diciembre 3, 2020

¿Migrante, extranjera o ciudadana universal?

por: Adriana Guzmán

Pensar que en Europa los países tienen eficientes medios de transporte, buena educación, calles ordenadas y limpias, porque la gente muy trabajadora, es ser ingenuas y colonizadas, pues los “beneficios”, de los que sus ciudadanos y ciudadanas gozan, son privilegios construidos sobre la explotación de nuestros territorios y nuestros pueblos en América Latina, África y Asia principalmente. Entonces, no es cuestión de buena suerte, de ser más o menos trabajadoras, o ser o no ser “flojas”. Europa (y Estados Unidos por supuesto) disfrutan de las ganancias producidas por un sistema patriarcal, capitalista, colonial, hoy neoliberal.

Las fronteras son un ordenamiento patriarcal que le sirve al sistema para la acumulación de riqueza y por tanto para la explotación, por eso no es pues casualidad, que quienes van de América Latina o cruzan el Mar Mediterráneo arriesgando su vida en busca de trabajo y subsistencia, sean llamados migrantes, sean discriminados, perseguidos y violentados sistemáticamente y quienes vienen de Europa a nuestros territorios se llamen extranjeros o turistas y no migrantes. Ambos términos reflejan las relaciones de poder planteadas por el sistema al que no le es suficiente saquear nuestros territorios, si no también, necesita llevar mano de obra barata a sus territorios para explotarnos bajo sus reglas, libre e impunemente, operando en esto una mentalidad colonial, de que en Europa y Estado Unidos se vive mejor.

Por si fuera poco, bajo esta misma mirada colonial, acá hay gente que cree que desde esos territorios pueden venir a civilizarnos, a enseñarnos sobre derechos, sobre medio ambiente y sobre democracia, por citar solo algunos temas en los que trabaja la cooperación internacional, cuando en el norte (de donde viene la “cooperación”), se ha depredado la naturaleza, se han consolidado los derechos como privilegios de unos cuantos que tiene poder adquisitivo para ejercerlos, y ni que decir sobre la democracia europea, que es tan democrática, que hasta garantiza que los fascistas puedan organizarse y movilizarse en persecuciones medievales contra las y los migrantes y sus wawitas, habrá que preguntarse ¿Qué entienden por civilización entonces?

Ser migrante, constituye una identidad política, un posicionamiento frente a las relaciones de poder legitimadas por los Estados, las fronteras y los pasaportes, por eso ser migrante no es lo mismo que ser extranjera o extranjero.

La propuesta de una “ciudadanía universal” planteada por varios presidentes en la Cumbre CELAC – Europa, este mes de junio, propone de fondo que no pueden haber personas de primera y segunda clase, lo que es incuestionable. Sin embargo hay que pensar en otras categorías, como tarea de la descolonización, por lo menos hay que tener cuidado con estas dos palabras “ciudadanía universal” propias del pensamiento eurocéntrico y de su hegemonía de poder, pues históricamente desde Grecia hasta la Revolución Francesa, ser ciudadano ha sido un privilegio de unos pocos, en general hombres, incluso para Soledad Chapetón, alcaldesa del El Alto parece que ser ciudadano es más civilizado y mejor que ser indígena. Y respecto a lo “universal” es otra pretensión eurocéntrica de controlar el universo cuando apenas habitamos el planeta tierra, pero parece que aún no se han informado.

Entonces, las organizaciones sociales en el proceso de cambio tenemos que empezar a pensar qué hacemos con las fronteras y los pasaportes y tenemos que proponer nuevas categorías frente a la ciudadanía excluyente. Nosotras feministas comunitarias, proponemos la comunidad y la comunidad de comunidades como espacio para el vivir bien y sin pasaporte.


* eminista comunitaria.

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