titulación estatal del predio la tierra adquiere un valor de mercado para la venta de todo el predio al mejor postor. El comprador ‘chaquea’ el resto del predio con maquinaria, y adquiere otros predios cercanos de la misma manera introduce tecnología mecanizada en extensas superficies de suelos habilitados. Así se consolida el latifundio empresarial.

Esta modalidad de apropiación de la tierra es relativamente reciente, por lo mismo, escapa a la normativa agraria últimamente renovada por las instancias gubernamentales, lo cual cuestiona o al menos pone en entredicho las políticas agrarias gubernamentales aprobadas, pues en base a estas transacciones se constituyen los latifundios empresariales, sobre los cuales operan los compradores extranjeros, así el país queda despojado de grandes extensiones de tierras de cultivo para la producción de alimentos.

La “agricultura familiar” también está inmersa en la compra-venta de tierras, aunque en restringidas extensiones, tanto en las zonas bajas como en las zonas altas, lo novedoso es que las empresas agropecuarias extranjeras utilizan la “agricultura por contrato” como la estrategia más eficaz de apropiación de las tierras parcelarias sin modificar la propiedad fundaría, esto les permite someter a la “agricultura familiar” al control del latifundio empresarial y a la conversión de la tierra en factor productivo del capitalismo agrario. Estos dos procesos conducen a la liquidación de la “agricultura parcelaria” como modalidad productiva no capitalista diferenciada, además, otros mecanismos coadyuvan a la reducción de la agricultura parcelaria, principalmente la práctica de la herencia familiar que conduce al fraccionamiento del minifundio y la compra-venta de tierras de comunidad.

Segunda cuestión

Es importante recordar que la estrategia de globalización del sistema capitalista parecía, a principios de este siglo, que había logrado imponer el dominio del capital en todo el mundo, supeditando a su hegemonía todas las formas productivas que no eran capitalistas, por lo tanto se suponía que la “agricultura familiar” en todas sus variantes desaparecería. Esto fue lo que entendimos al finalizar el siglo XX, dada la creciente expansión de la globalización, nadie quedaba fuera del sistema capitalista y todos los países se regían o se regirían por las normas del mercado mundial, eso parecía un hecho incontrastable hasta que el sistema financiero internacional violó los principios de la confianza y la credibilidad en el manejo de los negocios bancarios, entonces este sistema se derrumbó estrepitosamente y arrastró al resto del sistema capitalista mundial.

El aprieto de los sub prime puso al descubierto la crisis total del sistema capitalista en toda su profundidad y amplitud, develando que detrás de su exitosa máscara financiera estaba en quiebra el sistema capitalista globalizado, mostrando que ya no era sostenible la continuidad de la acumulación de capital en las mismas condiciones y que el éxito ascendente, entusiasta e irresponsable, de la especulación financiera había llegado a su límite poniendo en riesgo la acumulación misma del capital.

Es importante recordar que con el derrumbe del sistema financiero internacional emergieron la crisis energética, la crisis climática, la crisis alimentaria y la crisis productiva. Estas crisis que ya estaban instaladas en el sistema; la quiebra financiera sólo las puso en evidencia. La crisis generalizada no sólo mostró la debilidad del sistema sino que puso al descubierto que el mercado mundial estaba controlado por un reducido grupo de corporaciones multinacionales que especulaban con las compras a futuro. La especulación evidenció la dependencia que tienen la población y las empresas del mundo de la manipulación que efectúan estas grandes corporaciones multinacionales a través de las bolsas de valores; lo más crítico fue que se develó que el mercado mundial de alimentos está manejado por tales corporaciones y no por la “libre concurrencia” en el mercado de la libre oferta y demanda, que fueron sustituidas por las políticas corporativas asociadas con los gobiernos de los países “del primer mundo” con un exquisito uso de los medios de comunicación masiva y de la moderna publicidad para manipular a los consumidores.

Así quedó expuesta la irracionalidad que prima en la explotación de los recursos naturales, en particular del petróleo, y la utilización desmedida de los combustibles derivados del negocio petrolero y del consumo de energía eléctrica por la acelerada expansión de la industrialización en el mundo, en los últimos decenios, con el consiguiente aumento del consumo de combustibles y de las emisiones de carbono en la biosfera. La contaminación generalizada del medio ambiente del planeta y el agotamiento de las reservas de petróleo convencional provocó la crisis energética.

Las repetidas alteraciones en la biosfera y la estratósfera por las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero resultantes de la industrialización, la deforestación, la producción de cultivos extensivos y de explotaciones intensivas para obtener biocombustibles y alentar el consumo irracional de productos innecesarios para el bienestar de la humanidad, provocaron el cambio climático, cuyos mayores impactos tienen efectos en la reducción de las reservas de agua y en la pérdida de biodiversidad, pues estos impactos rebasan los límites permisibles del planeta para sostener la extracción de recursos naturales no renovables en las condiciones actuales. Además, la crisis climática tiene incidencias severas en la producción de alimentos y en la reproducción de la vida.

La crisis financiera mostró que el mercado de alimentos y de materias primas agropecuarias está manipulado por el consorcio de bancos internacionales empalmados con empresas químicas multinacionales y que el desabastecimiento de alimentos para cubrir las necesidades básicas de la población mundial no está resuelto por el sistema capitalista, por el contrario, el objetivo de la reducción del hambre en el mundo no se cumplió. El hambre y la desnutrición siguen siendo un problema crucial para la humanidad. La oferta de alimentos aumenta anualmente a un ritmo menor que el consumo mundial, lo que no significa que la producción de alimentos disminuya sino que gran parte de la población mundial no accede a ellos porque los precios se elevan más allá de su capacidad adquisitiva.

A la población mundial le corresponde disponer de la ingesta diaria de alimentos básicos con la calidad y cantidad necesarios para vivir con dignidad. El desbalance alimentario generalizado en el mundo es innegable, pero es encubierto por el control corporativo con otras políticas como la reducción de la ingesta diaria y la calidad de los alimentos. El acceso a los alimentos básicos, para porciones cada vez mayores de la población mundial, es cada vez más difícil, especialmente para quienes perdieron parte o todos sus ingresos debido al desempleo provocado por la crisis del sistema capitalista. La nueva amenaza derivada de la crisis del capitalismo es el hambre de nuevos contingentes poblacionales, que se suman a las poblaciones desprotegidas en los países del “primer mundo” y el mayor riesgo generalizado es la desnutrición de miles de millones de personas.

Dado que la disponibilidad de alimentos en el mercado es incompatible con la capacidad de compra de los consumidores, el acceso a los alimentos básicos por los nuevos contingentes de desempleados será cada vez más dificultoso si no se revierte la crisis capitalista, pues el mercado de alimentos controlado por el poder de las corporaciones multinacionales altera los precios de mercado con la especulación de los precios a futuro. Para atenuar esta situación las mismas corporaciones optaron por la reducción de la calidad de los alimentos que consumen masivamente las diversas poblaciones del mundo a fin de mantener los precios en el mercado y así no disminuir sus ganancias.

Con la crisis generalizada del sistema capitalista la humanidad enfrenta la peor crisis alimentaria pues con las condiciones del cambio climático adverso y de la severa crisis energética, los gobiernos no tienen la capacidad suficiente para enfrentar el poder corporativo de manipulación de los mercados de alimentos. La ingente concentración poblacional en grandes centros urbanos agrava la crisis alimentaria y la insuficiencia de provisión de agua potable. La reducción de agua potable se debe a la elevada utilización de agua que insumen las grandes explotaciones extractivas de la minería, la extracción de hidrocarburos por métodos no convencionales, el creciente consumo de agua por las industrias manufactureras y las grandes explotaciones agropecuarias de agua de riego para grandes extensiones de cultivos comerciales. Las fuentes para cubrir el creciente consumo de agua se agotan y se requieren de nuevas fuentes sustitutivas. El déficit de agua potable en las grandes concentraciones poblacionales urbanas se incrementará rápidamente en los próximos años, profundizando la crisis del agua en diferentes regiones del mundo.

La crisis del sistema capitalista mundial no tiene solución porque la crisis es múltiple. Aunque sus manifestaciones han sido contenidas, las causas que las provocan no fueron resueltas. Para los gobiernos lo urgente es evitar la recesión generalizada de la economía mundial y el quiebre definitivo del sistema financiero internacional, esto no es posible sino se elimina el control de los mercados internacionales que ejercen autónomamente los grandes conglomerados multinacionales que están en la cúspide del poder mundial. La experiencia reciente muestra que los gobiernos neoliberales pese al “rescate” de los bancos privados multinacionales con fondos de los Bancos Centrales, sólo consiguieron reducir el impacto y posponer el quiebre de algunos de ellos pero no resolvieron la crisis financiera internacional.

En este contexto es importante reflexionar sobre el futuro de la crisis alimentaria que afecta principalmente a poblaciones desprotegidas en todos los países del mundo y particularmente a las nuevas poblaciones pobres producto de la crisis generalizada del capitalismo porque los desocupados de los países desarrollados no tienen protección. En este sentido, queda clara la incapacidad de los gobiernos para cumplir con el objetivo de reducir el hambre no en el mundo sino en sus propios países, o sea, conseguir que la mitad de los hambrientos disponga de alimentos diarios para su subsistencia y nutrición mínima, con la esperanza de que la mitad restante de esta población pueda salir del hambre en un tiempo similar.

Habida cuenta que un reducido grupo de conglomerados multinacionales ejerce el control de la producción y el consumo de alimentos en el ámbito internacional, mediante el control monopólico de los insumos agrícolas y pecuarios que incluyen semillas, fertilizantes, pesticidas, productos veterinarios y tecnologías para la producción de alimentos, dirigidos hoy preferentemente a la producción de biocombustibles, es necesario regular su intromisión en los mercados internacionales de alimentos y materias primas de origen vegetal y animal.

Estos mismos conglomerados de bancos e industrias químicas no sólo controlan la producción de insumos para la producción de alimentos y de materias primas de origen agropecuario sino que empezaron a ejercer mecanismos de influencia en el control del acceso a la propiedad de la tierra en diversos continentes. En nuestro subcontinente en el mercado de tierras opera el alquiler de tierras para cultivos extensivos mecanizados, cada vez con mayor amplitud, junto a la “agricultura por contrato”. De esta manera la producción de alimentos, el agua de riego y la biodiversidad, responden a éstos intereses externos que adquirieron poder para introducir diversos agroquímicos tóxicos y nuevas tecnologías biológicas, como las semillas transgénicas (organismos genéticamente modificados), este poder define el destino de la producción y toma la decisión de qué alimentos producir, con la consiguiente pérdida de soberanía de los productores agropecuarios sobre estos aspectos.

Esto significa que la producción de alimentos con tecnología industrial (mecanización en cultivos extensivos, silos, plaguicidas, fertilizantes y pesticidas) continuará su avance hasta conseguir el control de la producción de las parcelas de cultivo familiar que aún quedan mediante la modalidad de la agricultura por contrato.


* Docente Universitario investigador en economía, politología, planificación y desarrollo medio ambiental. • jovarveg@yahoo.com

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