noviembre 28, 2020

El Che, Evo y el Hombre Nuevo

Al cumplirse un nuevo aniversario de la caída en combate del Comandante de América, Ernesto Che Guevara, es oportuno remover la obra de un hombre que, a lo largo de la historia, plasmó el pensamiento del hombre nuevo en acciones concretas, en medio de la lucha social.

El hombre nuevo vino a ser una propuesta fundamental a la que el Che consagró su vida, la conjugación de los valores que niegan la cultura enajenante del capitalismo de fin de siglo. Instituirlo es ya un nuevo reto que implica desarrollarlo en las difíciles condiciones de la sociedad posmoderna donde reinan la mentira informatizada, el consumismo como propuesta de realización individual y del poder de quienes ejercen la dominación en este nuevo siglo.

La visión guevariana del hombre nuevo es la del continuo cambio y perfeccionamiento dentro de la escala humana. La valoración plena del hombre, no sólo de su materialidad sino también de su subjetividad.

Frente a aquellos principios emergen otros desde un rincón de Bolivia, desde un cantón de Orinoca hasta el Palacio de gobierno, es la figura del indígena Evo Morales que también construye un pensamiento en el sentido del humanismo revolucionario, de una convicción que destaca que la praxis conduce a la transformación.

Evo Morales, como expresara el ex presidente del Brasil Luiz Inacio Lula da Silva, “es digno de imitar en distintas partes del mundo, quien resolvió recuperar el autoestima del pueblo, la dignidad y la soberanía de un país que fue rico (con la plata en Potosí), un país extraordinario que parecía destinado a ser gobernado sólo por un tercio de la población mientras el resto fuera considerado como si no existiera”.

Evo Morales, es modelo a imitar de una consecuencia revolucionaria, temida por el propio imperio, cuya imagen, asediada constantemente por presiones del país del norte, le llevó a que se haya desarrollado una estrategia de magnicidio en su contra, tal como revelan los informes de Wikileaks.

Además, resalta su visión integradora entre los pueblos para enfrentar los intentos golpistas del gobierno norteamericano, practicando de cerca lo que planteaba el Che, es decir, una férrea unidad en bloque de los países latinoamericanos. Esta idea está fuertemente arraigada en las organizaciones guevaristas de hoy en día, como por ejemplo, en las juventudes de la Argentina, Chile, Uruguay y la propia Bolivia.

Esa simbiosis de dos hombres que transitan esta América morena, esta América de color, ya no revive sólo la nostalgia de ayer sino que se hace carne con la égida de los que están convencidos de su compromiso revolucionario, llamando a los pueblos a continuar el sueño de la patria grande.

Como pronunciara el Che en Naciones Unidas: “Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados; la van a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina. Lucha en masas y de ideas, epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño…”


* Escritor e historiador potosino.

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