noviembre 25, 2020

Entre el referéndum autonómico y la reelección presidencial

por: Manuel Canelas

Debemos fortalecer la línea política, estrategia y compromiso, leer nuestras falencias y comprender que la cita de febrero será probablemente la más importante que ha tenido el MAS.

Quisiera hacer unos comentarios para analizar los resultados del referendo autonómico del pasado domingo y del que tendremos por la reelección [1].

El resultado del domingo tiene múltiples causas y no creo que sea muy adecuado el oportunismo del entusiasmo de la oposición de adscribirse ese resultado como un adelanto de lo que sería el referéndum de la reelección, cuestión sencilla de ver como que los actores de la oposición le dieron menos importancia a estos resultados que el propio MAS.

La oposición antes, durante y después

En los últimos diez días previos a los comicios, Unidad Nacional caminó por todas las posibilidades: primero, abanderaron el voto nulo, luego, el voto blanco. Pensaron que fruto del ausentismo o el desconocimiento iba a haber una abstención muy alta que, finalmente, no la ha habido. En esa dirección, colegas de la oposición como Jimena Costa, Wilson Santamaría o María Calcina, salieron reprochando al Tribunal Electoral por no explicar que se podía votar nulo o blanco y que, como ellos no se habían adscrito para hacer campaña ni por el “Si” ni por el “No”, harían una por el nulo y por el blanco.

Cuatro o cinco días después hubo un cambio de timón donde el propio Doria Medina, violando la normativa electoral –porque estaba fuera de campaña y su partido no se había inscrito para apoyar ninguna de las opciones–, abanderó el “No”, como intentando adelantarse a apropiarse de los resultados. En las discusiones que tuvimos ayer en la Comisión Mixta de Constitución, cuando algunos colegas de la oposición plantearon entusiasmados que el domingo hubiera sido una previa del referéndum, se les ha replicado diciéndoles que si están seguros que vamos a perder 70/30 o 60/40, firmemos todos para que el referéndum se realice mañana.

Tiene sentido que una oposición fragmentada, sin proyecto, trate de apropiarse del primer resultado que sí se puede entender que tiene un porcentaje de mensaje crítico al gobierno, aunque curiosamente es una elección donde no participa nadie de la oposición. Claro, tampoco es conveniente para nosotros quedarnos solamente con una lectura que diga que lo que pasó el domingo no tiene absolutamente nada que ver con el desempeño de ninguna autoridad – de los diferentes niveles del Estado.

Posibles causas del “No” a las autonomías

Las elecciones que no le “importan mucho” a la gente, de las que se tiene poco conocimiento sobre ellas o que se piensa que no se juega nada importante, son quizás elecciones donde se decide mandar un mensaje a quien gobierna, no necesariamente a quien gobierna en Plaza Murillo, pero sí a su gobernación, alcaldía y, en última instancia, a quien gobierna el Estado.

Pensar que el mensaje del domingo no tiene ningún tipo de lectura crítica sería un error, ahora, habría que ir localizando cuáles son esos mensajes y en qué lugares. Considerando, como primer elemento, que es cierto que los cinco departamentos no tienen una pulsión autonómica ni una identidad departamental densa.

En el caso de La Paz, no hay una identidad política departamental, los paceños tenemos una identidad local, un municipio y un gobierno central fuertes que solucionan las necesidades que tienes como ciudadano; si le preguntas a cualquier persona o incluso a algún diputado, no sabría decirte para qué existe una gobernación porque, en general, no hay un conocimiento de qué te soluciona una gobernación, qué demanda atiende, para que está allí. Si a lo anterior se le añade que tampoco hay una identidad fuerte, como sí la hay en Santa Cruz o Tarija, partes, por su puesto, de un escenario complicado para que la gente se movilice, se apasione por la identidad departamental o por la votación y elección del estatuto. Esas son las primeras condiciones que hay que tomar en cuenta en los cinco departamentos y que, desde luego, dificultaron mucho el tener un gran resultado.

Además, en el caso de La Paz hay otros mensajes que nos envían, es decir, no creo que haya sido lo más acertado la presentación del Centro de Investigación Nuclear en Mallasilla, no al menos de la manera que se llevó a cabo. No hubo ninguna campaña de información sostenida, al menos no que yo haya conocido, y más o menos se aprobó el proyecto demasiado deprisa. Siendo un proyecto muy interesante y beneficioso para la región, una cosa que bien explicada es buena, que podría haber servido incluso como elemento positivo para la campaña –para decir este es un avance del departamento– no fue percibido así por la gente. Hubo debilidades no en la explicación técnica –sólida y con gente que conoce del tema– sino debilidades comunicacionales nuestras y esto permitió que la oposición, de la mano de la caricatura: van a poner Fukushima, terminara haciéndolo pasar como una imposición con consecuencias negativas para la población. Deberíamos haberlo explicado mejor y a tiempo. Además el proyecto del Centro se ubicará en un lugar especialmente sensible porque es el sitio de expansión natural de la ciudad y de ocio de las clases medias emergentes. En efecto, resulta sorprendente que en una campaña de estatuto departamental no se haya tenido un poco de cuidado con eso, algo parecido sucede con el caso de los árboles de Miraflores. La tala es una práctica cotidiana que el municipio lleva a cabo, ya sea cuando están perjudicando algo o se está por caer alguno, pero, no parece lo más pertinente haberlo hecho la última semana de campaña cuando seguramente podías esperar o explicar los motivos de la decisión.

Habría que añadir que el MAS no participó activamente en la campaña del estatuto, el Presidente no se involucró y nunca hubo una línea de la presidencia que dijera esto es importante y hay que votar. En ese sentido es cierto que el MAS como estructura tampoco se involucró en el proceso.

Autonomías indígena originario campesinas

La buena noticia de la jornada es que Charagua se declaró autonomía indígena originaria campesina y esa es una de las banderas del proceso. Hubiera sido muy lamentable que el mismo año en que Rubén Costas saca adelante su estatuto autonómico departamental –que sabemos el origen que tiene– no hubiese salido la conversión de Charagua como autonomía indígena, de hecho, hubiera sido una victoria en diferido del proyecto de Costas, cuyo estatuto no incluye de forma clara a los pueblos indígenas, además de ser aprobado en 24 horas sin mucha deliberación.

En Totora Marka perdimos porque, entre otras cosas, la alcaldesa del MAS, Marta Ramírez, hizo campaña contra la conversión de Totora en autonomía indígena. Y eso es un mal dato y conviene tenerlo en cuenta.

Otras reflexiones

En el caso de Oruro resulta un poco preocupante que nuestras autoridades locales hayan estado tan seguras de ganar el estatuto departamental, que incluso se hayan preparado unos festejos del “Sí”, y que, luego, si no me equivoco, haya sido el departamento donde más alto fue el “No”, donde, dicho sea de paso, no había un COMCIPO que estuviera haciendo campaña por el “No”. Algo falla si eso sucede. Desde luego la campaña y la socialización no fueron óptimas.

Hay una asignatura pendiente en el gobierno central, en toda la estructura nuestra, de reconciliarse un poco con los instrumentos de medición de tipo encuestas y grupos de discusión, cosas que sirven para saber a qué te estás enfrentando, cómo está calando tu mensaje, qué impacto tiene tu política pública. Es honestamente preocupante que a diez años de gobierno no cuentes con esos instrumentos, quizás si en Oruro hubieran utilizado estas herramientas hubieran previsto el resultado o hubieran sido capaces de modificar el mensaje e ir calibrando que esperaba la gente de un proceso autonómico.

El caso de Potosí resulta paradigmático, había una lectura –más allá de toda la intencionalidad política de lo que se cuece detrás de COMCIPO que no son necesariamente cosas transparentes– inclinada a pensar que su mensaje, poco dialogante y refractario, sólo tenía eco en la capital y con la votación y el porcentaje enorme de la población rural el voto sería compensado pero, ¿qué pasó? En este departamento el “Sí” perdió en muchísimos lugares, incluidos municipios rurales.

Lo anterior es importante porque hace falta pensar que el campo, lo rural, es dinámico, que las identidades y las lealtades del campo y, sobre todo, las ciudades intermedias cambian, que sus necesidades y sus demandas cambian, y no habría que tener una idea fija, y además, de lealtad estable del campo. A veces seguimos llamando campo a lo que ya son ciudades intermedias, donde la gente que vive ahí –aunque una mirada urbana de capital pueda seguir viéndolos como el campo pre 2005– piensa como una ciudad de capital, tienen sus identidades más asociadas a Potosí capital que a una idea del campo estable, las formas de organización horizontales, comunitarias y demás.

Un último elemento que no sé en qué porcentaje pudo influir en el resultado –pero sí creo que tuvo incidencia y sobre todo supo movilizar a ese casi un tercio de votante fijo anti proceso de cambio– fue el voto “anti repostulación”, cuestión que me parece clave. Habría que pensar si fue conveniente que la última semana de una campaña débil y no muy clara sobre el estatuto, donde se estaban haciendo los pocos, quizás torpes pero honestos, esfuerzos de posesionar los estatutos más allá de un interés de parte, se hable de la repostulación, que terminó ocupando buena parte de la agenda esos días.

El referéndum por la reelección

Triunfar en La Haya es el equivalente a ganar el mundial y una olimpiada, y en el proceso de reconstrucción del orgullo de ser bolivianos va a ser un hito porque una de las cosas más significativas que han pasado en estos últimos diez años es que ahora el boliviano no está avergonzado de ser boliviano.

Una de las mejores cosas que ha hecho el Presidente, y el proceso, es posicionar a Bolivia afuera y hasta ya tener tus ídolos for export como el Chavo Salvatierra, o que el Papa haya dicho no sé qué, entonces, en esa construcción por recuperar la identidad nacional es fundamental un fallo positivo en La Haya.

La consulta por la reelección es pertinente y tiene mucho sentido. Le decía a los colegas de la oposición que está bien plantear la alternancia como un principio de la democracia pero que al final es como plantearla en abstracto y de manera formal pues tendría que haber una alternativa y es lo que no hay. Alternancia sin alternativa no suena muy responsable. Y lo que no hay en el horizonte es una alternativa al proceso que vive el país ya más de una década.

La oposición, en reflujo, siempre ha sido la que ha intentado establecer cuál es el criterio importante para la democracia. Cuando se dieron las protestas y el ciclo rebelde de 2000-2005, la democracia pactada decadente decía “ustedes no están respetando la ley, si están tan molestos preséntense a unas elecciones y gobiernen el país que no es nada fácil gobernar”. Luego, cuando el MAS ganó las elecciones de manera abrumadora, en la Constituyente resultó que lo importante no era ya ganar las elecciones, era tener 2/3, y el lema era “Dos tercios es democracia”. Posteriormente, cuando en 2009 y 2014 el MAS obtiene esos 2/3 resulta que lo importante es la alternancia. Evidentemente están siempre en un desplazamiento y una fuga de buscar de qué se pueden agarrar para decir esto es tal. Comentábamos a colegas de oposición que ellos estarían encantados si entre cuatro diputados y senadores decidimos que por alternancia el 2019 gobierna la oposición. El asunto es que eso no sería responsable porque tiene que haber una alternativa que dé solución, mejor que el MAS, a los problemas de la gente, porque eso es lo importante en democracia, que la gente viva mejor. Lo risible es que cada vez que se presentan a unas elecciones tienen menos votos, lo que quiere decir que cada vez menos gente entiende que ellos pueden solucionar los problemas de la vida de la gente.

Lo complicado para el MAS, en el referéndum de reelección que se aproxima, es que no se presenta a un revocatorio y tampoco a unas elecciones generales donde vas con un programa, un cuerpo de diputados y senadores y contra una competencia, como es la oposición, siempre fragmentada y cada vez más alejada de lo que la gente anhela. Nos presentamos por voluntad propia a un nuevo examen ciudadano –cosa que los gobiernos no suelen hacer porque en general después de ganar en las urnas no son muy amigos de someterse a referéndum cada año–, a un referéndum donde sólo hay dos opciones “Sí” y “No”, con el añadido, de que es pensando en el 2019, en circunstancias en que no es tan sencillo ni fácil despertar la idea –que creo que es cierta– de que sin Evo hay que ver qué pasa en el país, en efecto, estamos pidiendo una especie de lealtad anticipada a la gente, que puede funcionar ante la ausencia dramática de oposición y que tiene enormes razones para evocarse, ahí está lo hecho este tiempo, pero no resulta sencillo. No debe dejar de preocuparnos que es fácil aglutinar en torno al “No” porque el “No” puede ser por muchas cosas: un convencimiento íntimo de que vives en una dictadura, porque no pavimentaron tu calle el último año, porque sigues enojado porque pusimos a Patana en El Alto, etc.

Es importante considerar que si nos vamos a someter a un referéndum de repostulación necesitamos tener absolutamente engrasado el aparato político porque nos estamos jugando muchísimo. Y bien pensando el mensaje y lo que vamos a decirles a las y los bolivianos.

No hay ninguna duda de que el presidente Morales es el mejor primer mandatario que ha tenido el país en su historia, y creo que mucha gente lo piensa –la gran mayoría lo viene mostrando en las urnas–, pero hace falta tener la estructura orgánica engrasada, entender el mensaje del domingo que, como digo, no es un adelanto del referéndum pero sí hay que saber leerlo, y hace falta ser tremendamente serios a la hora de trabajar ese mensaje porque va el Presidente solo a esa elección, y él encarna lo mejor que hemos tenido estos diez años, y se va a poner examen el proceso y eso es muy complicado, y hay que tener un discurso preparado, una práctica preparada, una campaña preparada y no exponer al Presidente a ciertas cosas.

Estoy seguro que vamos a salir bien del próximo referéndum pero es una prueba compleja, no es cuestión de voluntad y de creer, es cuestión de trabajar mucho y lo que se viene adelante es una evaluación voluntaria de nosotros, del proceso –encarnado en el Presidente–, pidiéndole una vez más el apoyo a la gente, sabiendo que la derecha no le ofrece nada al país porque lo demuestran en cada elección. La campaña va a ser muy dura en contra del Presidente, conviene saberlo desde ya. Hay que tener línea, estrategia, compromiso, apurarse en leer nuestras falencias y saber que la cita de febrero será probablemente la más importante que ha tenido el MAS desde un inicio.


* Diputado por el MAS y cientista político.

1 Intervención del diputado Manuel Canelas en la Escuela Nacional de Formación Política, realizada en el Ministerio de Salud el miércoles 23 de septiembre.

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