noviembre 24, 2020

Quiero una sala de teatro

El cine boliviano no levanta cabeza: no hay espectadores, no hay buenas películas, no hay directores (ni elencos) potables, no hay guiones, no hay apoyo ni estatal ni privado.

Hace muchos años una buena peli nacional metía un millón de espectadores en las salas. No había piratería, no había videos, no había nada. Hace menos años, una buena peli boliviana metía 100.000 espectadores. Ahora la ¿mejor? Llega a 20.000, con suerte. Y eso que hablo de pelis de las que da ganas de salirse como: “Olvidados” y “Boquerón”. Nuestra única esperanza como cinéfilos es que los tres cineastas de garantías que tenemos estrenen. Y hablo de Valdivia, de Loayza, de Boulocq, de Bellott… Me sobran los dedos de una mano, porca miseria.

Pero a cambio, el teatro nuestro vive su mejor momento. Tres obras (únicamente en La Paz, en Santa Cruz y Cochabamba la escena también da buenas noticias) han constatado esta certeza con “Gula” (Calla y sus cuates), “Mar” (Teatro de los Andes) y “Todo blue” (Agazzi y asociados).

El público teatrero ha crecido en La Paz (nunca le agradeceremos lo suficiente a Maritza Wilde tanto laburo y tanta pasión con años y años de Fitaz) pero en el resto del año en los pocos y pequeños espacios teatrales de la ciudad siempre estábamos los mismos: una inmensa minoría (todavía no me explico por qué hay siempre más chicas que chicos). Pero ahora el público crece y crece. La razón: hay buenas obras, buenos directores y elencos, textos a la altura… y cero apoyo (ni estatal ni privado). ¿Para cuándo tendremos una sala (una, estoy pidiendo) permanente donde se vea buen teatro de manera constante? Ahora es cuando. Ahora es cuando porque tenemos buenas obras, teatreros y público. ¿No merece “Gula” o “Mar” o “Todo blue” estar en cartelera durante semanas y semanas y que corra la voz? ¿No hay un empresario privado con ojo y amor que ponga una sala de 500 espectadores, cómoda y moderna, para ver teatro de miércoles a domingo?

En el teatro no hay un día que sea igual al otro. Cada representación es irrepetible, única. Como el buen arte, el teatro captura en un instante un momento mágico que nunca volverá. Dicen que el teatro es obsoleto, impostado, torpe, precario y rústico; que está en ruinas; que en un mundo de multitareas como el de hoy –tecnológico y súperconectado– el teatro no tiene sentido; que es antiguo y rancio. Es mentira. Desde hace más de 3.000 años, desde Atenas, el hombre y la mujer se han sentado en círculo para mirarse, para verse representados, en sus anhelos, en sus fantasmas. Sin intermediarios, sin pantallas, cara a cara, en grupo. “El teatro es la representación más fiel y lúcida de lo humano”, dice Percy Jiménez, director y dramaturgo.

En el teatro al final tienes que dar tu veredicto. La famosa cuarta pared juega, también cumple un papel. Si aplaudes (en La Paz aplaudimos por cortesía y “buena educación” cualquier huevada), todos se van contentos; si puteas, puedes arruinar al elenco esa cena de la noche de marras. Haz patria, enamórate del teatro, el nuestro, aunque sea sólo porque está de moda. Y soñemos entre todos con esa sala linda de teatro en nuestra querida ciudad maravillosa.


* Periodista y director del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Conductor del programa transmitido por Radio Patria Nueva Contextos.

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