diciembre 2, 2020

La mujer en el proceso de cambio

por: Jacqueline Mónica Vásquez Nogales

Comenzar reeditando las historias de mujeres sobresalientes, anónimas, individuales y colectivas, enmarcadas en diversas coyunturas, procesos y estructuras de la historia nacional, de acuerdo a particularidades de sus visiones, creencias, comportamientos y actitudes individuales y colectivas de su diario vivir, mujeres de elite indígenas en el momento posterior a la conquista española, líderes y mujeres de base quechuas y aymaras, que actuaron en las sublevaciones andinas de fines de siglo XVIII, mujeres de distintos sectores sociales que lucharon por la independencia, monjas de la época colonial y actual, trabajadoras y amas de casa, mineras en el siglo XX, indígenas del oriente de la época contemporánea, mujeres urbanas durante la Guerra del Chaco e intelectuales del siglo XX, cuya presencia fue sinónimo de revolución en momentos de total desigualdad social de género.

En América Latina, la exclusión de las mujeres de la ciudadanía y de la política, se visibilizó entrando el siglo XX, al incorporarse paulatinamente grupos femeninos y políticas que pusieron de manifiesto las limitaciones de la ideología liberal, organizaciones de mujeres sufragistas y sindicalistas que fueron consiguiendo el derecho a administrar sus bienes, lucha por mejores salarios, el acceso a la educación superior, ingreso a las universidades, ejercicio en cargos públicos y del sufragio, todas acciones que conquistaron esos espacios donde se hizo hincapié en el rol protagónico de la mujer.

Es esta última década la que nos lleva a repensar el rol de la mujer en la coyuntura actual, signada por una democracia participativa, plural e inclusiva, con una inserción de género con amplitud en base al respeto de los derechos fundamentales que no sólo se circunscribe al ejercicio político sino también a la libre exposición de ideas y pensamientos y, ante todo, al respeto a la diversidad étnica y cultural.

Por lo conseguido en la última década es que debemos constituirnos en integrantes de este proceso de cambio y abogar por su profundización, pues las mujeres debemos ocupar espacios que nos permitan visibilizar una lucha por la promoción de la igualdad, capaz de llegar a todas y todos los rincones Estado plurinacional.

Hay una gran vertiente de pensamiento, ímpetu y capacidad, con una visión diferente de parte de las mujeres, que permitirá desarrollar y llevar a cabo la práctica de buena manera el Vivir Bien, con una voluntad férrea de conductoras y constructoras de una sociedad de complementariedad, solidaridad y respeto, buscando un restablecimiento del tejido social dañado, cuyos pilares que rijan el comportamiento propicien una convivencia armónica y pacífica, donde la racionalidad, tolerancia y equilibrio, sean principios de una vida digna y justa.

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