noviembre 29, 2020

Estampas de hogar hispano en Louisiana

por: Vidaluz Meneses

I

Muda de asombro y desconcierto

ante el nuevo paisaje

me asomo a la puerta en Metairie y la calle es larga y silenciosa.

Por la noche lúgubres gemidos emergen de la oscuridad

y puedo decir con Poe: es el viento y nada más.

La voz de la sangre me trajo a estas latitudes

y el salmo resuena en lo más profundo de mi ser

¿Cómo cantar en tierra extraña las maravillosas canciones de mi lar?

II

Nuestro país dice presente en la mesa:

Queso asado de León, gallo pinto,

tortillas de maíz nizquesado

que las hace más auténticas

pese a la torpeza de mis manos al palmearlas.

La raíz náhuatl salta en la bola de queso de Oaxaca

que tomo de la tienda latina del vecindario

donde venden pupusas salvadoreñas.

Domingo de nacatamales repartidos en su camioneta

por doña Rosibel Miranda, desde el vecino Kenner.

Más allá de la Avenida de los Veteranos

los ilegales forman enjambres,

conversan y se despiden sonrientes

cuando el transeúnte les contrata

y así resuelven el día.

III

En la Iglesia de San Clemente

cantamos leyendo en las paredes

las estrofas en inglés

y oramos contra la guerra,

la violencia, el racismo,

mientras manos morenas, negras y blancas

nos enlazamos y pedimos

por los migrantes,

por nuestros muertos

en cementerios aledaños,

en campos de batalla

o más allá de las fronteras.

Cantamos, que es una forma de llorar

con armonía en el alma.

Enero de 2015.


 * Tomado de Revista Casa de las Américas, Nº 279.

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