noviembre 24, 2020

Rusia y Estados Unidos, en la contienda por un nuevo orden mundial

por: Ruperto Concha C. 

Crímenes de guerra

Recién el presidente Barack Obama terminaba de acusar a Rusia de supuestos bombardeos sobre civiles, en Siria, cuando se supo que en Afganistán la Fuerza Aérea de Estados Unidos estaba masacrando a bombazos el Hospital de Médicos Sin Fronteras en la ciudad de Kunduz. Las bombas estadounidenses mataron instantáneamente a por lo menos 19 personas, incluyendo a 3 niños y 16 médicos y enfermeros cuyos cuerpos fueron rescatados. Otras 37 personas resultaron gravemente heridas, con atroces quemaduras provocadas por las granadas incendiarias. No se sabe cuántos otros cuerpos se encuentran todavía debajo de los escombros del hospital bombardeado.

Después de algunas evasivas iniciales, Washington tuvo que admitir que sus aparatos estaban disparando cohetes en apoyo a las fuerzas estadounidenses y del gobierno afgano que luchaban por recuperar la ciudad que había sido ocupada por fuerzas de los rebeldes talibanes.

El director de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Zaid Raad al Houssein, señaló que el ataque a un hospital constituye un crimen de guerra. Los médicos sobrevivientes denunciaron que al iniciarse el ataque se habían comunicado con el alto mando de las tropas estadounidenses, reportando la situación. Sin embargo, el alto mando por alguna razón no detuvo el bombardeo, que se prolongó todavía por una hora.

En tanto, el alto mando de la Fuerza Aérea de Rusia desmintió al presidente Barack Obama, mostrando, fíjese Ud., que el propio mando de las fuerzas estadounidenses en Siria había confirmado, oficialmente, que en la zona donde iban a atacar los aviones rusos no había ninguna presencia de civiles y que únicamente se conocía la presencia de fuerzas terroristas, o sea, de Al Nusra y Al Qaeda.

Más aún, el general Gennady Kuralenko, jefe de las operaciones en Siria, había recomendado a los estadounidenses retirar a todo el personal de instructores norteamericanos, que son pagados con dinero de los contribuyentes, y asegurarse de que aviones, helicópteros y drones se abstuvieran de volar en la zona durante las acciones de ataque de la aviación rusa.

O sea, no sólo se demostró que las acusaciones contra Rusia no eran más que infundios malintencionados. Fuera de eso, providencialmente, la aviación estadounidense fue la que apareció una vez más sumida en una situación de crimen de guerra.

El fin de la historia

Por cierto, eso es sólo una pequeña coyuntura en la gran articulación estratégica que en un par de semanas aparece cambiando, reordenando el tablero en que países, riquezas y personas humanas somos sólo piezas de una partida que es lejos más grande que aquellos jugadores que aparecen gobernándolo todo.

Fíjese Ud. que, al lanzar esa operación bautizada “La Primavera Árabe”, el presidente de Estados Unidos estaba convencido de que el gobierno constitucional de Siria sería derribado en unas pocas semanas, tal como habían caído los gobiernos establecidos de Túnez, Argelia, Libia, Egipto y Sudán, y, en seguida, caería también el gobierno de El Líbano.

En la perspectiva de Washington, con ello culminaría la demolición iniciada con las invasiones a Afganistán e Irak, durante el gobierno de George W. Bush, y se generaría el derrumbe total de los regímenes de cultura islámica establecidos en el norte de África y el Medio Oriente, dejando únicamente en pie a las casi cómicas pero siempre dóciles monarquías de Marruecos, Jordania, Arabia Saudita y los mini principados o emiratos petroleros de la Península Arábiga.

Mientras tanto, se estaba cocinando el gran banquete. Los reyes de Arabia Saudita ya habían sellado secretamente una alianza con Israel, que garantizaría el éxito de un súbito y demoledor ataque israelí contra Irán. Y, ojo, esta alianza secreta no es ninguna fantasía conspirativa. Incluso el importante diario israelí Jerusalem Post publicó artículos sobre las reuniones secretas entre árabes e israelíes, mencionando altas fuentes diplomáticas de ambas naciones.

Según estas publicaciones, a partir de 2014 se realizaron al menos cinco encuentros secretos de altos personeros israelíes y sauditas, que se llevaron a cabo en India, Italia, Suiza y República Checa. En ellas participaron los más altos mandos militares y de inteligencia tanto de Israel como de Arabia Saudita, y aparentemente se habría llegado a negociar operaciones concretas a corto plazo, con participación directa del entonces director general de los servicios de inteligencia de Arabia Saudita, el príncipe Bandar bin Sultan.

Parecía un plan de estrategia perfecta, que le permitiría a Estados Unidos materializar el sueño imperial del Fin de la Historia.

Irrupción del Estado Islámico

Pero entonces ocurrió algo. Algo que todavía se mantiene oculto en los laberintos maquiavélicos de la estrategia mundial. Por una parte, en Arabia Saudita el príncipe Bandar bin Sultan súbitamente fue destituido. Algo muy aterrador deben haberle dicho, ya que muy calladito aceptó la crueldad de su destino.

Al mismo tiempo, Estados Unidos apareció enfriando y endureciendo su relación con Israel, a la vez que avanzaba casi empecinadamente en busca de un acuerdo de las potencias occidentales y Rusia, con Irán, la paz con Irán.

En Siria, el formidable apoyo popular al gobierno del presidente Bashar al-Asad había frustrado una y otra vez las arremetidas de las fuerzas rebeldes financiadas por Estados Unidos y Arabia Saudita y con apoyo de Turquía. De hecho, en el último tercio de 2014, parecía claro que las fuerzas leales estaban alcanzando a recuperar el control total del territorio sirio.

Igualmente, quedó en evidencia que las comunidades cristianas de Siria en su totalidad se habían mantenido leales al gobierno del presidente al-Asad.

Pero fue entonces que, inesperadamente, apareció un nuevo jugador. El Califato Sunnita apodado el Daesh, que se lanzó a la conquista de Irak y de Siria. Según Washington, este ejército islámico sunnita, llamado también el ISI o Estado Islámico, contaba con sólo una fuerza de nueve mil combatientes.

Nadie puede demostrar dónde puede haber obtenido financiamiento este ejército islámico, aunque se vio que contaba con excelente armamento de infantería, vehículos flamantes y todos los pertrechos militares imaginables.

Igualmente se hizo claro que disponía de enormes recursos financieros que no tenían ningún origen determinado, aunque se discurrieron explicaciones que iban desde el tráfico clandestino de petróleo hasta el simple saqueo a las aldeas y ciudades que iban conquistando.

Pero, ninguna de esas teorías concuerda con la realidad del financiamiento que exige una guerra que en estos momentos revela que la fuerza del Estado Islámico supera los 150 mil combatientes.

Con una velocidad fulgurante, el Estado Islámico se apoderó de prácticamente todo el norte de Irak e invadió profundamente el territorio de Siria, donde se le unieron los grupos militares más eficientes de las fuerzas rebeldes. Los grupos de Al Qaeda y Al Nusra.

El ataque del Estado Islámico fue reforzado con recursos humanos, militares y financieros aportados siempre por Arabia Saudita, Estados Unidos y Europa, en favor de supuestos grupos rebeldes moderados, según lenguaje de Washington.

Al mismo tiempo, bajo la figura de enfrentar al Estado Islámico, aviones de Estados Unidos y otros países coaligados iniciaron bombardeos que básicamente demolieron las comunicaciones y la infraestructura que le iba quedando al gobierno sirio.

Igualmente, también aviones israelíes, bajo diversos pretextos, penetraron numerosas veces a territorio sirio y bombardearon instalaciones y cuarteles del ejército leal.

Y, fíjese Ud., a pesar de todo, los intensos ataques aéreos de Estados Unidos y sus socios, no lograban hacer mella en los terroristas islámicos.

Negociaciones sobre Siria

Fue entonces que se produjo el fenómeno del tsunami de inmigrantes procedentes del Oriente Medio. Hasta ahora, Europa ha tenido que acoger a más de 600 mil inmigrantes, provocando, en pocos meses, reacciones exasperadas tanto en los gobiernos como en las bases sociales europeas que desde ya están sufriendo los rigores de la austeridad económica en una crisis que no parece tener fin.

La crisis humana fue la que obligó a los gobiernos europeos a comprender que la guerra civil en Siria, con la demolición brutal de su infraestructura y sus medios de producción era la causa de que millones de personas desesperadas de miseria y de miedo, se precipitaran buscando amparo en territorio de Europa.

Los más poderosos gobiernos europeos, Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña, Suecia y hasta España, coincidieron en invitar a que Rusia, Irán, Irak, Arabia Saudita y los líderes de Washington y Europa, buscaran poner fin, primero, a la invasión islámica, y en seguida, a la guerra civil.

Washington, con Turquía y Arabia Saudita, se empecinaron inicialmente en negarse a buscar una solución pacífica para Siria, mientras el presidente al-Asad se mantuviera en el poder.

Pero Rusia, Irán, Alemania, Francia y los países escandinavos, entre otros, por primera vez desafiaron las presiones de Washington y exigieron que las negociaciones de paz incluyeran al presidente Basher al-Asad.

Finalmente Estados Unidos tuvo que someterse, aunque trató de salvar la cara al calificar la presidencia de al-Asad como provisoria hasta el fin de las negociaciones. Bueno, en realidad, eso era exactamente la propuesta de Rusia, Alemania, Irán y el propio presidente al-Asad, que señala que, al llegarse a un acuerdo, habrá que convocar a un plebiscito y a elecciones generales, para que la nación siria decida si aprueba o no lo negociado y a la vez para que elija su nuevo gobierno.

Las acciones de Rusia

Sobre aquel acuerdo, Rusia, sin más preámbulos, inició su intervención para eliminar al Ejército Islámico de territorio sirio. Y en apenas cuatro días las fuerzas que parecían invencibles han tenido que replegarse a sólo dos bastiones en el noreste de Siria, donde ya se inician los devastadores bombardeos rusos.

En tanto, Rusia también ha aceptado proporcionar ayuda logística y material de guerra a las fuerzas de la nación kurda, que tanto en Siria como en Irak han hecho frente, valientemente y con pocos recursos, a la invasión islámica.

Ahora los kurdos se encuentran decisivamente aliados al gobierno de al-Asad, con el que ya habían alcanzado antes autonomía territorial, y con Rusia, cuya presencia defiende férreamente la frontera con Turquía, desde donde salían innumerables ataques tanto de fuerzas rebeldes contra al-Asad, como fuerzas del Estado Islámico.

Asimismo, Rusia acordó proporcionar al Líbano armamento y tecnología para la renovación total de sus fuerzas armadas, para enfrentar tanto al terrorismo sunnita como a las amenazas procedentes de Israel o de Turquía.

Más al este, el gobierno de Irak también ha solicitado el apoyo de Rusia y de Irán, tanto para enfrentar al ejército islámico, como para defender sus fronteras de las reiteradas invasiones del ejército turco en persecución de los nacionalistas kurdos que tienen que enfrentar tanto al Estado Islámico como a Turquía.

De hecho, la alianza de Rusia e Irán, apoyada fervorosamente por las mayorías shiítas y por las minorías kurdas y cristianas, ya aparece como dominante en un nuevo escenario en donde el Estado Islámico aparece con sus días contados.

Paralelamente, hay otro reordenamiento que se está haciendo sentir allá al fondo del escenario. En Ucrania, por primera vez, parece estar cobrando forma concreta un acuerdo de paz, basado en el reconocimiento de autonomía para las regiones de Ucrania, conforme a las demandas de los federalistas pro rusos, y en que tanto Europa como Kiev aceptan de hecho que la península de Crimea ya está definitivamente reincorporada a Rusia.

Lo notable de esta nueva ronda de negociaciones de paz para Ucrania, es que no se invitó a Estados Unidos ni tampoco se le mantiene formalmente informado de las discusiones y los acuerdos.

Y hay analistas perspicaces, y suspicaces, que han llegado a relacionar el escándalo de los dispositivos truchos de los autos petroleros Volskswagen y la multa de casi 20 mil millones de dólares, con un posible castigo de Estados Unidos por la desobediencia de Alemania en su relación con Rusia.

Asimismo, se ha confirmado el apoyo de China a los acuerdos de Rusia con Siria, Irak e Irán, para la pacificación del Medio Oriente. Y así, naves, aviones y helicópteros chinos están convergiendo ahora hacia los puertos de Siria en el Mediterráneo.

Esta ratificación de una alianza solidísima ciertamente se está haciendo sentir en Europa central y occidental, donde se dan cuenta de las perspectivas que se abren con la integración económica euroasiática, que llegaría desde las fronteras de Rusia con Alaska, hasta el Océano Atlántico, y desde el Polo Norte hasta el Mar de la China y el Océano Índico.

¿Estados Unidos post imperial?

El reordenamiento mundial por cierto produce fricciones y eventualmente puede llegar a provocar estallidos sangrientos. En el seno de Arabia Saudita, y dentro de la propia familia real, en estos momentos está palpitando cada vez más fuerte una conspiración para derrocar al rey Salmán Al Saúd, y eliminar de la política saudí a sus dos hijos que son los herederos del trono.

De hecho, se acusa al rey de estar reducido a la senilidad, mientras que sus hijos están siendo acusados de estar espiritualmente corrompidos, e intelectualmente enfermos hasta el límite con la imbecilidad patológica.

Circulan cartas en términos durísimos, instando al derrocamiento, y según informa la Deustche Welle, en estos momentos habría un 80 por ciento de los miembros de la familia real, que están apoyando la conspiración.

Según varios de los más importantes analistas internacionales, la tendencia que se está volviendo dominante en Arabia Saudita, es buscar la reconciliación con Irán, y una convivencia fraternal entre las grandes sectas islámicas sunnita y shiíta, como existía anteriormente.

Si esta propuesta pudiera sostenerse y alcanzar el poder en Arabia Saudita, se produciría en forma natural la integración con el resto de Asia, la India, Rusia y la China, a la vez que un reencuentro con las potencias europeas.

En ese desenlace ideal, ¿qué rol podría corresponderle a Estados Unidos?

Más de alguno pensará que para Estados Unidos la derrota de sus aspiraciones de hegemonía imperial le acarrearía una nueva realidad amarga, en un clima de resentimiento e incluso de odio de las demás naciones.

Pero eso no tiene por qué ser así. Cuando vemos que históricamente el derrumbe del imperio ateniense trajo consigo no la ruina sino la gloria máxima de Atenas, y el derrumbe del Imperio Romano trajo consigo casi un milenio de prosperidad para toda Italia y el resto de Europa…

¿Por qué tendría que ser distinto el destino de un Estados Unidos post imperial?

Hay algo que tiene Estados Unidos, y que a casi todos nos gusta. Es ese algo que hizo posible la música de jazz y el rock’n roll, con los poemas de TS Eliot y de ese formidable poeta gay que fue Walt Whitman, a quien Pablo Neruda reconocía como su maestro.

No es fácil determinar qué es aquello que tiene Estados Unidos y que ha seducido a las demás culturas del planeta. Pero ahí está, existe, y quizás se hará más luminoso si Estados Unidos y la nación norteamericana se libera de esos otros aspectos que han hecho que los estadounidenses de hoy sean estadísticamente los seres más odiados en todo el mundo.


* Analista internacional.

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