diciembre 3, 2020

La conflictividad mundial

Hace unos días, sólo por curiosidad, me puse a investigar acerca de conflictos armados en el mundo. Un canal de YouTube, World at War: Countries in Conflict, sostiene que actualmente hay 10 guerras que se desarrollan activamente, día a día, en nuestro planeta, la mayor parte en el hemisferio oriental. Para que un país pueda ser considerado como un territorio en guerra debe sufrir un conflicto entre dos partes o más con un resultado promedio de mil muertes anuales.

Mmm… mil muertes… Entonces México y El Salvador definitivamente son países que actualmente sufren guerras desde hace ya algún tiempo. Aunque la mayor parte de la atención mediática está concentrada en Siria, Afganistán, Israel, Palestina, Pakistán o el Congo, la naturaleza de los conflictos armados se ha transformado significativamente durante las últimas décadas. El fin de la Segunda Guerra Mundial (SGM) no significó el fin de la violencia y la matanza en el mundo. ¿Para qué creamos la ONU?

Aunque la conclusión de esta corta reflexión pueda sonar por demás trillada, lo cierto es que la naturaleza del imperialismo estadounidense no ha cambiado sustancialmente. Existen numerosas teorías que sostienen que aunque las guerras inter imperiales son cosa del pasado, desde que terminó la SGM las conflagraciones tienen una característica más perversa que antes. Ahora, para algunos como Samir Amín, las potencias imperiales ya no pelean entre ellas sino que se alían en organismos internacionales como la OTAN para emprender aventuras bélicas de todo tipo y toda motivación dirigidas contra países pequeños que no forman parte de aquella banda de matones.

En definitiva, la mayor parte de las guerras ya no son entre potencias bien armadas hasta los dientes sino entre potencias y pequeños países. No obstante, ninguno de los países que se encuentran en la lista del canal referido han sido invadidos por una potencia extranjera, excepto Irak o Afganistán (ambos por EE.UU.). En su mayor parte estos conflictos son aparentemente locales. Sin embrago, desde los medios de comunicación hasta investigaciones más “académicas” demuestran que la influencia de agentes extranjeros es fundamental para avivar las llamas de estos conflictos.

En México, El Salvador, Colombia y Venezuela, parece inimaginable pensar que los problemas que estos países enfrentan no serían posibles sin la demanda de drogas o la oferta de armas que se da desde los EE.UU.

No vivimos en un mundo en paz. Las noticias de la crisis “migratoria” de Siria es una muestra de ello. “Migratoria”, así, entre comillas, porque, tal como lo afirma el bloguero John Green, por migración se entiende el movimiento voluntario de personas a través de las fronteras. El abandono involuntario u obligado de un territorio es, en realidad, otro tipo de crisis… de refugiados.

Hace algunos años, si las cosas hubieran resultado distintas, posiblemente Bolivia estaría entre los países que sufren de conflictos armados. La crisis de septiembre de 2008, sin importar como haya terminado, se resolvió en términos favorables para el país. Puede que no muchos estén de acuerdo, pero la posibilidad de una guerra civil en aquellos días era más real que nunca. También lo era la participación de los EE.UU. en el asunto.

Carlos Moldiz

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