noviembre 25, 2020

El antes, el durante y el después de los procesos autonómicos en Bolivia

La autonomía departamental o el proceso autonómico en sí mismo no constituyó parte de la agenda política original del bloque indígena originario campesino obrero vecinal que impulsó el proceso de cambio.

Para leer y comprender los resultados de los referéndums para la aprobación de los Estatutos Autonómicos del 20 septiembre de 2015, hay que hacer un esfuerzo por identificar y distinguir varios planos analíticos. En primer lugar, considerar que los recientes resultados son producto de un proceso de acumulación política e histórica, pero también de una serie de giros, deslizamientos y clivajes de posiciones políticas/discursivas tanto de la oposición, de los medios y del propio Gobierno del MAS. Por ende, no son fáciles de interpretar en términos de coyuntura, sino que deben ser vistos desde una perspectiva de estructura histórica.

Por otra parte, aquellos resultados deben analizarse a partir de la perspectiva del Estado como campo de lucha, ya que al interior del actual Estado Plurinacional continúan dirimiéndose en conflicto la idea o proyecto mismo de la plurinacionalidad, en correlaciones de fuerzas de geometría variable entre los contenidos de la matriz indígena originario campesino y comunitario, con respecto a los lineamientos (neo) liberales descentralizadores y/o autonómicos. La pregunta (política e histórica) esencial detrás de los resultados sería: ¿en qué medida se ha contribuido a la construcción de estatalidad (desde la dimensión del Estado como institucionalidad) y cómo se va perfilando dicha construcción bajo los parámetros del Estado Plurinacional?

Las raíces autonomía

Podemos aventurarnos a plantear que la aprobación de los Estatutos Autonómicos Departamentales son medios o instrumentales a la continuada construcción de la estatalidad plurinacional y no son fines en sí mismo, y no a la inversa, como lo plantean algunos medios masivos de comunicación argumentando sutilmente como línea política y discursiva (consigna) la idea en torno a en qué medida el proceso autonómico y los referéndums contribuyen a la construcción de la(s) región(es) y/o departamentos.

Como podemos recordar, en la historia reciente, las motivaciones originales de muchos de los departamentos que impulsaron su autonomía desde el año 2004, no buscaban necesariamente la construcción de estatalidad, la incidencia política de una matriz nacional popular comunitaria, sino más bien articular las regiones y departamentos como espacios de resistencia, rebelión y trinchera, a favor de los intereses de bloques de poder cívicos regionales y de sus clases dominantes, a pesar, a espaldas o expresamente en contra del Estado comunitario.

El Estado como campo de lucha

Un segundo argumento se basa en la justificación de porqué se debe considerar el eje analítico desde el Estado en tanto que “el Estado es una maquinaria política que se objetiviza en institucionalidad(es) que monopoliza(n) las creencias dominantes de una sociedad y que expresa una correlaciones de fuerzas al interior de una colectividad nacional”. 1 Por ello, el Estado se articula como campo de lucha material y simbólica, por lo que es de primera importancia quién ostenta el control del Estado, ya que quien lo controla se permite nivelar o volver más simétricas las interacciones y relaciones de la sociedad civil boliviana con respecto a la clase dominante (regional y nacional) en términos económicos. Si el bloque nacional popular no tuviera el control del Estado, las luchas y disputas con el bloque elitista, oligárquico, empresarial-privado, volverían a ser una lucha desproporcional, desequilibrada y tremendamente desigual.

Estado-región

Continuando con la lógica anterior, para evaluar los resultados de los referéndums además se debe considerar la tensión Estado-región y la relación virtuosa o viciosa con el Estado.

Como es bien sabido, en el caso de los departamentos del oriente, la relación entre Estado y región ha sido ausente en algunos momentos, tensa y con fricción en otros, más aún con al advenimiento de un Estado Plurinacional que promueve un nuevo sujeto político e histórico (el indígena originario campesino de la CPE) que se ha percibido como amenazante desde la región.

Según la percepción del fallecido historiador beniano José Luis Roca, la tensión Estado-región es uno de los elementos centrales que articula la matriz de conflictos que da origen al regionalismo, considerado como supra ideología por este autor. En consecuencia, en términos de configuraciones políticas, la construcción de la autonomía departamental en tierras bajas se convierte en un dispositivo de resistencia y reacción política a la emergencia del Estado Plurinacional.

En contraste, en el caso de los departamentos de occidente, la relación entre Estado y región se ha configurado de diversas maneras en términos históricos, por lo que la autonomía política y/o descentralización no ha sido fundamental en la construcción de agenda política en estas regiones. Sus conflictos no se canalizan a través de demandas de autonomía o descentralización, sino a través de una interpelación directa y frontal al Estado, de diversos repertorios de acción colectiva que prescinden de niveles de intermediación política, tanto de partidos políticos como de niveles territoriales de gobierno intermedio. En el caso de muchos departamentos del occidente del país, las interacciones e interrelaciones políticas son directas entre las organizaciones y movimientos sociales y el Estado. Como se puede ver, dependiendo de las lógicas particulares de las regiones, los conflictos y demandas se gestionan de diversas maneras.

Artífices de las autonomías

No hay que olvidar que la autonomía departamental o el proceso autonómico en sí mismo no constituyó parte de la agenda política original del bloque indígena originario campesino obrero vecinal que impulsó el actual proceso de cambio y que, finalmente, la agenda de la autonomía departamental (2004) ingresa por las correlaciones de fuerzas en la etapa de la polarización antagónica pluri institucional en la Asamblea Constituyente.

Recordemos que en el año 2006 se realizó el Referéndum Nacional vinculante a la Asamblea Constituyente por las Autonomías Departamentales; dicho sufragio arrojó un balance de cinco departamentos en contra de las autonomías departamentales (Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí), frente a cuatro departamentos que votaron a favor del régimen autonómico (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija). A la luz de esos resultados vinculantes a la Asamblea Constituyente por las Autonomías Departamentales, el bloque cívico regional cruceño que impulsaba el proceso autonómico organizó el cuarto cabildo –llamado “Cabildo del Millón” – del 15 de diciembre de 2006, en defensa del mandato popular, expresado en los comicios, con la finalidad de impulsar el acceso al régimen autonómico, dando potestad a la Asamblea Provisional Autonómica para redactar y socializar el Estatuto Departamental de Santa Cruz. A la postre, y luego de los Referéndum Departamentales del 4 de mayo de 2008 en los que Santa Cruz, Beni y Pando aprobaron sus Estatutos autonómicos y en virtud de una serie de acontecimientos políticos, la agenda de la Asamblea Constituyente se abrió para incluir la Autonomía Departamental. Las correlaciones de fuerzas políticas entre los bloques de poder de ese momento histórico han posibilitado el que actualmente tengamos el Estado Plurinacional con Autonomías. (Ver tabla 1)


(Ver tabla en PDF adjunto en: https://www.la-epoca.com.bo/portada/1444140025/digital/#/11/zoomed).

Queda claramente expresado en el cuadro anterior que no todos los departamentos anhelaban la aplicación de la autonomía departamental en sus regiones, hecho que ha sido constatado por los resultados del último referéndum de aprobación de los Estatutos Autonómicos del 20 de septiembre de 2015, donde se puede ver que los mismos departamentos que votaron por el NO a la Autonomía Departamental en el año 2006, mantienen su negativa en septiembre de este año: Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí. Por lo tanto, una lección histórica que extraemos es considerar que no necesariamente porque tengamos el Estado Plurinacional con autonomías, todos los departamentos deben ingresar en una lógica generalizadora y de homogenización aplastante en el proceso autonómico. (Ver tabla 2)


(Ver tabla en PDF adjunto en: https://www.la-epoca.com.bo/portada/1444140025/digital/#/11/zoomed).

Acerca del referéndum actual

Reforzando la hipótesis inicial, los resultados de los referéndums de septiembre de 2015 hay que mirarlos desde una perspectiva de estructura histórica, ya que más allá de los giros y/o deslizamientos de posiciones-discursivos mediáticos, la sociedad civil en los departamentos de Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí, han mantenido una continuidad en la correlación histórica electoral en dos planos: coherencia de posiciones en el plano de su relación histórica con el Estado nacional y coherencia en el plano de construcción de su región.

Desde una mirada de estructura histórica resulta completamente inverosímil, ilógico y hasta absurdo afirmar que el NO a los Estatutos Autonómicos en estos departamentos equivale a un SI al proceso de federalismo en el Estado boliviano. Tampoco corresponde afirmar que dicho NO equivale a un NO al Gobierno de Evo Morales, ya que, como he argumentado líneas atrás, los resultados del referéndum de Aprobación de los Estatutos Autonómicos hay que vincularlos a la genealogía del Estado Plurinacional y del proceso autonómico en Bolivia, además de las correlaciones de fuerzas políticas que se dirimían en aquellos momentos históricos. Lo demás es forzar la coyuntura a un reduccionismo grosero y desmedido.

Los giros y/o deslizamientos de posiciones discursivas señalan que, a partir del año 2000, la posición del bloque social emergente y del Instrumento Político ha sido el NO al proceso autonómico por considerarlo elitista, separatista y reproductor de asimetrías, frente a la posición del bloque cívico regional que apoyaba el SI por las razones argumentadas con anterioridad. Sin embargo, resulta que en el año 2015, la oposición política y regional cruceña guarda silencio absoluto y cómplice cuando se argumenta el NO en los departamentos del occidente –cuando su posición política coherente con la autonomía departamental debería ser de apoyo a la expansión del régimen autonómico y la campaña por el SI– llegando inclusive a argumentar que Potosí y Oruro constituyen el liderazgo para enarbolar el proceso federalista.

A modo de conclusión

Lo que nos muestran los resultados de los referéndums de aprobación de los Estatutos Autonómicos en los departamentos de Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí, es, en primer lugar, la continuidad de la estructura histórica y la coherencia electoral de la sociedad civil con sus posiciones políticas frente al proceso autonómico y la articulación del Estado Plurinacional.

En segundo lugar, los giros y deslizamientos políticos y discursivos de los respectivos bloques de poder ubicados desde el control del Estado y en la región del oriente, evidenciando que aún persisten luchas y disputas por la determinación de la hegemonía en el país, expresada en el ensamblaje de la institucionalidad del Estado en el nivel de gobiernos intermedios y especialmente en la determinación de la línea de los medios masivos de comunicación.

En tercer lugar, la constatación de que el Estado Plurinacional de Bolivia es complejo, heterodoxo y policéntrico; es decir, es un Estado con autonomías complejo (por los cinco niveles territoriales de Gobierno) y heterodoxo, ya que en aras y en respeto a la plurinacionalidad no todos los departamentos tienen que implementar los estatutos autonómicos para hacer andar las autonomías departamentales, ya que son consecuentes con sus articulaciones históricas. Asimismo, constata que el Estado Plurinacional es policéntrico, atendiendo y equilibrando las relaciones al interior de las regiones.

En cuarto lugar, existen correlatividades políticas en dichas articulaciones históricas, ya que la autonomía departamental corresponde a la tensión Estado-región en el oriente; por su parte, la autonomía municipal es una herencia del proceso de descentralización y participación popular del neoliberalismo gonista (ambos corresponden a una visión de desmontaje y/o desarticulación del Estado desde las premisas de la reforma estructural, el Consenso de Washington del Banco Mundial, FMI y demás instituciones internacionales globalizadoras).

La autonomía indígena originaria y campesina comunitaria es el aporte y parámetro de medición y/o avance de los equilibrios entre el proceso autonómico y los influjos comunitarios del Estado Plurinacional. Es precisamente en la Autonomía Indígena Originaria y Campesina donde tiene que estar puesta la mirada y fuerza del proceso político autonómico, ya que ésta constituye la garantía de la preeminencia comunitaria en el Estado Plurinacional. Si hay algo urgente e imperioso que debe impulsar el Estado Plurinacional a través de su Ministerio de Autonomías, no es la aprobación de los Estatutos Departamentales, sino la implementación y avance de las Autonomías Indígenas Originarias Campesinas y comunitarias.


* Politóloga cruceña.

1 García Linera, Álvaro. Estado, Poder y Punto de Bifurcación (2008).

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